Notas periodísticas

Abril 2005

Reconfiguración fingida

Ricardo Ravelo

Concebida como la obra que empezaría a poner fin a la importación de combustibles de Estados Unidos, la reconfiguración de la refinería de Cadereyta se convirtió en un embrollo que atenta contra el ya muy mermado patrimonio de Pemex, debido a sus elevados costos derivados de la cauda de errores que cometieron tanto funcionarios como contratistas. Por si fuera poco, la paraestatal se enfrascó en un proceso legal con una de las empresas cuyo desenlace podría obligarla a pagar poco más de 500 millones de dólares.

A ocho años de su construcción, con un costo que suma ya 2 mil 600 millones de dólares, irregularidades como desvío de recursos, errores de planeación y tráfico de influencias, llevaron al fracaso la reconfiguración de la refinería de Cadareyta -localizada en el estado de Nuevo León-, mientras que signos de estos males se asoman ya en todo el Sistema Nacional de Refinación de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Y aunque la Secretaría de la Función Pública, cuando su titular era Francisco Barrio, realizó auditorías a Pemex así como a todas sus obras, hasta la fecha no se han deslindado responsabilidades, aun cuando la paraestatal podría pagar poco más de 500 millones de dólares este año debido a los errores que cometieron los exfuncionarios, en el caso de que pierda el juicio que la paraestatal libra en París con el grupo Conproca.

El proceso está en su fase final y, hasta donde se pudo averiguar, Pemex no tiene argumentos sólidos para reclamar el reembolso de pagos por adelantado, hechos sin apego a la ley, ni para exigirle a las empresas contratistas que reparen las fallas de ingeniería básica y de detalle que presenta la obra.

El proyecto de reconfiguración del Sistema Nacional de Refinación (SNR) se inició en 1997 con la modernización de Cadereyta. El sexenio de Ernesto Zedillo concluyó sin que la obra se terminara, por lo que le tocó al gobierno foxista enfrentar todos los problemas que ésta arrastraba desde su origen.

El asunto se complicó para Pemex cuando su entonces director, Raúl Muñoz Leos, decidió que la paraestatal fuera a juicio ante un árbitro internacional con el afán de defender algo aparentemente indefendible, toda vez que Pemex carga con la mayor parte de las responsabilidades en la ejecución de la obra y ésta se aceptó como terminada, a pesar de que presenta un amplio abanico de fallas en su diseño y funcionamiento.

De acuerdo con el Informe sobre la firma del convenio del contrato de obra pública financiada PR-SP-035/97, se podrían desprender diversas responsabilidades por daño patrimonial contra Pemex que afectarían tanto a funcionarios como a exfuncionarios de la empresa, entre ellos Raúl Muñoz Leos, actualmente integrante del equipo de campaña de Rubén Mendoza, candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México

También resultarían implicados los exdirectores de Pemex-Refinación, Mario Willars -uno de los impulsores de la obra- y Armando Leal Santana; Eduardo Vergara, extitular del área de Proyectos de Pemex, así como el exgerente de Pemex-Refinación, Máximo Téllez.

A causa de los errores de planeación y de las modificaciones desordenadas que sobre la marcha se le hicieron a la obra, Pemex y la empresa Consocio Proyecto Cadereyta (Conproca) dirimen desde 2001 un juicio -asentado en el expediente 11760/KGA- ante la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (ICC), con sede en París, en el cual la empresa contratista reclama a Pemex un pago que actualmente supera los 500 millones de dólares.

Aunque la megaobra fue aceptada y reconocida como terminada en 2001 por Muñoz Leos -según se establece en el Convenio de culminación del contrato de obra pública financiada PR-SP-035/97-, la refinería enfrenta problemas en la producción de combustibles, de tal suerte que su capacidad actual de procesamiento es casi similar a la que registraba en 1981.

De acuerdo con el programa de reconfiguración presentado en 1997 por Mario Willars -uno de los funcionarios que hasta la fecha no ha sido llamado a cuentas-, la planta de Cadereyta sería reconfigurada para procesar al día 270 mil barriles de crudo pesado, aunque según informes internos de Pemex la refinería ocasionalmente ha rebasado los 200 mil barriles por día.

A principios de este año, Fermín Narváez, gerente de la refinería de Cadereyta, entregó un informe al secretario de Energía, Fernando Elizondo, y al director de Pemex-Refinación, Juan Bueno Torio, en el que señala que la refinería alcanzará a procesar al día 270 mil barriles una vez que entre en operación el oleoducto Nuevo Teapa-Madero-Cadereyta.

