Los
peligros de la privatización de Petróleos Mexicanos
Fuente:
CNEE-sur.net
(24/04/08)
•
Maximiliano Sbarbi Osuna
http://www.pmundial.com.ar
No es casual que el actual presidente de México, Felipe Calderón,
delfín de su predecesor, Vicente Fox, haya sido secretario de
Energía del gobierno anterior. El intento de privatizar el 70 % de
la empresa petrolera estatal Pemex, que fue y es el orgullo del
nacionalismo mexicano, ha provocado una grave crisis institucional y
una verdadera guerra dentro del Parlamento y entre partidos
políticos, que no registraba antecedentes desde julio de 2006 cuando
Calderón ganó las elecciones por estrecho margen a su rival de
centro izquierda Andrés Manuel López Obrador, quien denunció fraude
y se autodesignó presidente legítimo.
Un informe elaborado por el gobierno de México detalla que en los
próximos 13 años, la empresa estatal tendrá un déficit de 500 mil
barriles de petróleo diarios, lo que equivale a 14 mil millones de
dólares anuales menos, si no se abre a la participación de empresas
privadas con tecnología y capacidad suficiente como para explotar
yacimientos en alta mar, que suponen un costo de extracción mucho
mayor.
Por eso, el gobierno de Calderón envió al Congreso un proyecto de
ley con el que se estaría permitiendo el ingreso de capital privado
nacional y extranjero dentro de Pemex, lo que pone en peligro una
enorme fuente de ingresos para el sector público.
Los puntos álgidos entre defensores y detractores de la
privatización están centrados en que la prioridad y la mayor parte
de las ganancias de las explotaciones de los nuevos pozos serían
asignadas para los nuevos socios privados, y aunque aun falte
explorar el 75 % del territorio mexicano, este trabajo quedaría
establecido al sector privado. La media internacional indica que un
tercio de las zonas exploradas se convierten en lugares aptos para
extraer el crudo, por eso las empresas inversoras no dudan en
aceptar esta sociedad o privatización encubierta, ya que cuentan con
la certeza de estar primeras en la obtención de ganancias por los
nuevos pozos descubiertos.
Otro punto discordante es que se va a conceder al sector privado la
refinación y la red de transportes, que conforma uno de los
segmentos de mayor valor agregado de la industria petrolera.
Además, para que esta medida no viole la Constitución, el Poder
Legislativo debe modificar un artículo que legalice el ingreso del
capital privado dentro del sector energético.
Este puede ser un primer paso en la privatización de los
hidrocarburos mexicanos, y como ocurrió durante la década del 90 en
Argentina, podría haber una segunda fase de privatización total.
Las excusas de la prensa adicta suenan conocidas en nuestro país:
“Pemex es un monopolio estatal que permite llenar los bolsillos de
funcionarios corruptos de la secretaría de Energía” y “El Estado no
está en condiciones de realizar inversiones de capital de riesgo en
exploración hidrocarburífera”.
Estas verdades a medias merecen como última solución la
privatización y menos aun de sectores que deben continuar en manos
estatales, por ello sería viable analizar la propuesta del
presidente brasileño Lula da Silva de asociar a Pemex con Petrobras,
de esta manera el ingreso de tecnología permitiría al Estado
Mexicano continuar obteniendo los beneficios que sostienen a los
sectores más débiles de la sociedad y limitaría la tarea del capital
privado, conformado por algunos sectores de Petrobras, a aportar lo
que carece la empresa estatal mexicana.
Pemex nació en 1938, luego de que el presidente Lázaro Cárdenas
expulsara e indemnizara a las compañías extranjeras de los campos y
de la actividad petrolera en suelo mexicano. El conflicto había
estallado un año antes cuando una huelga de trabajadores, que
demandaban mejores condiciones laborales, paralizó la actividad
petrolera privada y por ende gran parte de la actividad económica
del país. Entonces, un tribunal federal falló a favor de los
trabajadores, veredicto que no reconocieron las empresas
extranjeras, lo que provocó su nacionalización.
Desde su creación Pemex no sólo ha sido un símbolo del poder del
Estado Mexicano, sino que en la actualidad aporta una gran cantidad
de divisas mediante exportaciones, sobre todo a Estados Unidos. Con
el 68 % de las ganancias que produce se financia gran parte del
presupuesto en educación, salud y creación de empleos.
Las posibles consecuencias de la privatización de Pemex las podemos
observar en lo que hoy se ha convertido YPF: aumento de los precios
del combustible para los consumidores internos, falta de
inversiones, limitación de la explotación a pozos seguros, ausencia
de nuevas exploraciones, despidos masivos de trabajadores, nulo
cuidado del medio ambiente y la falta de control estatal en la
cantidad de exportación de gas y petróleo.
El mercado internacional, sobre todo el estadounidense, requiere del
sostenimiento de la extracción de los hidrocarburos mexicanos, por
ello, para evitar una depresión en la producción, exige la
privatización, que es el camino más fácil para los compradores
externos, pero el más costoso para la sociedad mexicana.