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Lea completo el libro "Los Trabajadores de la Energía por un Nuevo Rumbo de Nación en la
Ciudad de México"

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Don Quijote de las
paradojas Eduardo Galeano

Creemos, al igual que
el poeta Thiago de Melo, y con la misma pasión y convicción, en la utopía.
"A pesar de todas las ferocidades que se cometen en este reino de los
hombres, es posible, sí, la construcción de una sociedad humana ,
solidaria".
Conoce los ESTATUTOS
DEL HOMBRE
A la memoria del
periodista Francisco Huerta QEPD

PDVSA recuperada por los
trabajadores da un salto adelante. Ahora si PDVSA está más cerca del
verdadero accionista: el pueblo de Venezuela. |

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¡ En defensa
del patrimonio energético y la industria petrolera de México y por el
respeto de los derechos y el desarrollo de los trabajadores de la energía !
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CORREOS
PARA LA EMANCIPACIÓN

CAPITALISMO MUNDIAL:
¿DERRUMBE O UNA NUEVA ETAPA?
Se derrumban los mercados mundiales al calor de la crisis de las
hipotecas en los EEUU y su impacto sobre las finanzas mundiales. Muy
probablemente esto que comienza en el sector financiero se extienda
a la economía real.
Algunos hablan incluso de un panorama parecido a la crisis del año
1929 que, como recordaremos, empezó con el derrumbe de las bolsas y
se continuó con un freno económico mundial que duró toda la década
del treinta y terminó en la segunda guerra. ¿Será, salvando las
distancias y con las diferencias del caso, ese el devenir de la
situación económica y política mundial? ¿Estamos en el principio del
muchas veces anunciado derrumbe del capitalismo a nivel de todo el
orbe? La verdad, creemos que no es así. Pero veamos porque decimos
esto.
UN POCO DE HISTORIA
El Capitalismo como sistema económico comenzó a instalarse en el
mundo, o mejor dicho en la Europa medieval allá por los siglos 16 y
17; pero alcanza su inicial madurez en el siglo 19 con la primera
revolución industrial. Las fuerzas productivas se desarrollan
impetuosas en medio de la libre competencia burguesa; pero, como
contracara también se van encadenando las crisis de superproducción,
que periódicamente estremecían la economía y por ende la política.
Por otro lado el capitalismo viene con la burguesía, y genera
también a su contraparte: la clase obrera. La que entra en escena
política como tal allá por 1848 con la revolución de Luis Bonaparte
contra el rey Luis Felipe; que termina, esa vez si, con la monarquía
tal como se la concebía en la edad media. Las organizaciones que se
reivindicaban en ese entonces como representantes de la clase
trabajadora, crean por aquellos años la Primera Internacional; cuyas
cabezas mas destacadas eran Carlos Marx y Federico Engels. Este
agrupamiento llevaba adelante su accionar político, sobre la base de
una visión de fondo asentada en que las crisis cíclicas que
evidenciaba el capitalismo lo llevarían inexorablemente a su fin; y
que sería reemplazado en un tiempo histórico no muy largo por un
modelo de sociedad superior: el socialista. Así lo explicita el
Manifiesto Comunista en 1948: "Tiemblen, si quieren, las clases
gobernantes ante la perspectiva de una revolución socialista. Los
proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sean sus
cadenas. Tienen en cambio un mundo por ganar. ¡Proletarios de todos
los países, uníos!"
La realidad parecía dar la razón a estas ideas, al punto tal que las
contradicciones de ese capitalismo inicial llevaron en 1870 a la
guerra franco-prusiana, que culminó con el triunfo de estos últimos
y al mismo tiempo con la insurrección de los obreros en la capital
francesa. Este acontecimiento, conocido como la Comuna de París, fue
el primer intento concreto de los trabajadores de tomar el poder.
Como es sabido fue ahogado en sangre por la burguesía francesa,
ayudada en la ocasión por su tocaya prusiana, ayer nomás su jurada
enemiga.
Se abrió entonces un gran debate en la Primera Internacional
respecto del rumbo del capitalismo, en ese entonces fundamentalmente
europeo, aunque ya daba también sus primeros y consistentes pasos en
los EEUU de Norteamérica. Como así también de la estrategia que
debía tener el movimiento revolucionario. Esta discusión no solo se
instalaba por el fracaso de la Comuna de París y sus consecuencias,
sino también porque el capitalismo, sin abandonar su tendencia a las
crisis, evidenciaba ir encontrando un rumbo económico nuevo a partir
de la gradual conformación de monopolios nacionales. Rumbo que
algunos años más tarde Lenin analizaría detalladamente y
caracterizaría como "Imperialismo".
El propio Marx había escrito en el Prólogo de su Contribución a la
Crítica de la Economía Política que: "Al llegar a una fase
determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la
sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción
existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto,
con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han
desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas
productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se
abre así una época de revolución social." Qué hacer entonces si
estas fuerzas productivas, como parecía, se destrababan. Por allí
pasaba el debate.
