Austin, Texas. Por regla general en Bush & Co, mientras más se asocia
una política con Dick Cheney, peor es. Lo cual nos lleva a la política
energética: ¿recuerdan el grupo secreto de trabajo del vicepresidente?
En la larga historia de ideas monumentalmente malas, la política de
Cheney ocupa un lugar destacado por razones tanto de omisión como de
comisión.
Consideren esto: el año próximo el gobierno derogará el crédito fiscal
de 2 mil dólares a compradores de vehículos híbridos, que rinden más de
20 kilómetros por litro, pero dejará en vigor el deducible de 25 mil
dólares por un Hummer, que da de 4 a 5 kilómetros por litro. Es una
locura, al igual que toda la política energética de Cheney.
Según la Administración de Información Energética, dependiente del
Departamento de Energía, la ley energética del año pasado (la misma de
éste) costará a los contribuyentes al menos 31 mil millones de dólares,
no hará nada respecto del proyectado aumento de más de 80 por ciento de
las importaciones estadunidenses de petróleo extranjero hacia 2025, e
incrementará los precios de la gasolina.
La iniciativa está llena de reducciones fiscales y dádivas a las grandes
corporaciones petroleras. Entre tanto, el presupuesto de Bush recorta
gastos para investigación y programas de energía renovable, y quien diga
lo contrario miente.
El Consejo de Defensa de los Recursos Naturales encontró un discurso de
Bush sobre el tema, pronunciado el 9 de marzo en Ohio, donde repite como
loro las sugerencias de Luntz hasta un extremo hilarante: amenazas a la
seguridad nacional, diversificación de fuentes, innovación, conservación
y (mi favorita) el punto 4: "El principio clave es la 'exploración
responsable de energía'.
Recuerden: No es perforar en busca de petróleo. Es exploración
responsable de energía". Así pues, Bush, guiándose por el memo de Luntz,
habló de "exploración responsable de energía" y anunció que uno de sus
objetivos principales en la materia es "diversificar nuestra oferta
energética desarrollando fuentes alternativas de energía". Las encuestas
muestran que 70 por ciento de los estadunidenses apoyan un drástico
incremento en el gasto gubernamental relativo a fuentes renovables de
energía.
Estoy cansada de debatir si Bush es tan ignorante que no sabe que está
recortando programas de energía alternativa y subsidiando a las
compañías petroleras, o tan diabólicamente astuto que lo sabe y no le
importa lo que dice. En última instancia el resultado es el mismo: una
política deplorable.
El Proyecto Apolo, organismo razonable dedicado a reducir la dependencia
estadunidense del petróleo extranjero, señala que 90 por ciento de los
estadunidenses apoyan su objetivo de independencia energética.
Entre tanto, seguimos ceñidos a los crecientes precios del petróleo (Exxon
Mobil acaba de reportar la mayor utilidad trimestral jamás obtenida por
una empresa estadunidense, 8 mil 420 millones de dólares) y desdeñamos
los descubrimientos. Varias compañías petroleras reportan desaparición
de reservas, y Royal Dutch/Shell reconoció haber inflado en 20 por
ciento sus reservas estimadas el año pasado. Los principales consorcios
petroleros no invierten sus gigantescas ganancias en exploración o
desarrollo de campos, sino que realizan
megafusiones y recompras de acciones.
ExxonMobil gastó 9 mil 950 millones de dólares en 2004 en readquirir
títulos. Mientras, chinos e indios compran coches como locos, y el
resultado será una enorme contracción de la oferta, más temprano que
tarde.
Es posible fabricar, con tecnología existente, un automóvil que rinda
200 kilómetros por litro, pero los bushitas ni siquiera están dispuestos
a elevar las normas de eficiencia de combustible para los autos que se
producen actualmente. El problema con el plan de Bush para desarrollar
automóviles impulsados por hidrógeno es que, si bien se puede obtener
ese gas del agua, hay que invertir energía para extraerlo, y por tanto
hay una pérdida neta de energía.
La conservación es, sencillamente, la forma más barata y efectiva de
atender este problema. Si se fija un impuesto al carbón, la industria
adoptará la energía eólica o solar. Aquí en Texas la energía eólica ha
alcanzado el punto en que ya se encuentra en un nivel comparable de
precios. Nuestra salud, nuestro ambiente, nuestra economía y el planeta
mismo se beneficiarían de una transición hacia fuentes renovables de
energía.
Y, como expresó recientemente Tom Friedman, también contribuiría en
mucho a la paz mundial. "Al no hacer nada para reducir el consumo de
petróleo en Estados Unidos, financiamos ambos bandos de la guerra al
terrorismo y fortalecemos a los peores gobiernos del mundo. Es decir,
financiamos a los militares estadunidenses con los dólares de nuestros
impuestos, y a los jihadistas -junto con las mezquitas y organizaciones
filantrópicas sauditas, sudanesas e iranías que los patrocinan- con
nuestras compras de gasolina."