Pemex: ¿Empresa o hermanita de la caridad?
Fuente:
CNEE-sur.net
(16/04/08)
• Por: Arturo Damm Arnal
La tesis es la siguiente: el petróleo es de todos, razón por la cual
debe usarse en beneficio de cada uno, para lo cual debe ser
explotado por el gobierno, a través de una empresa creada para ello:
Pemex, cuya tarea es, ante todo, dotar al gobierno de los recursos
suficientes para hacer realidad aquello de que, dado que el petróleo
es de todos, debe usarse en beneficio de cada uno, lo cual hace de
Pemex, más que una empresa, una hermanita de la caridad, siendo que
al final de cuentas no es ni una empresa productiva y competitiva,
(y de ahí la necesidad de la reforma), ni hermanita de la caridad
eficiente, tal y como lo muestra uno de cada dos mexicanos que
todavía, con sesenta años de Pemex a cuestas, sobrevive en la
pobreza.
En la iniciativa de reforma petrolera presentada por Calderón, el
presidente señala que “con los recursos que la reforma nos daría, el
Estado podrá (sic) garantizar plenamente el acceso a la educación de
calidad y a la plena cobertura de salud de todos los mexicanos”.
Afirma que sí es posible, reforma de por medio, “contar (…) con
recursos para vivir mejor: más escuelas, medicinas, clínicas,
hospitales, caminos, carreteras, puentes, agua potable, drenaje,
electricidad, vivienda”. Señala que “con la reforma (…) tendríamos
los recursos necesarios para crear preparatorias y universidades, a
fin de que ningún joven mexicano se quede sin estudiar una carrera
técnica o profesional por falta de oportunidades”, y termina
apuntando que “sí es posible que el petróleo siga siendo una palanca
de prosperidad que nos permita superar definitivamente la pobreza y
garantizar la educación y la salud de todos los mexicanos”.
Si a lo anterior le sumamos lo que una y otra vez ha repetido
Calderón —que “el petróleo es y seguirá siendo exclusivamente de los
mexicanos”—, se muestra que la tesis es la dicha: el petróleo es de
todos, debe usarse en beneficio de cada uno, para lo cual debe
explotarse por una empresa gubernamental, Pemex, cuya tarea
principal es proveer al gobierno de los recursos necesarios para que
éste, redistribuyendo entre nosotros, aunque sea en especie
(escuelas, medicinas, clínicas, hospitales, caminos, carreteras,
puentes, agua potable, drenaje, electricidad, vivienda), los
recursos generados por Pemex, haga realidad aquello de que, ya que
el petróleo es de todos, se use en beneficio de cada uno.
El resultado es que a Pemex se le exige que sea, desde empresa
productiva y competitiva, hasta hermanita de la caridad,
dispensadora de bienes para todos los mexicanos, siendo que lo
segundo depende de lo primero, sin olvidar, ¡aquí está el meollo del
asunto!, que al cumplir con lo segundo merma su capacidad para hacer
realidad lo primero, ya que, una vez que ha destinado recursos a sus
tareas caritativas, no le quedan suficientes para reinvertir, ¡y de
allí la urgencia de la reforma!
¿No sería lo más sensato exigirle a Pemex una sola tarea que, por
razones obvias, debe ser la de ser una empresa productiva y
competitiva, capaz de ofrecernos a los consumidores mexicanos, en
las mejores condiciones de precio, calidad y servicio, petroleo y
derivados? Y, suponiendo la reforma, ¿alcanzará para todo lo que ha
señalado el presidente, que se sintetiza en la afirmación de que “sí
es posible que el petróleo (…) nos permita superar definitivamente
la pobreza”? Con una renta petrolera, que el año pasado equivalió a
15.39 pesos, diarios, por persona, ¿alcanzará? Y suponiendo, ¡lo
cual es mucho suponer!, que la reforma haga posible la
multiplicación por dos de la mentada renta, 30.78 pesos diarios, por
mexicano, ¿serán suficientes para superar definitivamente la
pobreza? ¿Qué tan eficaz hermanita de la caridad puede ser, o llegar
a ser, Pemex?
arturodamm@prodigy.net.mx