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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Fraude en Pemex
Fuente:
voltairenet.org
(27/04/07)
por Ana Lilia Pérez
(Por: Ana Lilia Pérez) En junio y julio de 2005 las revistas
Contralínea y Fortuna publicaron la denuncia en donde se acusa de
tráfico de influencias y fraude al entonces abogado general de
Petróleos Mexicanos, José César Nava Vázquez, quien en aquel mismo
año fue exonerado por la Secretaría de la Función Pública, pero dos
años después el “gobierno legítimo” de López Obrador revive el caso.
Entre agosto y octubre de 2003, un grupo de auditores del Órgano
Interno de Control (OIC) en Pemex Petroquímica (PP) descubrió un
presunto caso de prevaricato en el pago de 241 millones de pesos al
ayuntamiento de Coatzacoalcos por concepto de impuestos en el
traslado de dominio de las filiales Cosoleacaque y Pajaritos.
Los 12 funcionarios de la Unidad de Auditoría Interna de la SFP en
PP que reportaron el prevaricato (cuando un abogado incurre en la
simulación de una controversia para engañar a la autoridad y
manipula la actuación de las dos partes en conflicto) fueron
acosados por funcionarios de la Secretaría de la Función Pública (SFP)
para archivar el expediente y, como se negaron, el titular del OIC
en PP, Felipe Barragán Alvidrez, les pidió la renuncia con el
argumento de que “no cubrían” el perfil de la institución.
Los ex auditores aseguran que por orden de Rosendo Villareal Dávila,
el director de Investigaciones de la SFP, Orlando García Viesca,
boletinó a quienes participaron en la fiscalización del proceso que
comprobó el prevaricato en el millonario pago.
En entrevista, los auditores revelan que la fiscalización a este
caso se derivó de la notificación de un empleado de la oficina del
abogado genral de Pemex, quien solicitó que revisaran el proceso
jurídico.
En agosto de 2003, los auditores al mando de Marco Antonio Díaz,
titular de la Unidad de Auditoria, notificaron los resultados de sus
investigaciones al secretario de la Función Pública, Eduardo Romero
Ramos, al subsecretario Rosendo Villareal y a Felipe Barragán.
En el oficio NI-017/03 dirigido a Barragán Alvidrez, los auditores
estiman daño patrimonial del convenio celebrado por personal de la
oficina del abogado general de Pemex. Destaca también que se violó
la Constitución y la Ley General de Bienes Nacionales derivado de
los argumentos que utilizó el abogado César Nava al negociar el
pago.
Los ex auditores aseguran que antes de que remitieran sus
conclusiones sobre el caso, la SFP les ordenó “archivar” el asunto.
Así, dicen, fue la SFP la que “enturbió” el caso en lugar de
requerir las aclaraciones necesarias o aplicar medidas correctivas.
“Desde el contralor Felipe Barragán, hasta la subsecretaria de
Auditoria, María Guadalupe Chequer, y el mismo secretario de la
Función Pública, convirtieron el asunto en un proceso potencialmente
conflictivo. Había mecanismos legales para desahogar el caso de
manera transparente, sin las responsabilidades y el sesgo que le
dieron”, señala uno de los auditores.
Al continuar con la indagatoria, Felipe Barragán junto con otro
funcionario del OIC, de nombre Juan Carlos Ramos Garibay -quien
además estaba sujeto a un proceso de investigación por la misma
Unidad de Auditoria-, contrataron a las pasantes de derecho e
informática Ariadna Islas Sarabia y María Isabel Ek Hernández para
que fabricaran denuncias contra el auditor responsable de la
fiscalización, Marco Antonio Díaz, acusándolo de “acoso sexual”. Con
este argumento, Barragán lo despidió.
Ante el ministerio público ambas mujeres reconocieron posteriormente
que Ramos Garibay las instó a presentar la denuncia. Finalmente la
autoridad determinó falsedad de declaraciones de éstas y exoneró a
Marco Antonio Díaz, pero Felipe Barragán ya había logrado sacarlo de
la Contraloría y Romero Ramos cerró y clasificó como “confidencial”
el expediente.
Documentos en poder de Contralínea confirman que Díaz denunció
dichas irregularidades así como la remoción indebida del personal
ante Romero Ramos en diversas ocasiones, y pese a que Romero se
comprometió a “investigar personalmente el caso”, omitió la
indagatoria.
