PARA QUIENES SE QUEDARON paralizados en el viejo paradigma del "petróleo
barato" -anterior al 11 de septiembre y a la guerra de la dupla
anglosajona contra Irak-, seguramente sonará descabellada la cifra de
380 dólares el barril en los próximos 10 años (calculada a una tasa de
inflación agregada de 2.5 por ciento anual), como consecuencia del
futuro déficit mundial de 8 millones de barriles diarios, según el
estrujante reporte del banco de inversiones francés Ixe-CIB, realizado
por los economistas en energía Patrick Artus y Mocef Kaabi (Al-Jazeera;
21/4/05): "si se toma en cuenta el nivel de los anteriores choques
petroleros, como el de la década de los 70, no se puede eliminar tal
probabilidad". Como tampoco se han desarrollado aún las fuentes
alternativas de energía, el "mundo dependerá de los tradicionales
fósiles de hidrocarburo". Repiten lo archisabido sobre la presión de la
demanda proveniente de China debido a su producción industrial acelerada
y su rápida urbanización (se olvidan de India que es todavía más
dependiente). Tampoco la futura demanda puede ser paliada por los nuevos
descubrimientos de campos petroleros.
LOS ONCE FRENTES DEL 11 de septiembre: una guerra multidimensional (Ed.
Cadmo & Europa 2003), nuestro libro, resalta la similitud con la década
de los 70, cuando el precio se disparó casi 20 veces al pasar de 2
dólares el barril en 1971 a 39 en 1979 en plena revolución jomeinista,
con la fase actual financiero-económico-geopolítica. Sin meternos a
soporíferos cálculos econometristas, si partimos de un piso de 20
dólares, en que se cotizaba el barril con antelación al cambio de
paradigma geoestratégico del 11 de septiembre, que desembocó en la
guerra contra Irak, un aumento similar de 20 veces muy bien pudiera
llevar la cotización de nueva cuenta en el lapso de una década a los
linderos de 400 dólares, que no dista mucho de los 380 de los
economistas galos, cuyo cálculo perturbador supera por mucho las
elevadas cifras que parecían alucinantes y que fueron proferidas sin
rubor en fechas recientes por la correduría Goldman Sachs (102 dólares),
el conocido Osama Bin Laden (144 dólares) y Matthew Simmons (182
dólares), banquero especialista en inversiones energéticas e íntimo de
la dupla Cheney-Bush.
LA TRASCENDENCIA geoestratégica del petróleo y el gas, como se nota, no
es un asunto para la mente ultrarreduccionista de los fiscalistas
neoliberales de la tripleta salinista-zedillista-foxiana, quienes han
hecho el ridículo con sus pronósticos descabellados que, a nuestro
juicio, encubren la voluntad de regalar el petróleo mexicano a sus
controladores texanos: desde Téllez Kuenzler (anterior secretario de
Energía y actual representante del Grupo Carlyle, conglomerado petrolero
y de venta de armas de la dinastía bushiana), quien juró un precio de 6
dólares el barril ante un Congreso ignaro, hasta Fox (un superignorante
en materia energética, dicho sea con respeto a su investidura) y Hurtado
López, actual subsecretario de Hacienda, quienes aseguraron un precio
máximo de 23 dólares para este año.
EN UN REPORTE RECIENTE, el analista mexicano Rodolfo Sosa, de
Consultoría Galileo, y Liu Qiang, investigador de la Academia de
Ciencias Sociales de China, abordan los "cambios geoeconómicos" que se
están generando en Latinoamérica debido a los acuerdos con China, que
busca "diversificar su abastecimiento energético". Sosa y Qiang señalan
que las inversiones energéticas de China en Brasil, Cuba, Venezuela,
Perú y Ecuador serán por 15 mil millones de dólares, que no es tanto, si
se comparan con los arreglos de seis dígitos de China con Canadá e Irán,
ya no se diga los inminentes acuerdos con Rusia y los países ribereños
del mar Caspio. Lo interesante radica en la penetración de China a
América Latina, Canadá y Africa, que, en sinergia con las empresas de
India, compite sin complejos con las petroleras anglosajonas.
"DOSSIERS & DOCUMENTS" , de Le Monde (4/05), retoma las recientes
proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE) con sede en
París: la "demanda de energía aumentará 60 por ciento de aquí a 2030";
afirma que "85 por ciento de las nuevas necesidades del planeta serían
cubiertas por productos fósiles, petróleo, gas y carbón", y sostiene en
forma optimista que pese a la gran demanda "la Tierra es más que
suficiente para responder a la demanda hasta 2030 y aun después". Lo
mejor de la AIE viene cuando asevera sin rubicundez que "quien controle
(sic) la energía poseerá una de las llaves (sic) del futuro (sic). Pero
no a cualquier (sic) precio; las naciones no piensan solamente en
términos de ganancias (sic): desean más ética (sic) y se comprometen
(sic) a reducir la gran pobreza" (sic). Como que suena exageradamente
desconcertante que la industria petrolera, bajo control anglosajón, se
transmute súbitamente a la "ética" y se ocupe por la "reducción de la
pobreza". ¿No se habrá equivocado la AIE de cosmos?