Todo indica que Marx no estaba muy convencido de la durabilidad de
esta nueva etapa capitalista y se inclinaba a mantener firme la
estrategia de la revolución. En su debate al interior del movimiento
obrero, expresó en alguna oportunidad respecto de otros dirigentes
que no veían las cosas igual que él, que: "sembré dientes de dragón
y coseché pulgas". Murió el gran alemán en 1883 sin que esta
discusión estuviera saldada. Sin embargo seis años después es el
propio Federico Engels el que participa de la fundación de la
Segunda Internacional, la de los partidos socialdemócratas, la que
reconoce que el capitalismo ha entrado en una nueva faz, que no es
el momento de la revolución social y que hay que defender y
acrecentar las conquistas políticas y sociales de la clase obrera
esencialmente adentro del sistema. De allí el nombre de
"socialdemócratas".
No obstante esta nueva etapa del capitalismo, la de los monopolios y
del imperialismo, comienza a mostrar andando los años, que sigue
conteniendo en su seno las mismas contradicciones que llevaban
periódicamente a las crisis de superproducción. Solo que la salida a
las mismas comienza ahora, sobre todo, a ser buscada por la vía de
la guerra entre naciones con mucha más intensidad que antes. En 1914
se produce la primera gran confrontación armada interimperalista: la
Gran Guerra.
Lenín y los bolcheviques rusos, junto a otros dirigentes europeos
como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebneck, llegaron a la conclusión que
se abría otra etapa para el movimiento revolucionario mundial, donde
sería posible hacer entrar en crisis al capitalismo y ahora si
derrumbarlo. Llevan entonces el debate a la Segunda Internacional,
donde la mayoría reformista se resiste a ver esta perspectiva.
Sobreviene entonces la ruptura en 1915, y la fundación de la Tercera
Internacional en 1919, cuya denominación de Comunista retrotrae a la
Primera creada por Marx en el siglo 19. Tampoco esto fue casual, se
recrean, adaptadas a la nueva época las ideas centrales de aquella.
Todo ello se sustentaba no solo en la profunda crisis que en los
países capitalistas desarrollados dejó la primera guerra, sino
además, en el hecho concreto de que los comunistas se habían
apoderado del poder en Rusia, un inmenso país, densamente poblado.
Imaginaban Lenín y los dirigentes del la Tercera Internacional, que
desde allí se avanzaría a la derrota final del capitalismo. Y allá
fueron, buscando la revolución social en Alemania y poniendo "las
bayonetas del Ejército Rojo a hurgar las costillas de la vieja
Europa".
No lograron sin embargo avanzar por ese camino, la contrarrevolución
se hizo fuerte y entronó al fascismo en los países más comprometidos
por la crisis social y política, como Alemania e Italia. En una
primera etapa para derrotar a las fuerzas comunistas que desafiaban
al dominio burgués allí; pero luego todo se encaminó a otra gran
confrontación de naciones. En parte para saldar de quién era el
predominio imperialista (a los países capitalistas desarrollados,
donde ya tallaba fuerte EEUU junto a las potencias europeas, se les
había sumado Japón a finales del siglo 19); y también para intentar
poner fin a la Unión Soviética, el principal desafío al capitalismo
mundial.
La Tercera Internacional, aunque con cierta tardanza, reconoció que
la situación mundial se había modificado. No en lo económico, ya que
la crisis del capitalismo seguía absolutamente instalada, e incluso
se había incrementado después del crack de 1929/30, pero si en lo
político por el vigor del fascismo. Decide entonces modificar su
estrategia pasando de la consigna de "Todo el poder a los soviets" a
la de los Frentes Populares con sectores de las burguesías de los
distintos países.
Sobreviene entonces, en 1940, la segunda guerra mundial donde es
derrotado el eje constituido por Alemania, Italia y Japón. Lan
consecuencias de dicha contienda son diversas: La Unión Soviética
sale debilitada por la devastación de la ocupación hitlerista, pero
fuerte políticamente por su heroico triunfo y porque se constituye
el campo socialista en el este europeo; al que se va a sumar pocos
años después, en 1949, la China de Mao. En el campo capitalista no
solo son derrotados y subordinados los países del Eje, sino que
además termina de debilitarse en el mundo como potencia dominante
Gran Bretaña, con la consiguiente pérdida de sus principales
colonias. Siendo reemplazada en ese rol por los EEUU de
Norteamérica, que al terminar la contienda producían ya el 50% del
PBI mundial. Al mismo tiempo se abre una nueva etapa de crecimiento
para el capitalismo mundial, inicialmente promovida por planes como
el Marshal, que va a permitir en pocos años la recuperación y la
instalación del Estado de Bienestar en la mayoría de los países
desarrollados. Como así también, aunque mas efímeramente, en algunos
dependientes. Ejemplo de ello fueron en Latinoamérica gobiernos como
el de Perón, Getulio Vargas, Rojas Pinilla o Paz Estensoro; como
también el de Nasser en Egipto, Sukarno en Indonesia, Nehru en la
India.
Sin embargo esta nueva etapa de prosperidad del capitalismo mundial
lejos estaba de eliminar los conflictos, tanto con el campo
socialista como con las naciones dependientes y las que seguían en
el régimen colonial. En particular porque los países bajo dominio
imperialista de distinto tipo, seguían siendo expoliados como en las
mejores épocas. Y allí donde aparecían gobiernos progresistas,
rápidamente eran hostigados a los efectos de perpetuar esta
situación. En síntesis, años signados por mejoras económicas y
sociales ostensibles en los países centrales y de mantenimiento del
subdesarrollo en el tercer mundo.
