Los países petroleros se modernizan, cambian de estrategias, crecen con
alianzas o privatizaciones. Es una realidad que México no quiere ver.
Las estadísticas son frías, hoy, las refinerías del mundo están operando
al límite de su capacidad y esta actividad se ha convertido en uno de
los negocios más jugosos. Incluso, están obteniendo márgenes de ganancia
elevados porque todos los países productores de petróleo buscan
afanosamente quién o quiénes les procesen su crudo.
Actualmente, el mercado petrolero demanda aumentar la capacidad de
refinación para abastecer el consumo de gasolinas así como la producción
de crudos dulces (ligeros). En este terreno los países están compitiendo
con inversiones y alianzas.
Con apenas seis refinerías y una sociedad en la planta de Deer Park,
Texas con Shell, Pemex vive al día y cualquier desajuste en el mercado
le afecta seriamente, porque su capacidad de respuesta con el Sistema
Nacional de Refinación es prácticamente nulo.
Mientras que en otras partes del mundo, como Arabia, Brasil, Nigeria,
entre otros, las inversiones para expandir sistemas de refinación son un
hecho, en nuestro país apenas estamos pensando en reconfigurar las
refinerías existentes, modernizarlas y adaptarlas al tipo de crudo que
producimos o, en su defecto, rehabilitarlas, pero no en construir.
Tan sólo en América del Norte existe un mercado equivalente a 200,000
barriles de gasolinas que diariamente importa Estados Unidos, el cual
representa una oportunidad de negocios para México sobre todo ahora que
el margen de refinación aumentó de 2 a 12 dólares por barril.
El secretario de Energía, Fernando Elizondo Barragán, comenta a El
Economista que el futuro ya nos está alcanzando, y México ya no tiene
margen de maniobra si no hay cambios que permitan aumentar las
inversiones y la competitividad en el sector energético. Deja en claro
que entramos en una curva descendente.