EN CONTRAPUNTO CON el optimismo desbordante de la AIE sobre las
supuestas pletóricas reservas planetarias, John Vidal, "editor en medio
ambiente" de The Guardian ("El fin del petróleo está más cerca de lo que
se piensa"; 21/4/05) asienta en forma alarmante que la declinación de la
producción del petróleo comenzará en un año. ¿A quién creer entre los
asertos en las antípodas de la AIE y John Vidal? Por desgracia, la
desinformación deliberada es la tónica en el medio energético. En Bajo
la Lupa creemos más a los ambientalistas que a los depredadores
petroleros y lo peor sería sucumbir a las mendacidades de la AIE, que no
suele ser muy acertada.
DE DEFENSA, CENTRO DE pensamiento estratégico-militar con sede en
Bruselas (24/4/05), aborda el angustiante reporte de Artus y Kaabi. La
diferencia es crucial con la década de los 70: "se trata de una
perspectiva de crisis sin precedente. (...) La crisis petrolera de los
70 fue especulativa, debido sobre todo a la voluntad de la OPEP,
encabezada por Irán, de incrementar el precio del crudo". Tiene razón De
Defensa, los matices son fundamentales: "mientras en los 70 el
incremento de los precios provocó la crisis, ahora la crisis en la
producción por disminución de las reservas ocasiona el aumento".
EN FORMA PARADOJICA la "abundancia de petróleo posterior a la crisis de
la década de 70 provocó un agotamiento de las divisas en la URSS",
mientras "ahora el declive de la producción corre en paralelo al
crecimiento continuo y acelerado de la demanda". A su juicio, "debido al
orden de magnitud, las cifras de 380 dólares el barril son insostenibles
para el sistema internacional" por lo que la "perspectiva de crisis
global es radicalmente desestabilizadora y sus efectos serán anteriores
a su manifestación en plenitud" que llevarán a tomar acciones
preventivas y a cambios radicales de alianzas" que desquiciarán la
"estabilidad interna de las naciones". Cita como consecuencia específica
la "exacerbación bélica de EU que obligará al servicio militar
generalizado". La "crisis de la producción del petróleo", como describe
en términos trágicos De Defensa, representa una "amenaza trasnacional de
nuevo tipo, suscitada por desarrollos naturales en los que la política
no tiene ninguna influencia y cuya perspectiva es negada por la misma
política. Tales amenazas tienen que ver directamente con la cohesión
general del sistema mundial". ¡Uf!, el legado decantado de la
globalización financiera habrá gestado no solamente una crisis petrolera
desestabilizadora, sino, peor aún, una devastación climática.
EL DEPREDADOR UNILATERALISMO bushiano ha sucumbido a una preocupante
negación de la realidad sobre la ontología planetaria. En este tenor, el
libanés-estadunidense Jad Mouawad, reportero de The New York Times
(23/4/05), pone de relieve que el "menor papel que juega el petróleo en
la economía estadunidense limita el daño de los precios altos".
Considera que los "temores" sobre una recesión (con quiebras de
empresas, desempleo e hiperinflación) "son exagerados, a pesar de un
precio superior a los 50 dólares el barril.
"HASTA AHORA LA ECONOMIA de EU ha sorteado el incremento de los precios
con una facilidad (sic) remarcable (sic) y hay razón para creer (sic)
que los altos costos de combustible no tendrán el impacto que tuvieron
antes"; asegura que el petróleo, como sucedió en la etapa manufacturera,
no forma parte central de la economía estadunidense más enfocada a los
servicios. Inclusive, "la manufactura y las plantas generadoras de
energía dependen más del gas, carbón y, en menor grado, del poder
nuclear". Es un secreto a voces propalar que EU ha apostado más en el
gas que en el petróleo, lo que afecta considerablemente al transporte.
La factura del alza sería así absorbida por los conductores.
MOUAWAD REPITE LA TESIS de Stratfor -centro de pensamiento israelí-estadunidense
vinculado con las trasnacionales petroleras-: "hoy la economía de EU es
más eficiente (sic) que hace tres décadas" y el "ingreso de los
estadunidenses se ha duplicado" por lo que la merma en los ingresos
personales y en los costos energéticos se ha reducido a la mitad.
SI NO DAÑA EL ALZA brutal del petróleo a EU, entonces, ¿a quién
perjudica? Nuestra hipótesis "multidimensional" (geopolítica,
geoconómica y geofinanciera) apunta como supremos perjudicados a los
competidores de EU, quienes carecen de "oro negro": la Unión Europea
(UE), India, China y Brasil, sumados de su anterior aliado Sudcorea (que
se ha acercado a China) y su nuevo socio militar, Japón, ambos muy
dependientes del "oro negro".
ES CURIOSO QUE el alza del petróleo afecte más a quienes posean las
mayores reservas de dólares. A nuestro juicio, mediante el alza
descomunal del petróleo, EU hipoteca en forma perversa tanto las
reservas monetarias de Japón, por más de 800 mil millones de dólares,
como su tenencia de más de 38 por ciento de todos los Bonos del Tesoro.
El mismo diseño maligno es también aplicable a China, que posee las
segundas reservas monetarias en dólares del planeta y otro tanto en
Bonos del Tesoro. Nada samaritano, mucho menos "ético" (sic), se puede
esperar del depredador unilateralismo bushiano.