Hace tres meses, días más o días menos, envié un artículo para uno de
los periódicos que escribo, precisando que, desde mi óptica, todos los
siniestros que han venido ocurriendo en el estado de Veracruz no son tan
fortuitos y que en la mayoría de los casos tampoco son producto del mal
estado en que se encuentran las instalaciones petroleras.
El artículo en comento no fue publicado sin que se me haya dado una
explicación. Deduzco que debió haber sido por los argumentos que se
manejaron en él y que corresponden a una serie de atentados orquestados
desde el propio estado, con la complicidad del sindicato que a cambio de
ese apoyo negoció la inmunidad de sus dirigentes nacionales y desde
luego con la colaboración de sicarios al servicio de las grandes
compañías petroquímicas internacionales que no quitan el dedo del
renglón, por lo que se refiere a la privatización de esta paraestatal.
A sesenta días de aquel artículo -y ante la continuidad de los
lamentables accidentes que se han seguido suscitando, principalmente en
el sur del estado-, no me cabe la menor duda que existe una mano que
mece la cuna, que está detrás de todo este andamiaje que busca, por
todos los medios, crear una psicosis mediática en contra de la petrolera
nacional, que si no se detiene podría llegar hasta el linchamiento ya ni
siquiera de la industria, sino de los propios trabajadores que están
ajenos a los perversos fines que se persiguen con todos esos
“accidentes”.
No es casual, vaya, que sólo en el estado de Veracruz se estén
registrando estos accidentes; porque si ustedes abren las páginas de los
periódicos no los encontrarán en Tamaulipas, en Tabasco o en Campeche,
que también son zonas petroleras. Entonces, ¿por qué todos,
absolutamente todos se realizan en una entidad, que a raíz de que está
solicitando el asentamiento del Proyecto Fénix se han venido ejecutando,
uno tras otro, como si se tratara de boicotear las posibilidades de que
Veracruz sea el beneficiado con esta industria?
No sólo existe una campaña de denuestos contra la industria petrolera,
que en todo caso beneficiaría los proyectos privatizadores que desde que
llegaron los neoliberales al poder han sostenido, con el propósito de
crear las condiciones para su privatización. No, también se trata de
impactar a la sociedad por los daños ambientales que los derrames de
crudo causan. Por las muertes que las explosiones ocasionan y que poco a
poco van encrespando a la sociedad contra la compañía petrolera.
Ese YA BASTA que los propios medios de comunicación exigen en sus planas
cooperan involuntaria o voluntariamente en la desacreditación de la
industria que les da de comer a cientos de miles de trabajadores, pero
de cuyas ganancias se construyen hospitales, escuelas, carreteras y
miles de obras públicas, porque Pemex se ha convertido en el motor que
ha impulsado el desarrollo de México y sin él este país ya hubiera
quebrado desde cuando.
Por eso es asediada por la Exon, por la Texaco y por tantos otros
capitales extranjeros que ven en ella las joyas de la reina, como antes
lo fue la industria telefónica que convirtió a don Carlos Slim Helú, de
la noche a la mañana, en el hombre más rico de México, después en todo
Latinoamérica y ahora en el cuarto del mundo.
Estén donde estén los complejos petroquímicos petroleros. Atraviesen por
donde atraviesen los oleoductos siempre existirá un peligro real para
todos los asentamientos humanos que allí se hayan establecido.
Este problema de las muertes se debe en parte a las nulas políticas de
desarrollo urbano que han permitido los asentamientos de miles y miles
de mexicanos en zonas de alto riesgo, que sumado a la nula inversión
desde los tiempos de Miguel de la Madrid hasta la fecha sobre la vieja
infraestructura petrolera, a la que no le han dado mantenimiento y/o
construido una nueva, son los causantes de tantas desgracias, tan
lamentadas y lloradas más en el sur de nuestro estado.
Otra cosa que se oculta de manera siniestra es que los trabajos de
mantenimiento no los realiza la paraestatal propiamente sino que licita
dichos contratos adquiriendo la responsabilidad, una vez que se los
adjudican, compañías extranjeras privadas, muchas de esas que exigen la
privatización de Pemex y eso, no lo da a conocer la radio, la televisión
y por lo que veo la prensa escrita.
El gobernador Fidel Herrera tiene frente a sí un grave problema. O
mantiene su propuesta de traer a la zona de Coatzacoalcos y Minatitlán
el Proyecto Fénix para que trabajen allí no menos de tres mil
trabajadores en su etapa inicial, combatiendo de esa forma el desempleo
en toda la región sureste o, de lo contrario, desiste de ese empeño y
deja que se lo lleven al estado de Tamaulipas.
Debemos exigir a las compañías particulares que contrata Pemex para dar
mantenimiento, que cumplan eficientemente con su trabajo a fin de evitar
más muerte, dolor e impacto ambiental en tierras veracruzanas (porque es
aquí donde sólo se han dado, extrañamente) y debemos exigir también del
gobierno foxista que ahora que están ingresando miles de millones de
dólares por los sobreprecios del hidrocarburo, que destine más del 50
por ciento de los mismos no sólo para reconstruir su red de distribución
sino también para tecnologizarla porque la gallina de los huevos de oro
nos la quieren quitar, atemorizándonos con ese cuento de que es una
bomba de tiempo.