La estrategia imperialista mundial fue endurecer desde principios de
los años cincuenta la política de control en los países coloniales y
dependientes de manera de garantizar a través de ello el flujo de
recursos hacia el centro; como también para impedir la expansión del
campo socialista. Así fueron a la guerra en Corea, derrocaron en un
baño de sangre a Sukarno, regresaron con tropas francesas a Vietnam,
voltearon todos los gobiernos nacionalistas en Latinoamérica, de
Perón a Jacobo Arbenz, endurecieron sus intervenciones en Africa
asesinando allí al líder independentista Patrick Lumumba. Crearon el
Estado de Israel como gendarme en Medio oriente, e iniciaron la
guerra fría y la carrera armamentista con la URSS.
La expansión económica capitalista sin embargo, comenzó
paulatinamente en la década de los sesenta a perder vigor. Europa y
Japón, que se habían recuperado de la destrucción de la guerra,
fueron poco a poco a disputar los mercados mundiales con los EEUU.
País que fue a su vez lentamente perdiendo posiciones hasta tener
que abandonar la convertibilidad del dólar a principios de los
setenta; y devaluar el mismo, como una primera demostración de que
su economía ya no era tan dominante. Paralelamente, el control sobre
los países dependientes y coloniales se les hace cada vez más
difícil, y por lo tanto también su feroz expoliación. Los
vietnamitas derrotan a los franceses en Dien Bien Phu en 1954, en
Cuba triunfa la revolución en 1959 influenciando toda Latinoamérica,
Argelia se independiza de Francia luego de una cruenta guerra en
1962 y opera de disparador de las guerras anticoloniales en el
Africa y de la resistencia al régimen de Apartheid en Sudáfrica. En
Medio Oriente gana el partido Baas los gobiernos de Siria e Irak,
sumándose así al Egipto de Nasser, y en 1969 llega al gobierno de
Libia Muhammar Gadaffi.
La situación económica mundial finalmente se precipita en crisis
cuando en 1973 la OPEP (fundada en 1960) resuelve aumentar los
precios del petróleo en un 400%. Lo que se ve acompañado en lo
político por una ofensiva mundial de los sectores nacionalistas,
progresistas y revolucionarios; encabezada por los vietnamitas que
derrotan a los EEUU en 1975, poniéndolos a la defensiva y dejándolos
con graves problemas políticos internos derivados de aquella guerra.
Se extiende la revolución anticolonial en Africa, liberándose
Etiopía, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, y poniendo fin al
régimen racista en Rhodesia. Se derrumban los gobiernos fascistas de
Franco en España y de Salazar en Portugal, triunfa el Sandinismo en
Nicaragua en 1979 y es derribado el Sha de Irán en ese mismo año por
la revolución islámica de Khomeini.
El campo socialista, con la URSS como factor dominante, si bien no
se ha fortalecido económicamente lo suficiente como para disputar la
hegemonía con los países imperialistas, y está cruzado por una dura
controversia entre soviéticos y chinos, como también por
contradicciones internas en algunos países del este europeo, es un
factor de primer orden apuntalando política, económica y
militarmente todos estos procesos que relatamos anteriormente.
En resumidas cuentas, en la década del setenta todo indicaba que el
sistema capitalista mundial se orientaba nuevamente a graves
problemas políticos y económicos. En ese contexto, y luego de unas
presidencias de transición (Gerald Ford primero y Jimmy Carter
después) es elegido a fines de 1980 presidente de los EEUU el ex
actor Ronald Reagan. Quien formará tandem político con la que era
desde 1979 primera ministra de Gran Bretaña: Margaret Thatcher. La
contraofensiva imperial había comenzado.
Durante los años ochenta la estrategia neoliberal consistió en
marchar con una intensa política de concentración económica en los
sectores mas poderosos de los países centrales, de manera de avanzar
en la revolución científico técnica y en la productividad de la
economía, en particular de la estadounidense. Paralelamente
desplegar una intensa política de saqueo de los recursos económicos
de los países dependientes, concentrándolos en los centrales,
especialmente a través del mecanismo del endeudamiento externo de
aquellos. Por último sometieron a la URSS a una durísima carrera
armamentista, con la visión de que la economía de dicha nación no
estaba en condiciones de soportarla sin afectar su marcha.
Estas acciones dieron sus resultados. Los países centrales se
fortalecieron, en particular los EEUU y la Unión Europea, y a
finales de la década se derrumbó el Muro de Berlín, anticipando la
caída del socialismo en el Este y en la Unión Soviética, lo que
finalmente sucedió en 1991. El camino para la segunda etapa de la
ofensiva neoliberal, caracterizada por la globalización intensa de
los capitales, estaba abierto.
PRIMERA BREVE REFLEXION
Desde que se instaló como el sistema dominante en el mundo en el
siglo 19 hasta 1980, el capitalismo aparentó encaminarse hacia su
colapso, al menos en la visión de quienes aspiraban a derrumbarlo,
en tres oportunidades: allá por 1870 cuando parecía destinado a caer
por las repetidas y cada vez mas agudas crisis de superproducción
que generaba la libre competencia; después de la primera guerra
mundial cuando se conjugaban un colapso productivo en Europa, con la
efervescencia política y social contra el orden instituido allí, y
la aparición de la URSS; y en la década del setenta del siglo veinte
donde al declinar económico de los países centrales y las protestas
políticas allí (no solo en los EEUU por la guerra en el sudeste
asiático, sino antes de eso durante el Mayo Francés de 1968) se le
sumaba la derrota en Vietnam, una insurrección generalizada en las
colonias y en muchísimos países dependientes, y un campo socialista
de nada desdeñable vigor.
