21/10/2004 EL MIEDO Y LA FALTA DE UNIDAD COLAPSAN A PEMEX Francisco Alfaro Ruiz La manipulación de la clase trabajadora petrolera, llámese de confianza o sindicalizada, está logrando que la empresa “sostén del país”, “orgullo de México” o la del “nuevo rostro”, Petróleos Mexicanos, se esté hundiendo; que esté en quiebra. Su personal espera con pasividad el momento del naufragio, ya que las reservas petroleras –según informaciones oficiales- sólo están para 11 años, o menos si son sobreexplotadas, y lo están siendo. La sumisión es un factor importante. Los trabajadores petroleros sindicalizados se mantienen con respiración artificial; la reciente revisión salarial parece confirmarlo. El dirigente nacional del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, y los 36 secretarios generales, aceptaron el 4 por ciento de aumento a cambio de que, en lo “oscurito”, Pemex les diera a los petroleros 8 mil millones de pesos, sin ninguna supervisión externa. Se basaron en que servirían para crear un “fondo sindical” y supuestamente para mantenimiento de albercas, campos deportivos y bibliotecas que no existen; también para festejos del Primero de Mayo y 18 de Marzo que nunca han hecho. Sólo que extrañamente no se le informó a los trabajadores cuando los citaron para decirles los logros obtenidos. Lo secretarios generales protegieron a Deschamps. Sí, el trabajador petrolero tiene miedo, por ello los funcionarios de Pemex recién nombrados y con sólo meses de antigüedad -en contubernio con los líderes petroleros- se han dado a la tarea de negociar las fuentes de empleo para entregárselas a las compañías extranjeras; no para negociar conquistas sindicales ni beneficios para los trabajadores. Saben que al liquidar o jubilar a los trabajadores sería quizás un beneficio para ellos, pues en Pemex debe de haber gente con valor que defienda a la empresa, a su empleo, para beneficio de sus familias. Sí, el trabajador tiene miedo. Lo confirman los correos electrónicos, aunque sus autores temen represalias. No se dan cuenta que al sindicato petrolero y a Pemex les conviene tenerlos manipulados, divididos, con miedo; eso les permite hacer y deshacer lo que quieran con Pemex, empresa que día a día se hunde más, como si ese fuera el fin: hundirla para entregársela a los extranjeros. Los trabajadores tienen miedo de decir lo que sucede al interior de Pemex y del sindicato petrolero, los que se han atrevido son llamados “disidentes” o “contrarios”; existen quienes se acercan a ellos para saber algo que puedan informarles a quienes están en el poder, no se da cuenta que está traicionando a quien está luchando por dignificar al sindicato o a Pemex. Pero la traición es resultado de la falta de dignidad y de valor para defender su empleo. Sí, el trabajador petrolero aceptó gustoso el fraude cometido a Pemex por sus líderes, conocido como el Pemexgate. Carlos Romero Deschamps defraudó a Pemex por mil 580 millones de pesos y parte de ello depositó en cuentas bancarias extranjeras y otra parte regaló al PRI. Marchó en protesta de que querían investigarlo, a diario, bajo la lluvia, y no podrá decir que fue obligado, pues la dignidad es algo sagrado. Es cuando se prefiere “vivir un minuto de pie y no cien años de rodillas”. Que por su trabajo, en menos que canta un gallo se quedará sin él, y las jubilaciones no existirán; por ello las compañías extranjeras se están haciendo cargo de todo, y los líderes se plantan junto con los trabajadores cuando una compañía tabasqueña, de limpieza en oficinas, les está quitando el trabajo a los sindicalizados; pero no se plantan con la Repsol, con la Schlumberger, Halliburton, etc., que cobran en dólares; el trabajador petrolero sólo vive el momento, le gusta vivir así, engañado, reprimido. Lo peligroso de los anexos del convenio salarial reciente es donde se asienta que 25 mil petroleros se irán a la calle, o el anexo de que Romero Deschamps y los 36 secretarios generales recibirán 8 mil millones de pesos que no informaron a los trabajadores. Quien esto escribe lo ha hecho con conocimiento de causa. Para quien no lo sabe, soy un trabajador petrolero que ha denunciado la corrupción al interior de Pemex y del sindicato petrolero durante años, y nadie, ninguna autoridad, ha hecho algo. Pero como mexicano hago mi parte. Las represiones que han ejercido en mi contra son lo más hermoso de la vida; me jacto de tener dignidad, y lo sostengo. Es lo máximo llegar a la casa con la frente en alto, que mis hijos Roberto y Diana corran a abrazarme; saben que tienen un papá que está defendiendo su futuro, y así es que invito a los petroleros a que defiendan a su empresa. Sólo los cobardes tienen miedo, y eso es una vergüenza familiar. Digo yo.