Los ex auditores acusan a los ex secretarios Francisco Barrio
Terrazas y Eduardo Romero Ramos de su corresponsabilidad al cerrar
la auditoría y clasificarla como “confidencial”, en lugar de
instruir al área de Responsabilidades a que abriera las
investigaciones correspondientes.
El mismo funcionario que despidió a los auditores, Felipe Barragán
Alvidrez, exoneró a los abogados tras determinar que “no había
elementos” para fincar responsabilidades.
Al paso de los años, los principales protagonistas del supuesto
fraude ascendieron como funcionarios públicos: César Nava Vásquez
como secretario privado del presidente Felipe Calderón; el titular
de la Unidad Jurídica de PP, Juan Agustín López Huesca, como gerente
general de Franquicias de Pemex Refinación, y Rafael Beverido
Lomelín, quien avaló el pago, fue ratificado en la Dirección de PPQ.
El expediente
Como publicó Contralínea en junio de 2005, el prevaricato se originó
nueve años después del fracasado intento salinista de privatizar a
PP. Los abogados de Pemex supieron que podían hacer un jugoso
negocio basado en una simple simulación legal, y en el que
intentaban sacar de Pemex más de 900 millones de pesos, pero que,
finalmente, consiguieron sólo 241 millones.
En agosto de 1997, a petición del corporativo, la Secretaría de
Finanzas del gobierno de Veracruz elaboró un informe sobre la
situación de la paraestatal en el estado para que fiscal y
administrativamente se pudiera dividir y transformar cada filial en
sociedad anónima de capital variable.
El informe concluyó que aún como SA, las filiales continuaban siendo
empresas del dominio privado de la federación, porque todas las
acciones las tenía Pemex en sus distintas figuras jurídicas, por lo
que el gobierno de Veracruz eximió a PP de todo impuesto derivado
del traslado de dominio.
La exención fue notificada por el director de Ingresos de la
Secretaría de Finanzas de Veracruz, Miguel Álvarez de Asco, en el
oficio No. DGI/DATEF/SU8/000066/97, del 14 de agosto de 1997,
dirigido al subdirector de Administración y Finanzas de PP, Mario
González Petrikowsky.
Sin embargo, en abril de 2002, el entonces alcalde de Coatzacoalcos,
Marcelo Montiel Montiel, presentó una denuncia contra Pemex para
reclamar los impuestos acumulados desde 1997 que, según sus
cálculos, ascendían a 713 millones de pesos (Contralínea 39).
El plan para demandar a Pemex nació en la propia área jurídica de
Pemex Petroquímica, dirigida entonces por Juan Agustín López Huesca,
quien supuestamente preparó el prevaricato en complicidad con los
apoderados legales de las filiales de PP.
El prevaricato
En abril de 2002, sin licitación pública, Marcelo Montiel contrató
los servicios del bufete Asociados y Abogados Internacionales, S.C.
(constituido apenas dos meses antes de que se le asignara el
contrato), propiedad de Jesús Antonio Macías Yazegey, amigo del
gobernador Fidel Herrera Beltrán, y quien se desempeñó como tesorero
de su campaña y suegro de Javier Duarte, actual subsecretario de
Finanzas.
El contrato de servicios para la demanda contra Pemex, cuyo proceso
consistió en la presentación de dos notificaciones, un embargo y el
posterior cobro, fue pagado, también a cuenta de Pemex, en 44
millones 268 mil 958 pesos. La querella la llevó personalmente
Antonio Macías.
En Pemex, López Huesca asignó la defensa a Ernesto Ordaz Moreno,
abogado adscrito a la Unidad Jurídica de Petroquímica Cosoleacaque,
quien al mismo tiempo laboraba en el bufete Orbes, Servicios Legales
Internacionales.
Ordaz Moreno ingresó a Pemex por recomendación de Rogelio Martínez
Hernández, jefe de la Unidad Jurídica de Petroquímica Cosoleacaque
de PP. Su oficina privada estaba en el mismo inmueble donde
despachaba Antonio Macías, el demandante de Pemex. Las dos firmas de
abogados compartían la misma papelería y teléfonos.
La defensa de Pemex por parte de Juan Agustín López Huesca, Rogelio
Martínez y Ernesto Ordaz se limitó a promover el recurso de
revocación que de forma premeditada presentó sin firma, por lo que
fue rechazado y luego presentado fuera de tiempo, lo que lo
invalidó.