Las fuerzas revolucionarias y progresistas, con distintas
características y a través de diversos instrumentos, a partir de esa
lectura de las posibilidades de vencer se lanzaron en los tres
períodos señalados a la batalla, con enorme voluntad y heroísmo. No
obstante el capitalismo no cayó. El tiempo y la historia
determinarán en su momento, con el mayor grado de precisión posible,
hasta donde pesaron en ello las causas objetivas (probablemente, a
nuestro entender, las principales) y cuanto las subjetivas de un
campo y del otro. Lo cierto es que siguió siendo el sistema mundial
dominante. Mas aún luego del derrumbe del socialismo en el este
europeo y la URSS.
La estrategia ofensiva de las fuerzas revolucionarias y progresistas
en esas etapas, fue modificada a favor de otras luego del fin de un
período y el inicio de otro. Tal como relatamos mas arriba la
Segunda Internacional abandona transitoriamente (por lo menos esas
son sus definiciones, mas allá de las desviaciones posteriores de
una parte de sus partidos y dirigentes) la estrategia de tomar el
poder para instaurar el comunismo que sostenía la Primera; y sin
abandonar los principios esenciales del socialismo, se dispone
entonces a luchar por la clase trabajadora y sus intereses en los
marcos del capitalismo.
Cuando después de la derrota del Ejército Rojo en Polonia en 1920 y
el fracaso de la República de Weimar en Alemania en los años veinte,
comienza a ganar terreno la reacción que luego se identificaría con
el fascismo, la Tercera Internacional también, como hemos dicho,
modifica su estrategia para la etapa abandonando la de "Todo el
poder a los soviets" que tuvo desde su nacimiento, por la de los
"Frentes Populares"; que sostenía la necesidad de, en lo
fundamental, defender la democracia burguesa con alianzas de clases
mucho mas amplias.
Luego de la segunda guerra las fuerzas revolucionarias mundiales de
distinto tipo (ya se había disuelto formalmente la Tercera
Internacional) no retoman una estrategia de ofensiva, habida cuenta
de la real correlación de fuerzas en ese momento. En realidad,
tomando en cuenta la distinta realidad de la economía mundial entre
los países desarrollados y los del tercer mundo, sumado al contexto
político de creciente tensión de los países imperialistas, en
particular los EEUU, con la URSS, su estrategia es diversa. Tal como
lo explicitara en su momento el Secretario General del Partido de
los Trabajadores de Vietnam, Le Duan: "Nuestro heroico pueblo hará
su contribución a la lucha común de los pueblos del mundo por la
paz, la independencia nacional, la democracia y el socialismo".
Recién se retoma de hecho, aunque no en todos lados, una estrategia
mas de ofensiva revolucionaria en los años setenta. Particularmente
en el sudeste asiático, Africa y Latinoamérica.
Cuando el éxito de la ofensiva neoliberal de Reagan y la Thatcher se
materializa a principios de los noventa con el derrumbe del
"socialismo real", los EEUU se transforman en la potencia hegemónica
mundial, y arrecia la ofensiva política, ideológica, cultural,
económica y militar del neoliberalismo, nuevamente las fuerzas
progresistas y revolucionarias modifican su estrategia. De la
ofensiva de los años setenta se pasa a la defensiva, de buscar el
poder revolucionario y propugnar el camino socialista, se pasa a la
búsqueda del mejor rumbo para trabar la ofensiva del imperialismo.
Así lo expresa Fidel Castro en su discurso al Foro de San Pablo el
24 de Julio de 1993: "Aquí en este foro no se está defendiendo el
socialismo, y ninguno puede pretender que en este foro se plantee el
socialismo como objetivo; ninguno puede pretender que las
condiciones, tanto objetivas como subjetivas, en este momento sean
propicias para la construcción del socialismo. Creo que en este
momento hay otras prioridades…. Hoy en la América Latina la batalla
prioritaria es -a mi juicio- derrotar el neoliberalismo, porque si
no derrotamos al neoliberalismo desaparecemos como naciones,
desaparecemos como Estados independientes, y vamos a ser más
colonias de lo que nunca lo fueron los países del Tercer Mundo.
Derrotar el neoliberalismo sería crear una esperanza para el futuro,
preservar condiciones para seguir adelantando, porque el límite de
nuestro progreso estará en el capitalismo, y no habrá progreso
humano si este no se propone rebasar las fronteras del capitalismo,
pero eso será tarea de otros momentos".
