Colaborador Invitado. La industria petrolera requiere inversiones de
entre 15 mil y 25 mil millones de dólares anualmente, dicen las
autoridades
Por David Shields
Reforma
Proponen casi duplicar de nuevo la inversión en el sector hidrocarburos.
A su vez, el sector eléctrico necesita 5.5 mil millones de dólares cada
año, aseguran.
Todos estamos de acuerdo en que se realicen inversiones elevadas en
energía, con tal de que el dinero esté disponible, se gaste con eficacia
y haya beneficios tangibles para la población. Pero la verdad es que
esas cantidades difícilmente estarán disponibles, aun con aperturas al
capital privado. Además, en el pasado, se ha exagerado el nivel de
inversiones requeridas. En el sector eléctrico, por ejemplo, se ha
logrado construir más que suficiente capacidad de generación con la
mitad de las inversiones que se decían necesarias.
Se plantea un gasto mucho mayor en Pemex para realizar una riesgosa
aventura de exploración y producción en aguas profundas, porque el
Gobierno no ve otra opción para mantener la producción petrolera, que es
requisito para no descobijar el gasto público y para no reducir la
exportación de crudo a Estados Unidos. Esa aventura, aun siendo exitosa,
implicaría costos muy elevados y utilidades más reducidas que en la
explotación de los campos en aguas someras y en tierra.
Además, sería un éxito pírrico, si no se atiende el problema de la
balanza comercial y de la seguridad energética, ya que casi todos los
ingresos por la exportación de crudo se nos van en la importación de
gas, gasolinas, otros refinados y petroquímicos. Pemex casi ha dejado de
invertir en refinación y petroquímica. Así, no podrá atender las
crecientes necesidades nacionales de combustibles.
Peso por peso, hay opciones de inversión mejores y más seguras que la
incursión en aguas profundas. Con menos de 3 mil millones de dólares, se
podría construir varias refinerías energéticas, de configuración
sencilla, que procesarían crudo Maya, eliminarían el déficit nacional de
combustibles e insumos petroquímicos y brindarían residuales del
petróleo para la generación eléctrica que hoy son una opción de
combustible más económica que el gas natural. Con inversiones mínimas
también se podrían rehabilitar plantas refinadoras y petroquímicas de
Pemex, que hoy están paradas.
Uno de los grandes retos en energía es hacer más con menos. En el caso
del alto precio del gas natural en Monterrey, una alternativa que tienen
los consumidores son los captadores solares. El costo de un captador
solar comercial para una vivienda normal es de 12 mil pesos. Permite un
ahorro anual de gas natural o gas LP de entre 4 mil y 5 mil 600 pesos,
por lo que el equipo se paga en tres años si se le da un uso adecuado.
La vida útil del equipo es de 15 años o más, así que hay un gran ahorro
en el largo plazo. Los captadores ya demostraron sus bondades como única
opción de electrificación rural en muchas zonas y también los hay de uso
industrial.
Si sólo 50 mil consumidores domésticos en Monterrey compraran captadores
solares, se lograría, en poco tiempo y sin cambios constitucionales, una
inversión privada por 600 millones de pesos, proporcionada por las
familias beneficiadas, quienes se encargarían de cuidar la eficacia de
las inversiones. En la medida en que esta práctica se fuera ampliando -y
el potencial es enorme- se podría reducir la demanda, quizás incluso el
precio, del gas natural.
Conviene disminuir la demanda de electricidad también. Los éxitos ya
obtenidos con lámparas fluorescentes, ahorradoras de energía, indica que
un esfuerzo mayor para promoverlas brindaría ahorros de mil 500
megawatts o más de capacidad de generación. Así, se evitaría la
construcción de varias centrales eléctricas de gran tamaño. Por cierto,
la Secretaría de Energía y la Comisión Nacional para el Ahorro de
Energía (Conae) aseguran que pronto lanzarán un programa nacional de
eficiencia energética y ahorro de energía. Ese programa promovería,
entre otras cosas, la construcción de edificios con diseño bioclimático.
Al respecto, también se creó hace poco la Asociación de Empresas para el
Ahorro de Energía en la Edificación (AEAEE). Aquí hay otra gran
oportunidad para la inversión privada directa en energía al margen del
presupuesto público y de las reformas energéticas.
En gran parte, el futuro de la energía en México y en el mundo implica
atender necesidades al nivel micro. La tendencia global es hacia la
generación distribuida, es decir, la generación eléctrica a pequeña
escala instalada cerca del lugar de consumo, conectada directamente a
las redes locales de distribución. Ahora, si México no es una nación tan
rica en hidrocarburos como antes se pensaba -y eso ya lo dicen los
funcionarios del sector- con más razón hay que entrarle no sólo a esta
dinámica, sino también a la diversificación de los combustibles y de los
tipos y usos de la energía.
Además de aprovechar los hidrocarburos, hay que promover en serio
proyectos minihidroeléctricos, eólicos, solares, de bioenergía y de
cogeneración con desechos orgánicos. No olvidemos que es económicamente
viable generar electricidad a partir de la basura, lo cual debiera ser
una prioridad, sobre todo para resolver el problema de la basura en
nuestras ciudades. También puede haber un lugar en la política
energética para las carboeléctricas, las grandes hidroeléctricas y la
energía nuclear.
Por cierto, la semana pasada se publicó en la gaceta parlamentaria una
iniciativa de ley para el aprovechamiento de las fuentes renovables de
energía, la cual fue suscrita por los diputados integrantes de la
Comisión de Energéticos de la Cámara de Diputados. ¡Qué buen trabajo ha
hecho dicha comisión en términos de unidad y esfuerzo en torno a
diversas iniciativas!
México necesita una política energética diversificada que procure hacer
más con menos y que atienda lo micro y no sólo lo macro. El éxito de esa
política implicaría desatorar muchas iniciativas sociales que hoy son
reprimidas por leyes y reglamentos, por la falta de incentivos fiscales
o económicos, o bien por intereses creados o burocráticos. Quizás este
enfoque no sea del agrado de las instituciones en el exterior que
presionan a México para atender sólo lo relacionado con la producción y
exportación de petróleo y los negocios globales de gas natural. Pero ésa
no debe ser nuestra preocupación. Nuestro país debe ver primero por su
propia seguridad energética. Los mexicanos tenemos muchas opciones a
nuestro alcance para tener disponibilidad de energía a precios
accesibles. Con inteligencia y creatividad, podemos avanzar mucho sin
requerir tanta inversión.