Cuando Ernesto Ordaz dejó que Pemex perdiera la posibilidad de
responder a la demanda, Antonio Macías solicitó el embargo a
Petroquímica para que le pagara más de 900 millones de pesos por
concepto de impuestos de los últimos siete años más intereses
generados.
Con la notificación de embargo, a los abogados de Pemex se les
solicitó designar bienes susceptibles de embargo, pero extrañamente
omitieron la solicitud, no designaron los bienes y el día del
embargo, el 20 de abril de 2002, se les declaró “en rebeldía”.
Con el argumento de la omisión de los abogados de Pemex, Antonio
Macías reclamó que se embargaran las cuentas bancarias, y los bienes
de las petroquímicas Morelos y Pajaritos, así como se interviniera
la caja.
Rogelio Martínez, ex subordinado de Juan Agustín López Huesca y uno
de sus hombres de confianza en el área jurídica, asegura que fue
éste quien “facilitó la información para que el ayuntamiento
encuadrara jurídicamente el requerimiento a Pemex”. La razón: López
Huesca es compadre de Marcelo Montiel, el entonces alcalde de
Coatzacoalcos.
Martínez Hernández es pieza clave en este caso de corrupción, pues
además de haber participado directamente en la planeación del fraude
junto con López Huesca, se apoyó en las relaciones de su familia en
el Poder Judicial de Veracruz para simular la defensa de Pemex.
López Huesca ordenó a Ernesto Ordaz tramitar un amparo contra los
embargos en el Juzgado Noveno del Estado de Veracruz, a cargo del
juez Vicente Mariche Garza, mismo que le fue negado.
El juez es cuñado de Rogelio Martínez Hernández, cuya esposa, Lilia
Mariche Garza, trabaja en el mismo juzgado como secretaria. Con la
negativa del amparo, los abogados de Pemex justificaron que se
recurrió a todo recurso legal para evitar el embargo.
Los embargos paralizaron por varias semanas las filiales Morelos y
Pajaritos, las más rentables de la petroquímica mexicana. El
gobierno municipal intervino la caja y los ingresos; y los clientes
de Pemex dejaron de pagar porque no tenían la certeza de hasta
cuándo seguirían embargados los complejos.
La mano de Nava
En opinión de los auditores el asunto fue generado por los abogados
de Pemex en Veracruz y pronto entraron al negocio funcionarios de
mayor nivel.
Durante el periodo en que las filiales de PP estuvieron embargadas,
Marcelo Montiel hizo declaraciones públicas de que el dinero que
Pemex pagaría lo destinaría a la construcción del túnel subterráneo,
obra que promovía Emilio Baños Urquijo, director de la Asociación
Mexicana de Infraestructura Concesionada, A.C., suegro de César Nava
y esposo de la entonces senadora del PAN, Cecilia Romero, actual
comisionada del Instituto Nacional de Migración.
El 18 de junio de 2002 César Nava dio por perdido el caso antes de
proseguir con el juicio, y notificó a los abogados a su cargo
“negociar el adeudo”.
En un documento enviado al área Jurídica de PP, César Nava informaba
a sus subordinados:
“Se concluye que es conveniente negociar el pago de impuesto de
translación de dominio determinado por el ayuntamiento de
Coatzacoalcos a Petroquímica Cangrejera”.
Nava argumentaba que las filiales de PP son empresas de
participación estatal mayoritaria que forman parte de la
Administración Pública Federal, pero no de la industria petrolera,
que las empresas filiales no forman parte de la federación al gozar
de una naturaleza jurídica distinta, y que “los bienes de las
empresas filiales no son propiedad de la federación”, pese al
decreto emitido por el gobierno de Veracruz.
El análisis de los auditores indica que los argumentos de dicho
convenio no se apegaron a la Constitución ni a la Ley General de
Bienes Nacionales, que en su artículo primero indica que el
patrimonio nacional se compone tanto de bienes de dominio público de
la federación como de bienes de dominio privado.
Ni el entonces director general de Pemex, Raúl Muños Leos, ni el de
Petroquímica, Rafael Beverido, impugnaron entonces la decisión de
César Nava, a pesar de que conocían la exención de impuestos del
gobierno de Veracruz y de que los órganos internos de control ya
sabían de las irregularidades, principalmente de la relación entre
el representante de Pemex en el litigio y su contraparte.