Sin embargo, el oleoducto, que atraviesa los estados de Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León, aun cuando está pagado y aceptado como listo para funcionar, según consta en el citado convenio de culminación de contrato, aún no entra en funcionamiento porque la empresa coreana Sunkyon Engineering dejó su construcción a medias y ahora, con recursos propios, Pemex concluye los trabajos con el fin de conectar los mil 185 kilómetros de tubería con la planta de Cadereyta, lo que -según el programa- debió terminarse en agosto de 2000.

El ducto, dice el informe, está terminado en el tramo Nuevo Teapa-Madero, pero el resto, que va de Madero a Cadareyta, presenta poco más de 100 fallas debido a la falta de supervisión de la obra. Existen largos tramos con altas dosis de corrosión y falta de protección catódica -recubrimientos-, que elevan el riesgo de una explosión e impiden que los petrolíferos fluyan con alta presión hacia la refinería, por lo que el "bombeo" de petróleo resulta lento.

Ahora se sabe que Pemex descuidó todo el proceso de supervisión de la obra, para la cual se contrataron a decenas de ingenieros -algunos jubilados-, quienes cobraban su salario sin visitar ni revisar los diversos tramos de la tubería.

Concebida como la obra que empezaría a poner fin a la importación de combustibles de Estados Unidos, Cadereyta hoy es un embrollo que golpea el patrimonio de Pemex y del país, por sus elevados costos derivados de la cauda de errores que cometieron tanto los funcionarios de la paraestatal como los empresarios contratistas.

En un informe de Pemex denominado Problemática asociada al proyecto de reconfiguración de la refinería de Cadereyta, una copia del cual está en poder de Proceso, se incluye el apartado Problemática posterior a la firma del convenio de culminación entre Pemex-Refinación y Conproca en el que se destacan los puntos medulares del fracaso de la obra.

El documento señala que en la reconfiguración de Cadereyta "se presentan incumplimientos de ambas partes" -Pemex y contratistas- y se añade que el corporativo Conproca -conformado por las empresas Sunkyon, Siemens y Protexa- no ejecutó la protección catódica (recubrimiento eléctrico) en las líneas de funcionamiento de la planta ni Pemex cumplió con los llamados derechos de paso.

Con la complacencia de Pemex, los empresarios coreanos trajeron tubería de su país, de espesor menor al establecido en el contrato, lo cual, a juicio de expertos, reduce hasta en 30% la vida útil de dichas líneas. Otras fallas se le atribuyen a Pemex en su calidad de propietario, como el incumplimiento en la adquisición de un terreno aledaño a la refinería, la falta de formalización de los derechos de vía y el retraso en la terminación de la planta coquizadora, vital para el funcionamiento de la refinería.

El informe analiza el mal estado en que Pemex recibió la llamada obra emblemática del proyecto de reconfiguración y señala, por ejemplo, que los funcionarios de Pemex recibieron la obra sin que se encontrara concluida "provocándose un daño patrimonial a la entidad, en virtud de no poder cumplir con los fines perseguidos en el proyecto Cadereyta, por lo que incurrieron en la comisión del delito de ejercicio indebido del servicio público".

En el caso del oleoducto que debe alimentar a la planta, el documento asienta que la entidad (Pemex) recibió la obra "con el pleno conocimiento de la serie de irregularidades incurridas durante su construcción, situación que claramente provoca un daño grave al patrimonio e intereses (de Pemex) al no poderse cumplir con los fines perseguidos con la obra, como la transportación del crudo maya".

Detectadas las irregularidades de la obra en general, 12 días después de que Vicente Fox tomara posesión como presidente de la República, Pemex y Conproca firmaron un convenio de ajuste de eventos críticos para resarcir las fallas en Cadereyta.

El acuerdo provocó dos modificaciones al contrato original, aunque las irregularidades no se resolvieron, ya que en la entrega del oleoducto se contravinieron las características esenciales pactadas. La obra se debió haber entregado en tiempo y forma y lista para operar, pero Pemex-Refinación aceptó llevar a cabo los trabajos que se requerían para su culminación. Un dato que revela el retraso de los trabajos fue la puesta en operación del oleoducto, la cual se inició 3 años después de lo establecido en el contrato.

