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¡ En defensa del patrimonio energético y la industria petrolera de México y por el respeto de los derechos y el desarrollo de los trabajadores de la energía !

 

Petróleo: medios y fines

Fuente: CNEE-sur.net
(23/04/08)

Eugenio Anguiano

La largamente anunciada reforma energética, en particular la de la industria petrolera nacional, ha provocando una feroz polarización en el Congreso de la Unión, que repercute en los medios de comunicación y es retroalimentada por éstos. En este debate no se escucha la voz de una opinión pública no partisana, a la cual le queda como nunca el mote de “mayoría silenciosa”.

Por una parte está el núcleo del gobierno panista de Felipe Calderón Hinojosa; una proporción mayoritaria de legisladores y agrupaciones e individuos de la sociedad civil de variada pertenencia social, pero con predominio de sectores acomodados empresariales; académicos de universidades privadas; una parte quizá minoritaria de intelectuales, y algunos que podrían identificarse como la derecha nacional.

Los pertenecientes a este conjunto se muestran escandalizados por las acciones a las que ha recurrido el extremo opuesto, la izquierda en sus diferentes matices y los partidos políticos aglutinados en esa alianza de ocasión denominada Frente Amplio Progresista (FAP), para parar en seco el debate formal de las iniciativas del gobierno, remitidas finalmente por el Presidente de la República al Congreso el pasado 8 de abril, y referentes a la reforma de diversas leyes en materia petrolera y energética del país, principalmente de la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional.

Los opositores a dichas propuestas, que viéndolas con cuidado carecen de un sentido de transformación a fondo de la industria energética, han recurrido a prácticas violatorias de los principios de una democracia representativa, por ejemplo la de movilizar personas —la mayoría de ellas convencidas de que está tramándose la privatización de la empresa nacional Pemex— para impedir el acceso a las cámaras de Diputados y de Senadores, mientras legisladores del PRD y sus aliados se apoderan de los salones de sesiones e impiden el debate.

Sin duda es reprobable tal conducta, sobre todo porque proviene de grupos que postulan la defensa de la democracia, el imperio de la ley, la defensa de los derechos individuales y la lucha contra la inequidad social, y también porque el grueso de los que participan se subordinan a las instrucciones de Andrés Manuel López Obrador, personaje de la política nacional muy próximo al prototipo del político manipulador que describiera Maquiavelo, para quien los fines perseguidos justifican el uso de cualquier medio.

Lo esencial de esta relación medios-fines radica precisamente en los fines perseguidos. Resulta poco convincente que la “razón” del rechazo al diálogo legislativo sea, como escribiera en este diario el coordinador de Convergencia en la Cámara de Diputados, “la defensa de la industria petrolera”, sinónimo de “profundo nacionalismo” —agregó el coordinador. Este tipo de retórica, muy repetido por los “patriotas” que salvan al país de las maquinaciones de los malvados que quieren entregar la riqueza de los mexicanos a manos privadas, extranjeras o nacionales, desprestigia acciones que, por otra parte, colindan en lo irracional.

El FAP, López Obrador y quienes pretender evitar un ardid para abrir la puerta a los negocios privados, que no a la modernización y racionalización de la industria petrolera nacional, deberían ofrecer un proyecto alterno al del gobierno, que sea verdaderamente reformista. Por lo pronto, deberían explicar, sin demagogia, el verdadero contenido de las propuestas de reforma jurídica, las trampas contenidas en la propuesta de Felipe Calderón cuando se habla de la incapacidad de Pemex en cuanto a evitar la caída de las reservas de hidrocarburos y a elevar la producción de los refinados, y la falacia de que eso solamente podría resolverse a partir de la libre asociación de Pemex con empresas privadas locales o extranjeras.

Una vez paralizada la acción legisladora, cabe decir que por medios ilegítimos, habría por lo menos que tratar de volver al discurso objetivo, usando para ello el abundante material de quienes (y son varias personas) han explicado los alcances reales del proyecto gubernamental, y hacer una autocrítica de la industria petrolera nacional, de sus despilfarros y de su larga historia de corrupción. Porque finalmente no es Pemex lo que está en juego, sino la posibilidad de que se construya una política de Estado con la cual se alcance la transformación de la industria petrolera en beneficio del desarrollo económico del país.

Profesor investigador de El Colegio de México

 



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