LA GLOBALIZACIÓN Y EL "FIN DE LA HISTORIA"
No nos extenderemos sobre este período ya que es reciente y mucho se
ha escrito al respecto. Simplemente transcribo lo que expresamos en
el 2º Congreso de Patria Libre: "Para que fuera absolutamente claro
quiénes habían quedado como dueños del mundo, los yanquis,
arrastrando tras de sí a los europeos, destruyeron Irak durante la
Guerra del Golfo y enviaron a través de ello un mensaje a todas las
naciones o pueblos que intentaran desafiar su hegemonía. No se
quedaron sólo en el terreno militar, sino que, además, lanzaron una
tremenda ofensiva política y sobre todo ideológica, desprestigiando
las experiencias socialistas (también a las nacionalistas,
progresistas, etc.) presentándolas como experiencias fracasadas del
pasado. Proclamaron el fin de las ideologías y de la historia, y el
triunfo del liberalismo. No pararon allí, apretaron el acelerador
para, aprovechando el nuevo contexto, instalar a nivel mundial el
capitalismo neoliberal, expresión fundamentalmente de los intereses
del gran capital financiero, y conducente a dibujar una humanidad de
dos pisos, instalada incluso en los países centrales. La estrategia
en este sentido se desarrolló en diversas direcciones: por lo
pronto, le apretaron el cuello a todo gobierno del tercer mundo que
no se quisiera someter a sus designios, exigiendo el cumplimiento a
rajatabla de sus medidas: apertura económica, pago puntual de la
deuda externa, rebajas salariales y precarización del empleo,
privatizaciones, achicamiento del Estado, desmantelamiento de toda
red de seguridad social, etc. Al mismo tiempo, metieron presión
sobre los países socialistas que sobrevivieron para que abrieran en
primer lugar su economía a las inversiones extranjeras y, en segundo
término, sus regímenes políticos para ver de meter una cuña por
allí. Finalmente, decidieron avanzar sobre el Estado de Bienestar y
los derechos de los trabajadores en el resto de sus propios países
desarrollados, continuando así con el ejemplo de EEUU e Inglaterra.
La búsqueda de elevar sus tasas de ganancia y los niveles de
concentración económica no tuvieron ya fronteras ni límites, le
pusieron sí un nombre: globalización. También "nuevo orden económico
mundial", en el que ya no había más países dependientes de otros más
desarrollados que los explotaban, ahora supuestamente seríamos todos
"interdependientes", necesitados unos de otros; falacia que encubre
una nueva forma de dominación materializada a través de la deuda
externa, de los capitales especulativos, de un control mucho más
elevado de nuestras economías por parte de la banca internacional y
las multinacionales, etc., etc."
Y agregábamos: "Han pasado ya unos cuantos años de esta estrategia
imperialista, y lo que suponían iba a ser un paseo en un mundo
sojuzgado y pasivo frente al retroceso en la historia para las
mayorías, no ha sido tan así, aun en medio del predominio que
indudablemente tienen. Por lo pronto, la desaparición de la URSS ha
potenciado nuevamente la competencia interimperialista. Ni Europa ni
Japón están dispuestos a aceptar así como así el predominio
norteamericano y salen a complicarle las políticas a éstos allí
donde lo creen conveniente. A eso debemos sumarle que otros países
no imperialistas, pero que han alcanzado un importante desarrollo
económico como Corea del Sur, Taiwán, la India, Brasil, Canadá,
México, etcétera, buscan tener su propio juego político y también
suelen, en diversas circunstancias, priorizar sus intereses
nacionales por sobre los de los industrializados. En el mismo
sentido, no les ha resultado exitoso el intento de poner bajo su
órbita incondicionalmente a los ex países socialistas del este
europeo y de la URSS. La introducción del capitalismo salvaje allí
ha sido muy traumática; a partir de ello han regresado al gobierno
en casi todos lados los ex Partidos Comunistas, propugnando modelos
de sociedades alejadas del socialismo, pero distanciadas también del
modelo liberal. En Rusia todavía no ha sucedido pero crece el peso
político de aquellos que lo propugnan y gana fuerza la idea de poner
a ese país como eje de una reconstrucción del espacio económico de
la ex-URSS por fuera de la órbita imperialista, aun cuando pueda
tener allí peso dominante la economía capitalista. Por otro lado, su
objetivo de penetrar a través de las multinacionales en los países
socialistas que han sobrevivido, aun cuando se ha materializado —en
algunos casos, fuertemente, como en China—, no ha logrado a la fecha
quebrantar la capacidad de decisión nacional de dichos gobiernos y
en algunos casos ni su carácter revolucionario. Finalmente, han
tenido que aceptar situaciones como el fin del Apartheid en
Sudáfrica, o la instalación de un Estado Palestino en Medio Oriente,
cuestiones ambas que no significaron un duro golpe para su
estrategia pero tampoco, evidentemente, un éxito. Peor aun, han
tenido que soportar la supervivencia de gobiernos como el de Libia e
Irán, que hace rato hubieran querido ver destruidos. En síntesis, en
lo que respecta a borrar del mundo todo poder de decisión nacional
que no sea el propio, el imperialismo ha tenido importantes
obstáculos, y, a pesar de su claro avance en la hegemonía, lejos
está de poder imponerse inexorablemente tal como pregonan tanto sus
mentores como sus lacayos".
Esto dijimos allá por 1996, la historia posterior, que incluye la
crisis económica que empezó por el sudeste asiático en 1997, siguió
en Rusia, Brasil y finalmente llegó a los propios EEUU,
extendiéndose de esta manera a casi todas las naciones, y que tuvo
como corolario la llegada de Bush hijo al gobierno, mostró que lejos
estaba de terminarse la historia como habían anunciado los voceros
del neoliberalismo, y que las ideologías estaban vivitas y coleando,
como lo demostrarían los primeros años del nuevo siglo.
Y no solo demostrarían estos años eso respecto de las ideas, sino
que además en ellos se expresarían ya con fuerza cuatro fenómenos
destinados a marcar los tiempos por venir. Dos están instalados en
el terreno de la economía. El primero es el crecimiento, a veces
impetuoso, por fuera de las naciones desarrolladas de muchos otros
países. Las principales locomotoras en esto son China y la India por
la magnitud de las poblaciones que van elevando su nivel de vida.