Al respecto, Pemex no puede argumentar que se vio sorprendida por los contratistas, ya que el informe señala que "la entidad tenía conocimiento y evidencia de las irregularidades cometidas durante su construcción... y el haber aceptado la obra como concluida provocó un daño patrimonial.

Y no sólo eso: el documento también establece que "los funcionarios públicos que intervinieron en la firma del convenio de culminación del contrato contaban con los elementos suficientes para prever que se causaría un daño patrimonial a la entidad al no llevar a cabo las acciones necesarias y tomar las medidas para evitar la recepción de la obra...".

Por ello, el informe considera que la firma del convenio de aceptación de la obra, efectuada por Muñoz Leos en 2001, "resulta violatoria a la legislación aplicable, ya que es claro que los servidores públicos que lo suscribieron, además de tener conocimiento de que pudieron resultar gravemente afectados tanto el patrimonio como los intereses de la entidad, pudieron evitar el impacto al patrimonio al haber evitado la firma del convenio".

Refinerías de corrupción

El llamado Sistema Nacional de Refinación está compuesto de seis refinerías: Cadereyta, Madero, Salamanca, Tula, Salina Cruz y Minatitlán, y a la fecha sólo quedan por reconfigurarse las dos últimas. Pero a pesar de los vicios y fallas cometidas, Pemex sigue incurriendo en los mismos.

A nueve años de que inició el proceso de reconfiguración de las refinerías, no sólo se han incumplido los objetivos programados, sino que la producción de gasolinas es menor a la que había antes de que se modernizaran las plantas.

La refinería de Madero procesaba 190 mil barriles diarios antes de la reconfiguración. Después de su modernización, que concluyó en 2002 con un costo de 2 mil millones de dólares, la planta sólo procesa 150 mil barriles por día, no obstante que con su nuevo diseño se pretendía alcanzar 330 mil barriles diarios. En el caso de Tula y Salamanca, Pemex optó por realizar una modernización parcial.

Aunque tiene un retraso de cuatro años, la reconfiguración de la planta de Minatitlán, una de las más antiguas, se realiza actualmente en medio de los mismos vicios y fallas -falta de planeación y tráfico de influencias, por mencionar algunos- que se dieron en Cadereyta.

La obra consta de seis paquetes, dos de ellos, identificados en las bases del concurso como IPC-1 e IPC-2, presentan graves fallas y en ambos asoman signos de tráfico de influencias.

En el primer paquete, que tiene que ver con la compactación del suelo y la cimentación, la obra fue ganada por la empresa Tradeco, S.A de C.V., compañía de la familia Martínez, cuya cabeza, Federico Martínez, fungió como subdirector de Ingeniería y Desarrollo de Obras Estratégicas en la subsidiaria Pemex Exploración y Producción, de la que hasta hace unos meses era titular Luis Ramírez Corzo, director actual de la paraestatal. Federico Martínez funge como director corporativo de Ingeniería y Desarrollo de Proyectos de Pemex.

Los trabajos de compactación del suelo en la refinería de Minatitlán ya presentan problemas, pues en lugar de que la obra se haga con "material de banco" (tierra sólida), el área donde se asentará la planta se está rellenando con arena de río, lo que, a juicio de expertos, puede causar serios problemas en la cimentación de la obra.

El segundo paquete, el IPC-2, que tiene que ver con Servicios Auxiliares e Integración y significa un contrato por 700 millones de dólares, fue obtenido por la empresa ICA.

Por lo que se refiere a la modernización de la refinería de Salina Cruz, hasta el momento se desconoce si existe un proyecto para llevarla a cabo, por lo que dicha obra lleva ya cinco años de retraso.

En el diagnóstico denominado Pemex retoma el rumbo, que un grupo de ingenieros, encabezados por Juan Barrera y Enrique Salazar Ibargüen, entregaron en diciembre de 2004 a la Presidencia de la República, se establece que si la reconfiguración de las refinerías se hubiera llevado con transparencia, Pemex se estaría ahorrando alrededor de 26 mil millones de dólares anuales por concepto de importación de combustibles.

Y para rematar, el estudio señala que la modernización de las refinerías ha resultado un fracaso, como queda demostrado en el caso de Cadereyta, pues esa planta registra pérdidas por mil 69 millones de pesos, lo que ha provocado un incremento en la importación de gasolina, que se aproxima a 340%