Notas periodísticas

Abril 2005

David Shields / Más energía con menos dinero

Colaborador Invitado. La industria petrolera requiere inversiones de entre 15 mil y 25 mil millones de dólares anualmente, dicen las autoridades

Por David Shields
Reforma

Proponen casi duplicar de nuevo la inversión en el sector hidrocarburos. A su vez, el sector eléctrico necesita 5.5 mil millones de dólares cada año, aseguran.

Todos estamos de acuerdo en que se realicen inversiones elevadas en energía, con tal de que el dinero esté disponible, se gaste con eficacia y haya beneficios tangibles para la población. Pero la verdad es que esas cantidades difícilmente estarán disponibles, aun con aperturas al capital privado. Además, en el pasado, se ha exagerado el nivel de inversiones requeridas. En el sector eléctrico, por ejemplo, se ha logrado construir más que suficiente capacidad de generación con la mitad de las inversiones que se decían necesarias.

Se plantea un gasto mucho mayor en Pemex para realizar una riesgosa aventura de exploración y producción en aguas profundas, porque el Gobierno no ve otra opción para mantener la producción petrolera, que es requisito para no descobijar el gasto público y para no reducir la exportación de crudo a Estados Unidos. Esa aventura, aun siendo exitosa, implicaría costos muy elevados y utilidades más reducidas que en la explotación de los campos en aguas someras y en tierra.

Además, sería un éxito pírrico, si no se atiende el problema de la balanza comercial y de la seguridad energética, ya que casi todos los ingresos por la exportación de crudo se nos van en la importación de gas, gasolinas, otros refinados y petroquímicos. Pemex casi ha dejado de invertir en refinación y petroquímica. Así, no podrá atender las crecientes necesidades nacionales de combustibles.

Peso por peso, hay opciones de inversión mejores y más seguras que la incursión en aguas profundas. Con menos de 3 mil millones de dólares, se podría construir varias refinerías energéticas, de configuración sencilla, que procesarían crudo Maya, eliminarían el déficit nacional de combustibles e insumos petroquímicos y brindarían residuales del petróleo para la generación eléctrica que hoy son una opción de combustible más económica que el gas natural. Con inversiones mínimas también se podrían rehabilitar plantas refinadoras y petroquímicas de Pemex, que hoy están paradas.

Uno de los grandes retos en energía es hacer más con menos. En el caso del alto precio del gas natural en Monterrey, una alternativa que tienen los consumidores son los captadores solares. El costo de un captador solar comercial para una vivienda normal es de 12 mil pesos. Permite un ahorro anual de gas natural o gas LP de entre 4 mil y 5 mil 600 pesos, por lo que el equipo se paga en tres años si se le da un uso adecuado. La vida útil del equipo es de 15 años o más, así que hay un gran ahorro en el largo plazo. Los captadores ya demostraron sus bondades como única opción de electrificación rural en muchas zonas y también los hay de uso industrial.

Si sólo 50 mil consumidores domésticos en Monterrey compraran captadores solares, se lograría, en poco tiempo y sin cambios constitucionales, una inversión privada por 600 millones de pesos, proporcionada por las familias beneficiadas, quienes se encargarían de cuidar la eficacia de las inversiones. En la medida en que esta práctica se fuera ampliando -y el potencial es enorme- se podría reducir la demanda, quizás incluso el precio, del gas natural.

Conviene disminuir la demanda de electricidad también. Los éxitos ya obtenidos con lámparas fluorescentes, ahorradoras de energía, indica que un esfuerzo mayor para promoverlas brindaría ahorros de mil 500 megawatts o más de capacidad de generación. Así, se evitaría la construcción de varias centrales eléctricas de gran tamaño. Por cierto, la Secretaría de Energía y la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) aseguran que pronto lanzarán un programa nacional de eficiencia energética y ahorro de energía. Ese programa promovería, entre otras cosas, la construcción de edificios con diseño bioclimático. Al respecto, también se creó hace poco la Asociación de Empresas para el Ahorro de Energía en la Edificación (AEAEE). Aquí hay otra gran oportunidad para la inversión privada directa en energía al margen del presupuesto público y de las reformas energéticas.

En gran parte, el futuro de la energía en México y en el mundo implica atender necesidades al nivel micro. La tendencia global es hacia la generación distribuida, es decir, la generación eléctrica a pequeña escala instalada cerca del lugar de consumo, conectada directamente a las redes locales de distribución. Ahora, si México no es una nación tan rica en hidrocarburos como antes se pensaba -y eso ya lo dicen los funcionarios del sector- con más razón hay que entrarle no sólo a esta dinámica, sino también a la diversificación de los combustibles y de los tipos y usos de la energía.

Además de aprovechar los hidrocarburos, hay que promover en serio proyectos minihidroeléctricos, eólicos, solares, de bioenergía y de cogeneración con desechos orgánicos. No olvidemos que es económicamente viable generar electricidad a partir de la basura, lo cual debiera ser una prioridad, sobre todo para resolver el problema de la basura en nuestras ciudades. También puede haber un lugar en la política energética para las carboeléctricas, las grandes hidroeléctricas y la energía nuclear.

Por cierto, la semana pasada se publicó en la gaceta parlamentaria una iniciativa de ley para el aprovechamiento de las fuentes renovables de energía, la cual fue suscrita por los diputados integrantes de la Comisión de Energéticos de la Cámara de Diputados. ¡Qué buen trabajo ha hecho dicha comisión en términos de unidad y esfuerzo en torno a diversas iniciativas!

México necesita una política energética diversificada que procure hacer más con menos y que atienda lo micro y no sólo lo macro. El éxito de esa política implicaría desatorar muchas iniciativas sociales que hoy son reprimidas por leyes y reglamentos, por la falta de incentivos fiscales o económicos, o bien por intereses creados o burocráticos. Quizás este enfoque no sea del agrado de las instituciones en el exterior que presionan a México para atender sólo lo relacionado con la producción y exportación de petróleo y los negocios globales de gas natural. Pero ésa no debe ser nuestra preocupación. Nuestro país debe ver primero por su propia seguridad energética. Los mexicanos tenemos muchas opciones a nuestro alcance para tener disponibilidad de energía a precios accesibles. Con inteligencia y creatividad, podemos avanzar mucho sin requerir tanta inversión.

David Shields es consultor y analista de temas energéticos. Su e-mail: davshields@hotmail.com
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