Pemex realizó dos pagos, uno por 239 millones 757 mil 046 pesos en
efectivo y otro por 2 millones de pesos a Enrique Fuentes
Constantino, depositario interventor de los bienes embargados a
Petroquímica Morelos, empleado también de Asociados y Abogados
Internacionales. Los pagos se hicieron mediante depósitos en la
sucursal de Bital en Coatzacoalcos, a nombre de Asociados y Abogados
Internacionales S.C.
La contratación discrecional de este despacho por Marcelo Montiel
fue impugnada en su momento por los regidores de oposición, quienes
le reclamaban que el ayuntamiento contaba con sus propios abogados y
que a pesar de ello hubiera pagado a la firma 44 millones de pesos.
Sobre el destino de estos recursos, durante los siguientes meses en
que continuó como alcalde Montiel, nunca informó en qué se
invirtieron. Luego se convirtió en diputado local por el PRI.
Las traiciones
Pieza clave de este fraude fue el entonces apoderado legal de
Petroquímica Cosoleacaque, Rogelio Martínez Hernández. En el periodo
en que los complejos petroquímicos estaban embargados, previo a
autorizar el pago, Nava lo despidió junto con Ernesto Ordaz, por lo
que quedaron fuera del negocio. En venganza, Martínez Hernández
denunció el caso en sendos expedientes enviados a Vicente Fox, a la
Presidencia y a Francisco Barrio, titular de la entonces Secodam.
El 2 de mayo de 2002, Martínez presentó una denuncia ante el OIC en
Cosoleacaque, que habla de un “posible daño patrimonial contra Pemex
por indebido cobro de impuestos”.
Según Martínez, el 9 de mayo de 2002 los abogados de la OAG, Eloy
Patiño y Nunnki Aguilar, le informaron de su despido por
instrucciones de Alberto David López, asesor de César Nava “por
haberme quejado ante el Órgano Interno de Control de violaciones a
la normatividad en que incurrieron Juan Agustín López Huesca y
Rafael Beverido Lomelín”.
En su denuncia enviada a la Presidencia de la República y la
Secodam, Rogelio Martínez cita las irregularidades de Nava al
ordenar a sus subordinados “negociar” el pago de impuestos, sin
llegar al litigio.
Según Rogelio Martínez, una vez que denunció ante el OIC las
irregularidades -en las que él mismo participó-, “fui objeto de
amenazas y represalias por mis superiores, al grado de que en forma
indebida y en franca violación a mis derechos laborales se me
rescindido el contrato laboral con Petroquímica Cosoleacaque, sin
valorar las pruebas documentales ofrecidas en la investigación para
mi defensa, ya que sólo se me dijo que había línea para perjudicarme
por haber denunciado ante la Secodam”.
En reuniones posteriores a la publicación en Contralínea (junio de
2005) del caso de prevaricato de los abogados de la OAG, dos
abogados del área jurídica de Pemex en el Distrito Federal, ex
colaboradores de César Nava y luego de Néstor García Reza,
confirmaron a la reportera que en la oficina del abogado general se
elaboró el “machote” mediante el que Pemex pagó 241 millones de
pesos al ayuntamiento de Coatzacoalcos, y que allí mismo Nava giró
la orden de que el asunto no se peleara más en tribunales.
En una carta enviada a Contralínea, César Nava confirmó que la
decisión de pagar fue porque “las instalaciones de Petroquímica
estaban embargadas”, y que la negociación, incluso, le “ahorró” a
Pemex más de 700 millones de pesos de los 900 que demandaba el
ayuntamiento de Coatzacoalcos.
El que se hubieran embargado las cuentas de PPQ, contaron los ex
colaboradores de Nava a la reportera, “daba a César Nava mayor poder
de operación, al justificar que el pronto pago, sin llegar al
juicio, era para que las cuentas de Petroquímica fueran liberadas”.
Sobre la construcción del túnel de Coatzacoalcos, la empresa Grupo
Básico Mexicano, de la que Emilio Baños Urquijo es socio
mayoritario, diseñó el proyecto, las bases de concurso y asesoró en
el desarrollo de la adjudicación, misma que se entregó a la empresa
Túnel de Coatzacoalcos, S.A.
Para construir el proyecto, en 2003 se constituyó un fideicomiso con
recursos aportados por el gobierno de Veracruz, la iniciativa
privada y Banobras, dirigido en ese tiempo por Felipe Calderón.

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