Frente a la displicencia de
legisladores y partidos de izquierda
Conducido por trasnacionales el ASPAN avanza
Fuente:
UNTCIP.net
(20/08/07)
Columna: Energéticos y
Capitalismo
Nicolás Alfredo Hernández Peñaloza*
Pocos recuerdan que el levantamiento del EZLN, el 1º de enero de
1994, coincidió con la firma del Tratado de Libre Comercio entre los
gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México, sueño largamente
acariciado por los tecnócratas neoliberales conducidos por Salinas
de Gortari. Una de las virtudes del movimiento zapatista, que rebasó
al partido electoral PRD, fue denunciar la gravedad de este hecho
pues se trataba de legalizar el libre paso a las trasnacionales sin
importar las penurias de la población.
Así ha sucedido: con toda libertad y sin impuestos de por medio,
introdujeron sus mercancías, negocios y capital, desplazando en la
economía a los productores nacionales. Como consecuencia, debido a
las carencias financieras y tecnológicas y a la inclinación de los
“empresarios” mexicanos por “asociarse” con extranjeros, se reafirmó
el estancamiento y la destrucción de cadenas productivas y
actividades económicas (siendo las primeras las del campo mexicano,
los ferrocarriles, la manufactura y la petroquímica), la agudización
del subempleo y desempleo, la flexibilización de los derechos
laborales y el incremento de miserables y emigrantes. Pero también
el desplazamiento del Estado en lo que se refiere a su tarea de
garantizar la seguridad social y la educación, entre otros
servicios, los cuales ya están en franco proceso de privatización y
de apropiación, por parte también, de capitales extranjeros.
¡Cuanta razón tuvieron!; lo único que les faltó especificar es que
México destacaría, en una década después, por contar con los
oligarcas más ricos del mundo y por contribuir a la bonanza de las
trasnacionales norteamericanas y españolas (entre las que destacan
por cierto, las bancarias, las petroleras y de energía).
Pero también ha habido un discurso y una campaña mediática con la
que se justifica la imposición de este modelo neoliberal: el mito de
la modernidad y la globalización, ocultando lo que en realidad es:
la legalización y legitimación de mecanismos para que los
capitalistas puedan seguir enajenando la riqueza producida por los
trabajadores y acumulando cuantiosas riquezas y poder.
Hoy, el proceso continúa pero bajo otras circunstancias, modalidad y
nombre.
El gobierno norteamericano, en representación de los intereses de
los grandes capitalistas financieros y sus corporaciones se ha
enfundado en el discurso de la democracia y la lucha contra el
terrorismo y de ahí ha derivado a la “necesidad” de la integración
para la seguridad.
Las corporaciones y poderosos norteamericanos no se satisfacen con
el saqueo que históricamente han hecho de las demás naciones; sino
que han carcomido la economía y malformado la cultura de su propio
país, donde resalta el consumismo, que gesta entre tantos vicios la
dilapidación de energéticos, cuyas materias primas deben importar en
cerca del 60 % y que hoy los hace afrontar los altos precios de los
hidrocarburos (petróleo y gas) y no poder ocultar que son los
principales causantes de la contaminación y el cambio climático, que
a ellos ya les está causando estragos. La resultante es que su
economía no escapa del estancamiento y por el contrario ya muestra
síntomas de una grave crisis. El sistema de los capitalistas no
tiene viabilidad y se hunde en su naturaleza individualista,
abusiva, anárquica e inhumana.
A la par, la hegemonía de Estados Unidos se está desgranando y el
desarrollo de nuevos bloques económicos y políticos en Europa, Asia
y Latinoamérica; así como la creciente lucha de los pueblos en
defensa de sus recursos y el derecho a construir sus propios rumbos,
lo aislan más y más.
Por ello, han cambiado al discurso de la seguridad energética y
lucha contra el terrorismo (que entre otras cosas les ha permitido
revitalizar sus negocios de la industria bélica); y últimamente, la
lucha por salvar al planeta promoviendo sus nuevos negocios
energéticos y ambientales.
Cada vez son menos reductos bajo su plena influencia y uno de ellos
es la región de Norteamérica que incluye a Canadá y a México. De ahí
que le sea prioritario reforzar el proceso de control regional que
ha vendido como integración y que en agosto del 2005 (en una Cumbre
de jefes de Estado en la cual estuvo Fox) Bush relanzó como Alianza
para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN),
también denominado NAFTA por sus siglas en inglés, TLC plus o
“integración profunda”.
Lo grave para el caso de México, que actualmente es gobernada y
asesorado por entreguistas confesos del tipo de Salinas, Fox,
Calderón, Téllez y demás aliados priístas; es que está supuesta
alianza ya no sólo se circunscribe al ámbito económico, comercial y
financiero; sino que compromete y buscará legalizar obligaciones de
seguridad y compromisos militares, que van desde que Cartens y la
Secretaria de Energía acepten entregar el escaso combustible del
reactor del Instituto de Investigaciones Nucleares hasta ejercicios
militares conjuntos; así como mantener políticas petroleras como la
que se ha aceptado por los gobiernos priístas y panistas -en más de
25 años- de no construir refinerías en México para mantener las
cuotas de exportación de crudo a Estados Unidos, al fin que como
siempre afirmaron la globalización y la modernidad nos permite
adquirir gas, gasolinas y petroquímicos en “nuestro” mercado
regional con nuestros “socios” comerciales.
Lo anterior es aún más grave e infame cuando las recomendaciones y
acuerdos de las Cumbres de Jefes de Estado, que desde 2005 suscriben
los presidentes de Estados Unidos, México y el primer ministro de
Canadá, como ocurrirá este 20 y 21 de agosto en las cercanías de
Montreal; son producto de agendas, mesas de trabajo y
recomendaciones de los jefes de las trasnacionales de la región, sus
empleados insertos en las secretarías de gobierno en México y de
oligarcas nacionales beneficiarios del neoliberalismo en México; que
obviamente nada tendrán que ver con los intereses de la inmensa
mayoría de los mexicanos.
Pero este tema es intrascendente para los legisladores mexicanos,
que poco o nada han atendido la exigencia del diputado representante
del Sindicato Mexicano de Electricistas Antonio Almazán integrante
del Comité Nacional de la Energía, quién ha presentado desde el
primer semestre del año un punto de acuerdo que demanda del Gobierno
Federal informes de los acuerdos en torno al ASPAN; e intrascendente
lo ha sido también para los dirigentes nacionales y estatales de los
partidos que se denominan de izquierda o representantes de los
intereses populares que dicen luchar por un nuevo rumbo de nación.
* Trabajador de PEMEX Exploración Producción, fundador de la UNTCIP
y el Comité Nacional de la Energía, coordinador del Instituto de
Estudios Energéticos de los Trabajadores de América Latina y el
Caribe en México.