Pero a ellas hay que sumarle el este y sudeste asiático, Rusia, el
este europeo, Irán, Egipto, Sudáfrica, Méjico, Brasil, Argentina,
Chile, Venezuela, y otras menores. El producto de los G7, los siete
países más importantes, es de treinta billones de dólares, y el de
las ocho economías emergentes más importantes –India, China,
Sudáfrica, Rusia, Brasil...– es de diez billones: o sea, un tercio.
Pero estas han venido creciendo los últimos años a un 8%, mientras
las economías del G7, al 2,5%.
¿Cómo es que se ha producido esto? Vamos a arriesgar algunas
razones. Una de ellas es que ya desde hace varias décadas, pero en
particular desde la irrupción de la "globalización" con Reagan y
compañía, muchas multinacionales empujadas por la baja de la
rentabilidad en los países centrales y ayudadas entre otras cosas
por la revolución en las comunicaciones y la informática, fueron
trasladando sus plantas a los países periféricos. Mano de obra
barata y crecientemente especializada, unido a la posibilidad de
transportar las mercaderías a todos lados con costos accesibles y
tiempos cada vez mas cortos, aumentaban sensiblemente su
rentabilidad (y de paso también bajaban los salarios en sus países
de origen por la amenaza de mudar las fábricas). Pero esta
producción necesitaba mercados donde colocarse, y los de los países
centrales tenían límites concretos, como lo evidenció la crisis de
los "tigres" asiáticos de 1997. De allí que con ese panorama no han
sido pocas las multinacionales que, en definitiva, han promovido que
fueran creciendo los mercados internos de algunos de los países
periféricos; los que en la jerga económica internacional pasaron a
ser "emergentes".
Esta tendencia del capitalismo mundial actual, evidentemente,
empalmó también con la voluntad de una buena cantidad de clases
dirigentes nacionales de avanzar en el desarrollo de sus países,
entre otras cosas por ver posibilidades concretas para ello. En
China es donde mas visible es esto; lo que no tiene nada de raro
habida cuenta de que no es la burguesía local la que dirige el
proceso, sino el Partido Comunista. Pero la cuestión ha ido mucho
mas allá y se ha verificado en naciones de todo tipo, desde las del
este asiático como Corea y Taiwán (en ambos casos, seguramente, han
habido cuestiones geopolíticas de por medio) seguidas de Malasia,
Singapur, Tailandia, Vietnam, etc., pasando por la India que siempre
tuvo una burguesía con cierto juego propio, y Rusia donde las clases
dirigentes surgidas del derrumbe soviético, luego de un período de
transición con Yeltsin, retomaron la larga tradición de ese país de
ser una potencia. Otro tanto sucedió en el resto de los países ex
socialistas del este europeo, en especial los que tenían base
industrial como Polonia, la ex Checoslovaquia y otros, donde sus
sectores dirigentes no provenían de burguesías locales
tradicionales, por lo que rápidamente aprovecharon para desarrollar
sus países, la estrategia de las multinacionales europeas de llevar
sus fábricas allí para utilizar la mano de obra calificada y barata.
Sudáfrica también se sumó a esto con el fin del apartheid a
principios de los noventa y la irrupción de nuevos sectores
dirigentes surgidos de la resistencia de la raza negra; también
Brasil, donde la burguesía paulista, nacida del período de
industrialización, ha logrado aprovechar la nueva coyuntura
internacional para ratificar en importante medida su identificación
con los intereses nacionales. Y así sucesivamente.
La conjugación de estos dos aspectos terminó impactando en la
economía mundial, sobre todo a partir del desarrollo de dos naciones
muy pobladas como China e India. Las que al aumentar su consumo
interno empezaron a llevar para arriba los precios de los alimentos,
los minerales y el petróleo; mientras que, al mismo tiempo, al
insertarse en el comercio internacional vendiendo bienes
industriales y servicios cada vez mas sofisticados, presionaron a la
baja el precio de estos productos. Todo ello, ya en este siglo,
abrió la puerta al crecimiento de muchos otros países antes
subdesarrollados.
El otro fenómeno económico de magnitud que se viene desplegando, es
la pérdida de peso relativo de los EEUU quienes, como dijimos más
arriba, a finales de la segunda guerra mundial generaban más del 50%
del PBI mundial, y ahora han descendido por debajo del 20%.
Demostración de este retroceso es además el enorme déficit en su
sector externo, reflejo de lo poco competitivo de sus productos;
como así también la pérdida de valor relativo del dólar, devaluación
inevitable para poder vender mas e importar menos (En el 2000 la
participación de las importaciones norteamericanas sobre el total
era del 20%, en el 2006, de 14,3; Rusia ha subido el año pasado sus
importaciones el 31%, EE.UU. un 11%). A ello debemos agregar la
debilidad de su ahorro interno, el enorme déficit fiscal y un
crecimiento del PBI en término relativos, mas bajo que el de los
países emergentes (el crecimiento del consumo interno en EE.UU. fue
de un 20% en los últimos seis años, el de China del 80%).
