“Pemex
necesita nuevo régimen tributario”: David Ibarra Muñoz
Fuente:
CNEE-sur.net
(22/04/08)
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Por: Daniel Blancas Madrigal
Propositivo. David Ibarra Muñoz afirma que la refoma energética del
gobierno debe incorporar más temas fundamentales.
Reserva probada de petróleo hasta 2018 por descuidos
“Los gobiernos de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox siguieron la
línea del descuido a la restitución de reservas y gasto en
exploración. Las reservas probadas de hidrocarburos disminuyeron 33
por ciento entre 2000 y comienzos del 2006, por lo que sólo se
dispone de reservas probadas hasta el 2018. A finales de 2007 la
importación de productos petrolíferos llegó casi a los 500 mil
barriles diarios y de gasolina excedió los 300 mil barriles”.
Secretario de Hacienda en el sexenio de López Portillo
David Ibarra Muñoz es economista, de militancia priista. Fue
secretario de Hacienda y Crédito Público durante el sexenio de José
López Portillo. Ha sido asesor de la Comisión Económica Para América
Latina y el Caribe (CEPAL) y presidente del Comité Editorial del
Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Es autor de
Ensayos sobre la economía mexicana (2006) y recientemente de El
desmantelamiento de Pemex (2008).
No le rehuye al pasado. Fue el artífice hacendario del presidente
José López Portillo, época en la que se hablaba de administrar la
abundancia del país: el petróleo entre las riquezas.
—¿Y qué pasó entonces? —se le pregunta.
—Se desató una inflación que no se pudo controlar, cayeron los
precios petroleros de manera terrible y se cometió una serie de
errores de política económica.
Casi 40 años después se ha colocado entre quienes apuestan por un
debate profundo sobre la realidad de la industria petrolera, con el
fin de liberar a Pemex —dice— “de una serie de prejuicios que la han
mantenido sobajada y en proceso de destrucción”, y de diseñar una
formula “para reestructurarla y revivir sus enormes utilidades, lo
que no se hace desde hace tres o cuatro lustros”.
En tono propositivo señala que el proyecto de reforma energética
presentado por el gobierno federal debiera incorporar temas
fundamentales: la extracción de recursos del fisco federal a la
paraestatal, la reconstrucción de su patrimonio y el establecimiento
de un régimen fiscal más adecuado.
“Lo que Pemex necesita es autonomía de gestión, que la saquen del
presupuesto y que le quiten buena parte de los controles
innecesarios a que está sometida, un nuevo régimen tributario, más
acorde con lo moderno, y no de acuerdo a un esquema complejo,
enredado, que liquida sus utilidades sin permitirle reinvertir”.
La empresa, enfatiza, “ha dejado de impulsar el crecimiento para
convertirse en instrumento equilibrador de corto plazo del
presupuesto público y de las cuentas externas”.
—¿Por qué? —la cuestión.
—Por la ausencia crónica de una estrategia energética de largo
plazo, como parte de las políticas de desarrollo y seguridad
nacional. Se optó por la extracción indiscriminada y se olvidó que
la producción y desarrollo de los hidrocarburos requiere de
inversiones continuas y cuantiosas en exploración y crecimiento.
Acusa que los gobiernos de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox
“siguieron la línea de descuido a la restitución de reservas y gasto
en exploración”.
Y, en este sentido, se arropa en las siguientes estadísticas: las
reservas probadas de hidrocarburos disminuyeron 33% entre 2000 y
comienzos del 2006, por lo que sólo se dispone de reservas probadas
hasta el 2018.
Y otros datos igual de alarmantes: a finales de 2007 la importación
de productos petrolíferos llegó casi a los 500 mil barriles diarios
y de gasolina excedió los 300 mil barriles. “Se gastaron más de 14
mil millones de dólares, dejando un déficit neto, de 11 mil
millones. Sólo la importación de gasolina asciende al 40% del
consumo nacional”.
