Defenderé Pemex como un perro
Fuente:
CNEE-sur.net
(18/04/08)
•
Por: David Gutiérrez Fuentes
RESUMIR LOS ACONTECIMIENTOS políticos de la semana es sumergirnos en
un océano de incompetencia que refleja una realidad histórica
lacerante que ningún partido, ningún político y ningún loco
mesiánico están en posibilidades de cambiar por dos sencillas
razones: no pueden y no les da la gana. Ni los representantes de las
instituciones actuales, ni los que las mandan al diablo un día y al
siguiente las defienden envueltos en el lábaro patrio de manera
tramposa y una función de una agenda con una fecha simbólicamente
lejana: 2012, tienen una visión incluyente de país.
México sigue paralizado. Si cambiamos los nombres de personajes, de
algunos hechos, y si tomamos como referencia el periodo en el que la
pareja siniestra Fox-Sahagún, de un lado, y el cacique perredista,
del otro, gobernaban el país y la ciudad, los cambios han sido
mínimos. Las pataletas, aunadas al incremento del crimen organizado,
son los indicadores del nulo trabajo político en casi lustro y
medio.
Tanto intelectuales como periodistas orgánicos de una y otra bandas
siguen radicalizando las pasiones de los capos de sus respectivas
pandillas ideológicas. Pero los constructores de la polarización
parecen incapaces de entender que el modelo autoritario sobre el que
la partidocracia opera de manera criminal (la que toma tribunas y la
que pretende discutir reformas esenciales en tres semanas) nos está
conduciendo al despeñadero. El modelo autoritario de las franquicias
que exprimen el presupuesto excluye la discusión en todos los campos
y obstaculiza el acuerdo nacional. Su fin es preservarse mientras el
presupuesto dure.
EL PETRÓLEO es un buen ejemplo. De un lado tenemos una “iniciativa”
mediocre, hecha sobre las rodillas y liberada para su discusión
después de un intenso jaloneo especulativo al cuarto para las doce;
iniciativa que niega en el discurso la privatización de Pemex pero
en el papel promueve la inversión privada en refinación, operación
de ductos y almacenamiento de petroquímicos; proyecto calificado por
Cuauhtémoc Cárdenas (cuyo conocimiento sobre el tema pocos pondrían
en tela de juicio) como entreguista; iniciativa que de aprobarse en
los términos actuales implicaría, cito nuevamente al ingeniero, “la
desintegración de las cadenas productivas de la industria, ya de por
sí erosionadas ante la falta de inversión”.
Lo tragicómico es que del otro lado tenemos a un puñado de vividores
que siguen los dictados de un tipo delirante que textualmente ha
dicho: “Que se hunda Pemex”. “¡No se metan con Pemex, ése es mi
tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia”
(citas recopiladas por Ricardo Alemán y jamás desmentidas). Estos
vividores que tienen secuestrado al Poder Legislativo están
impidiendo el debate no sólo en materia energética, sino en otra
serie de temas que nuevamente están rezagando el trabajo de muchos
mexicanos. Al menos por lo que respecta a San Lázaro eso de “Cámara
de Diputados. Voluntad y capacidad para generar acuerdos” no es más
que una frase publicitaria idiota que nos costó millones. Por
cierto, los tomadores o secuestradores de tribuna no tuvieron
empacho en cobrar los salarios que democráticamente se aumentan año
con año.
EN OTRAS PALABRAS, no son los cincuenta, noventa o ciento veinte
días los que se necesitan para agotar una discusión que puede ser
fructífera y enderezar el entreguismo de Calderón devolviéndole a la
paraestatal un papel preponderante en el desarrollo económico del
país con la calificada opinión de expertos técnicos y políticos
probos con una visión nacionalista y moderna (¡uf!); la respuesta
tampoco es un referéndum con preguntas inducidas y hechas a la
medida. Lo que tenemos de fondo es la campaña presidencial de AMLO,
que ya se llevó al PRD entre los pies. El diagnóstico ya se lo
espetó AMLO a Navarrete: “Que se hunda Pemex”. “A Pemex lo vamos a
arreglar cuando lleguemos a la Presidencia”. Después de eso se supo
que se extendió una fuerte epidemia de pulgares en la boca entre
Adelitas y políticos de esa vacilada que preside Muñoz Ledo
denominada Frente Amplio Progresista.