El laberinto de los huevos de oro Héctor Aguilar Camín México está sentado en un pozo de riqueza que no puede explotar por la más extravagante de las razones: porque esa riqueza pertenece a la nación. La nación en este caso es sinónimo de gobierno. Gobierno en este caso es sinónimo de las empresas del gobierno que tienen el monopolio de la explotación de esa riqueza. El gobierno no tiene dinero ni tecnología para generar la riqueza que sólo él puede explotar. Pero tiene prohibiciones legales para asociarse con quien los tiene. De modo que las empresas del gobierno no pueden solas y tienen prohibido pedir ayuda. Un perfecto laberinto mexicano. Según los cálculos de Pemex, si esa empresa pudiera invertir sus utilidades en su propio desarrollo, en poco tiempo generaría unos 4 puntos de crecimiento anual del PIB; es decir, unos 25,000 millones de dólares y unos 400,000 empleos por año. Si Pemex fuese una empresa normal, este año México podría estar creciendo al 8%, en lugar de 4% al que crecerá según los pronósticos. El año entrante podría crecer al 7%, no al 3 que según los pronósticos crecerá. Pero Pemex no puede ser una empresa normal. No puede invertir sus utilidades, porque esas utilidades las necesita el gobierno federal para completar su presupuesto. Los ingresos de Pemex representan una tercera parte del presupuesto federal. Pemex está amarrada por la necesidad de ingresos del gobierno federal. Por lo tanto, no hay dinero en el gobierno para el desarrollo de la única empresa del gobierno que da dinero. Pero Pemex está amarrada también por los egresos: no puede endeudarse para invertir lo que necesita porque eso aumentaría mucho la deuda pública del gobierno y desequilibraría el presupuesto. De modo que Pemex está amarrada a dos postes: debe dar sus utilidades para tapar los huecos del presupuesto y no puede endeudarse porque eso abre huecos en el presupuesto. Ahora bien: Pemex tampoco puede buscarse por fuera del gobierno socios que inviertan en su desarrollo. La inversión privada está prohibida en todo el ciclo de la industria petrolera. Resumiendo, Pemex no puede: 1) invertir sus utilidades para crecer como empresa, 2) endeudarse para crecer como empresa, 3) aceptar financiamiento privado para crecer como empresa. Nadie en México ha encontrado cómo salir de ese empate catastrófico que le impide al país usar su extraordinaria riqueza petrolera. Los altos precios actuales del petróleo son una bendición en el corto plazo pero una maldición en el largo. Los ingresos providenciales aceitan los bolsillos de todo mundo e inducen a no hacer nada. Si así como está, Pemex es la gallina de los huevos de oro, ¿para qué tocarla? Los historiadores del futuro mirarán con estupor la forma en que los mexicanos de hoy, dueños de la gallina de los huevos de oro, fueron quedándose sin ella, en lugar de poner una granja ponedora.