—¿Y qué ocurre en refinación?
—La extracción de crudo pesado, que representa entre el 50 y el 55%
del total, no puede procesarse en las instalaciones de Pemex, porque
su capacidad de refinación es apenas de 1.5 millones de barriles
diarios de los cuales sólo el 39% corresponde al tratamiento de
crudos pesados. El resto se vende en los mercados foráneos, a
precios castigados, o se procesa en refinerías extranjeras a costos
elevadísimos.
Entre crudo pesado y ligero puede haber una diferencia en el precio
de 17 dólares por barril…
“Resulta inexplicable que en más de una década no se haya construido
una refinería de alta conversión de unos 400 mil barriles diarios
que permita sustituir importaciones y ahorrar millones de dólares”.
Reprocha también la práctica de obligar a Pemex a subsidiar gas,
gasolina y diesel por un monto de 2 mil millones de dólares anuales.
Pese a todo, refiere, el saldo comercial de hidrocarburos y sus
derivados se ha incrementado de 11 a 23 mil millones de dólares en
los últimos años.
Sugiere diseñar una estrategia para recuperar el patrimonio de Pemex,
que en 1995 ascendía a 82.6 mil millones de pesos y que ahora, por
el endeudamiento, se ha pulverizado…
La paraestatal, revela, le cedió al fisco de 1995 a 2006 tres
trillones de pesos.
“Con el alza de los precios del petróleo, el aporte petrolero a
Hacienda se acerca al monto total de impuestos directos e indirectos
cubiertos por empresas y personas. En consecuencia, los ingresos
tributarios de todo género del gobierno federal son aportados por
Pemex en cerca del 40%”.
—¿Qué se necesitaría para despetrolizar las finanzas públicas?
—Cuatro o cinco reformas fiscales como la del IETU (Impuesto
Empresarial a Tasa Única).
—¿Cuál sería su propuesta para revertir esta situación?
—Implantar una moderada reforma progresiva de impuestos directos
basada en la capacidad de tributar de empresas y personas de mayor
ingreso o consumo, o de plantear un gravamen recaudatorio como el
impuesto a las transacciones financieras que tanto éxito ha tenido
en países latinoamericanos como Argentina y Brasil.
Pone además sobre la mesa el tema de “la renuencia casi obligada de
los gobiernos estatales a ceder participación en las rentas de
Pemex. Una fracción de la participaciones federales, entre el 25 y
el 34%, están asociadas a los ingresos petroleros. Esta ha sido una
manera de politizar el petróleo y de poner a los estados a jugar por
la privatización”.
Debatir, solicita. Y no duda en plantear que el objetivo debe ser
“recobrar el papel del sector energético como pivote y no remo del
desarrollo”.
Sobre el diagnóstico de la situación actual de Pemex presentado por
la Secretaría de Energía opina: “Sólo subraya la situación
desastrosa, eludiendo profundizar en sus causas”.
Pide, en el contexto que vive el país, analizar con seriedad lo que
han dejado privatizaciones como la de la banca, la petroquímica, el
azúcar, las carreteras y la fabricación de bienes de capital.
“No parece haber reparo en aumentar el número de participantes en el
reparto de la renta petrolera, si con ello el fisco mexicano puede
seguir disponiendo de fondos sin cubrir los costos de una verdadera
reforma tributaria”.
Apunta que en la reforma federal se flexibiliza la regulación de
licitaciones y de contratación de servicios, admitiendo en casos
excepcionales la asignación directa o la invitación. De cualquier
manera, advierte, “se incurre en contingencias peligrosas, cuando se
permite pactar remuneraciones o incentivos tendientes a maximizar la
eficacia o éxito de la obra o servicio, la diferencia sustantiva con
un contrato de riesgo es por decir lo menos, bastante tenue, aunque
las remuneraciones y los premios no sean pactados en especie, sino
en efectivo”…