En el terreno político, uno de los hechos mas importantes es el
empantanamiento del poder militar norteamericano no solo en Irak,
sino también en Afganistán. Demostrativo de las enormes dificultades
de la principal potencia del planeta para rendir a los pueblos por
esa vía. Allá en Medio Oriente han quedado seriamente cuestionadas
las posibilidades de los EEUU de afirmarse como imperio hegemónico
por la vía del avasallamiento armado de otras naciones. En el pasado
Alemania intentó eso con Hitler y, mas allá de los enormes
sufrimientos que le causó a la humanidad, fue contundentemente
derrotada. Inglaterra y en alguna medida Francia, tuvieron que
aceptar después de la segunda guerra mundial que ya no podían
mantener el régimen colonial a través de la superioridad militar,
como habían hecho en el siglo 19 y la primera parte del 20. En el
caso de los galos, para reconocerlo debieron morder el polvo en
Vietnam y Argelia. Queda por ver ahora si Norteamérica acepta que no
puede doblegar a otras naciones de cierto tamaño con las armas para
imponerles sus intereses, o si solo dará un paso atrás cuando la
situación ya se les haga insostenible, pero para preparar en el
tiempo una nueva estrategia de agresión. Lo cierto es que en el
futuro inmediato se va a tener que lamer las heridas de la derrota.
El otro fenómeno trascendente que se expresa también en la política,
es el creciente surgimiento de gobiernos en los países del tercer
mundo que se manifiestan cada vez más soberanos de los dictados
imperiales. Y refuerzan, con todas las dificultades del caso, los
acuerdos entre ellos, activan el comercio entre sus naciones,
defienden sus intereses muchas veces en común en los foros
internacionales, etc. Todo esto, que sin duda reconoce como
trasfondo el paulatino "desacople" económico de los países
desarrollados, se traduce a su vez en mayores posibilidades para
continuar por la senda del crecimiento.
¿CUAL ES LA PERSPECTIVA DEL MUNDO EN LOS PROXIMOS VEINTE AÑOS?
Decimos al principio de este artículo que "se derrumban los mercados
mundiales al calor de la crisis de las hipotecas en los EEUU y su
impacto sobre las finanzas mundiales. Muy probablemente esto que
comienza en el sector financiero se extienda a la economía real".
Eso efectivamente es lo que está sucediendo. ¿Por qué? En primer
lugar porque las enormes ganancias que ha ido generando el actual
capitalismo en sus sectores más concentrados, se canalizaron a
través del sistema financiero a una enorme timba especulativa con
base en Norteamérica, pero extendida a casi todos los países
centrales. La misma ha explotado (como sucedió a principios de este
siglo con la burbuja de las punto com) y las pérdidas de los grandes
bancos son enormes, conmocionando las finanzas mundiales y por tanto
el crédito a países, empresas y personas.
En segundo lugar porque en los EEUU, entre otras cosas, las
necesidades de contrarrestar los efectos políticos negativos de una
guerra crecientemente impopular como la de Irak, llevaron al
gobierno de Bush a una política económica que generó un
endeudamiento externo creciente, fruto directo del déficit de la
balanza comercial. Esto tenía un límite, ya que de continuar, en
algún momento los grandes tenedores de bonos del tesoro
norteamericano -como China- empezarían a desprenderse de los mismos
bajando así su cotización, con el grave riesgo que eso tiene para la
salud económica del imperio. La salida entonces fue, de un tiempo a
esta parte comenzar a devaluar el dólar. Algo que les es de utilidad
en lo inmediato a los yanquis (no así en el largo plazo ya que
desvaloriza su moneda como principal medio de pago mundial) pero
impacta directo sobre la Unión Europea y Japón que ven revaluadas
sus monedas, dificultadas sus exportaciones, y quedan menos
protegidos de las importaciones de otros países, competitivas con su
propia producción.
La combinación de estas dos cuestiones está en la base de la crisis
en que nos vamos adentrando, la que se extenderá (ya lo está
haciendo) de lo financiero a lo productivo. ¿Cuánto? Habrá que
verlo. Entre otras cosas dependerá de la magnitud real del
"desacople" a que hayan llegado las economías emergentes de las
centrales; y sobre todo de la capacidad de China y la India de
mantener el crecimiento de sus mercados internos como traccionadores
de las "commodities" en el mundo.
Lo cierto es que vamos a asistir a un freno del crecimiento mundial,
que muy probablemente se extenderá por un par de años, debido a las
presiones inflacionarias que al mismo tiempo generan, sobre todo,
los precios de la energía y los alimentos. Lo que dificulta
introducir medidas reactivantes con mucha fuerza. No creemos sin
embargo que eso signifique que entremos en un período de bajo
crecimiento mundial de largo plazo como, por ejemplo, sucedió luego
del crack del 29/30. Hay cientos de millones de personas que en los
países emergentes van accediendo a mejores condiciones de vida, y no
hay indicios de que ese avance sea imposible de satisfacer en el
capitalismo actual.
Hay un enorme proceso de reconversión productivo en el mundo. Los
grandes países desarrollados se van concentrando en producir las
manufacturas de mayor valor agregado con las que cubrir
esencialmente la demanda de sus propios mercados internos (por
ejemplo, no son los mismos los automóviles de consumo masivo en
nuestros países que en los de EEUU, Europa y Japón; tampoco los
equipos electrónicos, etc.); y también en tener el mayor monopolio
posible de la innovación tecnológica. Al mismo tiempo una cantidad
significativa de los países antaño subdesarrollados, van desplegando
su producción industrial de manufacturas, en general menos
sofisticadas, con las que abastecen sus mercados internos además del
de las otras naciones del tercer mundo, y, en parte, el de los
países centrales. Todo esto va incorporando al consumo y,
paulatinamente, a mejores niveles de vida a infinidad de personas;
lo que a su vez sube los precios de los productos agrícolas,
mineros, del gas y el petróleo, que en su gran mayoría están en las
naciones periféricas. Esto aumenta las posibilidades de crecimiento
de estas.
