Voy a insistir, querido lector, en que mientras nos divertían o nos
distraían con el rollo del desafuero, los asuntos laborales-sindicales de
Petróleos Mexicanos eran puestos… en las manos de Lutero…
Lamberto —Lutero— Alonso es el personaje de quien le hablo; un ingeniero,
creo que petrolero pero no lo aseguro, hecho famoso —cuenta su leyenda—
durante el gobierno de Luis Echeverría, cuando encabezó un movimiento para
sindicalizar a los trabajadores de confianza de Pemex.
Si usted por joven no sabe; o por los años transcurridos simplemente no
recuerda, déjeme contarle que en aquellos tiempos, el encumbramiento y el
poder de Joaquín —La Quina— Hernández Galicia iniciaba su ascenso como
dirigente sindical de la empresa petrolera nacional por su contribución
electoral a la Presidencia de Echeverría, en medio de conflictos laborales
con los trabajadores de confianza, por un lado, y de los trabajadores
eventuales, por otro. Cada uno de esos movimientos logró los beneficios que
el gobierno echeverrista les quiso conceder, y que no fueron pocos sobre
todo para los de confianza. Bueno, tenían el derecho, incluso
constitucional, para crear su propia representación sindical, pero una cosa
es la konstitutionalpolitik (¿se escribe así?) y otra bastante diferente la
realpolitik. La cabeza del movimiento —bastante legal y justificado, por
cierto— era el entonces oscuro ingeniero llamado Lamberto Alonso, quien tuvo
las agallas para enfrentar al poder del Estado mexicano en los tiempos del
populismo que todo lo permite.., mientras le beneficie y lo pueda negociar.
Lamberto Alonso atinó. Logró la transa; o sea, una legalidad disfrazada
consistente en negociar con la quina Hernández Galicia la apertura de un
espacio en el sindicato petrolero de los trabajadores trabajadores, para que
con ellos convivieran los trabajadores de confianza contratados de acuerdo
con no sé qué número de niveles, pero fueron muchos. Claro, la parte
empresarial se quedó con las categorías de confianza más importantes,
mientras que La Quina recibía una cantidad muy respetable de nuevas
huestes.., de mayor poder adquisitivo…
Pasaron los años… Lamberto Alonso llegó a la edad de la jubilación. No le sé
decir cuántas otras cosas hizo entretanto; lo importante es que al tener ya
asegurada una buena pensión, se integró como miembro del grupo de
asesores.., nada menos que de Carlos Romero Deschamps, en el sindicato
petrolero… Y ahí estuvo.., tampoco sé decirle cuánto tiempo; lo importante
es que de pronto, hace apenas unas semanas, no más de 10, pasó de la
asesoría del secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de
la República Mexicana, a la subdirección de Relaciones Laborales de la
dirección corporativa de Administración de Petróleo Mexicanos…
En estos años han ocurrido muchos asuntos sindicales petroleros que tuvieron
expresión oficial legal a través de la subdirección de Relaciones Laborales
de PEMEX: el Pemexgate entre otros; pero también el reencuentro sindicato
petrolero-gobierno de la República ocurrido el pasado 18 de marzo, cuando el
priista dirigente petrolero Carlos Romero Deschamps tendió la mano al
panista presidente Vicente Fox en una declaración de olvido de viejos
agravios y refrendo de la amistad.., estando de por medio al menos una
negociación de más de ocho mil millones de pesos para vivienda petrolera ya
en meses muy cercanos al inicio de la nueva campaña presidencial…
O sea, los asuntos laborales de Petróleos Mexicanos en manos de un
experimentado personaje llamado, y apodado, Lamberto —Lutero— Alonso…
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