Corrupción y régimen fiscal
Fuente:
diarioolmeca.com.mx
(20/08/07)
Energía
Comentábamos aspectos de la corrupción y de la falta de
transparencia en Petróleos Mexicanos (Pemex)...
Por: David Shields.
Desde entonces, la
bancada panista en el Senado ha dado a entender que condicionará su
apoyo a modificaciones del régimen fiscal de la paraestatal a que se
aprueben mayores controles y una mayor rendición de cuentas.
A su vez, el titular de la Secretaría de la Función Pública, Germán
Martínez, se ha expresado a favor de crear un comité de auditoría
que vigile el manejo de los recursos, sobre todo para evitar
transferencias excesivas al sindicato.
Estos planteamientos generan cierta desconfianza, porque la historia
moderna del país y de Pemex demuestra que es muy débil el compromiso
de la clase política con los controles y la transparencia.
Ejemplo de ello es que, hace dos años, cuando se revisó el régimen
impositivo de Pemex, los legisladores suprimieron una propuesta para
crear un comité de auditoría en el consejo de administración que
habría obligado a una mayor rendición de cuentas de acuerdo con las
mejores prácticas internacionales para las empresas petroleras del
Estado.
Los integrantes de dicho comité habrían sido profesionales externos,
con experiencia técnica, administrativa y financiera y sin
conflictos de interés personales, patrimoniales o económicos.
La falta de transparencia en Pemex es un asunto estructural de
gobierno corporativo, propio de un monopolio mal manejado por los
políticos.
Las direcciones general y corporativas y sus respectivos consejos
son una zona casi libre de rendición de cuentas y se desconocen
tanto sus criterios internos como sus decisiones. Lo menos
transparente de Pemex son esas decisiones políticas y de negocios
del más alto nivel, a veces envueltas en intrigas políticas.
Ahora resurge la propuesta de crear un comité (o comités) de
auditoría. Sin duda, este tipo de comités serán útiles en la medida
en que se enfoquen sobre esas decisiones de alto nivel, siempre y
cuando no estén sujetas a presiones políticas de diversa índole y no
sean ignorados por los más poderosos, ya que su propósito sería
precisamente vigilar a éstos.
Al mismo tiempo, preocupa que mediante una modificación al régimen
fiscal de Pemex se pretenda destinar más recursos a la paraestatal,
sin que haya una clara voluntad política para desendeudarla ni
reestructurarla a fondo. Sin soluciones reales, más dinero puede
significar más corrupción.
También preocupa que un objetivo fundamental del nuevo régimen
fiscal propuesto por el PRI y el PRD sea garantizarles a las
entidades federativas –o sea, a los gobernadores, quienes manejan
los recursos en forma discrecional– una participación elevada y
estable (o incluso creciente) en los ingresos de Pemex, aun cuando
estos ingresos tienden a disminuir año con año.
Si bien es válido pretender robustecer las finanzas de los gobiernos
estatales, habría que cuestionar que este objetivo se logre a base
de ordeñar a la primera empresa de la Nación.
Asimismo, es una falacia pensar que una reducción en los derechos
que paga Pemex por la extracción de hidrocarburos pueda significar
que el organismo dispondrá de más fondos para sus inversiones y sus
operaciones.
En la práctica, Pemex es controlado en el ámbito fiscal-financiero
por la Secretaría de Hacienda, quien puede manejar a su arbitrio
aspectos como el superávit primario para autorizar o no los recursos
que el Congreso decida destinar a Pemex.
Así, las decisiones del Congreso quedan en meras expresiones de
buena voluntad. Por lo mismo, Pemex no podrá invertir más ni sanear
sus finanzas, si no cuenta con autonomía presupuestal y una política
de repago y disminución de su deuda.
Se ha dicho en diversos foros que la solución está en reorganizar a
Pemex como empresa nacional, al estilo de las empresas nacionales de
Brasil y Noruega, para que realmente opere con criterios
empresariales y no como organismo público descentralizado.
A fin de que esto suceda, es probable que Pemex requiera un nuevo
marco jurídico y estructuras de gobierno corporativo con la
participación activa de la sociedad y los inversionistas.
Un mejor futuro para Pemex significa realizar reformas más profundas
a fin de desligarlo lo más posible de la burocracia, del fisco y de
los criterios políticos. De otro modo, la rendición de cuentas
quedará en letra muerta y las decisiones de alto nivel seguirán
provocando escándalos recurrentes.
David Shields es analista de la industria energética. shields@energiaadebate.com.mx