Como decimos mas arriba, este proceso en que están entrelazados, las
más de las veces conflictivamente, intereses de muchas
multinacionales y de sectores diversos de las naciones menos
desarrolladas, no pareciera que esté agotado. Más bien diríamos que
está en sus comienzos y que tiene todavía mucho campo económico para
desplegarse. Lo que lejos está de significar ausencias de conflictos
y crisis, como por ejemplo esta en que nos vamos adentrando hoy.
Por lo pronto tenemos a los EEUU resistiendo por todos los medios a
su alcance (que son muchos) la pérdida de su hegemonía; mas aun
teniendo en cuenta que su músculo militar es, lejos, el más
vigoroso. También existe la disputa interimperialista; la que si
bien ha sido en parte relativizada por el entrelazamiento de las
grandes empresas multinacionales y el grado relativo de autonomía
que estas han alcanzado respecto de los estados nacionales, no por
ello deja de ser bien vigorosa. Los intereses propios de EEUU,
Europa y Japón están y tienen plena vigencia. A ello debemos sumarle
los conflictos entre los distintos sectores económicos del
capitalismo mas desarrollado, entre los complejos militares y los
productivos, entre el sector financiero y el resto, etc.. En este
sentido, por ejemplo, es difícil que luego de la crisis actual no
haya una ofensiva sobre el capital financiero de parte de los otros
sectores buscando imponerle algún grado de control. Cierto que esto
no es nada fácil, entre otras cosas por el poder que tiene y porque
el entrelazamiento entre ellos es intenso; pero todo indica que el
resto va a buscar algún diciplinamiento del capital financiero para
que no genere crisis tan intensas como las actuales que perjudican
los negocios de todos.
A todo ello hay que sumarle el conflicto político, económico y hasta
militar entre los países imperiales y otras grandes naciones que hoy
los desafían, mundial o regionalmente como China, Rusia o la propia
India. También el que tienen aquellos con bloques regionales como el
del este asiático o sudamérica; para no hablar de la complicadísima
madeja de medio oriente donde están, entre otras cosas, las dos
terceras partes de las reservas de petróleo mundial. También las
contradicciones y conflictos, muchas veces extremadamente agudos,
entre los gobiernos de países del tercer mundo que se alinean con
las políticas imperiales y aquellos que las desafían. A los que se
suma, que duda cabe, la disputa entre las multinacionales que operan
en los distintos países y sus sectores nacionales; como también el
existente dentro de cada país, entre las burguesías locales y los
sectores populares. Y así sucesivamente.
En síntesis, el sistema mundial dominante es el capitalista, que
lejos está de haber atenuado sus contradicciones de diverso tipo.
Por tanto el mundo por venir en los próximos años será tan
tumultuoso como siempre, plagado de confrontaciones económicas,
políticas, ideológicas y militares. Y no estará en juego la
posibilidad de derrotarlo y recambiarlo -al capitalismo- por no
existir las condiciones objetivas para ello; esto en esencia y más
allá de experiencias de otro tipo que puedan seguir implementándose
o que puedan surgir.
Pero si existirán las condiciones para que en una parte importante
de los países no imperialistas, logremos encaminarnos por caminos de
desarrollo soberano sustentable. Poniendo así a nuestras naciones y
sufridos pueblos en un plano superior de existencia material. Con
mas autodeterminación, justicia social, igualdad de oportunidades,
igualdad de género, trabajo digno, mejor educación, salud, calidad
de vida y con respeto a los derechos de las personas. Donde la
activa presencia de los trabajadores y el pueblo organizado, en el
gobierno y en la sociedad, vaya abonando el rumbo futuro a una
sociedad sin la explotación del ser humano por el propio ser humano,
donde unas naciones no agredan a otras naciones, sino que sean sus
hermanas. Sueño de millones y millones de oprimidos y oprimidas por
el capitalismo durante doscientos años, a lo largo y ancho de
nuestro planeta, que alguna vez, quizás en tiempos no tan lejanos,
se hará realidad.
Es posible conquistar soberanía, desarrollo, justicia social y
distributiva, mas y mejor democracia en las próximas décadas, pero
nada caerá del cielo, ni es inexorable que así suceda. Alcanzar
estas metas requerirá sin duda de lucha, sacrificios y sufrimientos,
como siempre. Pero así como los obreros de la Comuna de París
pretendieron en el siglo 19 un imposible: tocar el cielo con las
manos. Lo que debemos proponernos esta vez las fuerzas
revolucionarias y progresistas como objetivo para esta etapa
histórica, está ahora, sin pecar de optimismo utópico, al alcance de
las nuestras.
HUMBERTO TUMINI
CONGRESO BOLIVARIANO DE LOS PUEBLOS:
www.congresobolivariano.org
organizacion@congresobolivariano.org
SECRETARÍA DE ORGANIZACION
(Proyecto Emancipación)

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