Noticias Petroleras

 

¡La UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!


Punto de Vista: Un comienzo peligroso

Fuente: vanguardia.com.mx
(19/12/06)


Por Luis Dorbecker Aguirre

El proceso de aprobación del presupuesto federal para 2007 no ha dejado de ser fluido dentro de un contexto político muy inestable, lo cual habla de la cualidad negociadora de Agustín Carstens, quien a su vez puede estar perdiendo el rumbo desde el principio

Es frecuente que al hacer referencia al presupuesto, tanto de gastos como de ingresos, se expresen verdades a medias y prejuicios que dificultan ver con claridad las consecuencias de diferentes acciones.

Es cierto que la recaudación fiscal es baja, de alrededor de 11 por ciento del PIB, pero no es cierto que el gasto sea bajo, pues anda alrededor del 29 por ciento del PIB, cuando en los Estados Unidos está cerca del 30 por ciento. En ambos casos se considera los gastos de seguridad social para poder hacerlos comparables. La baja recaudación mexicana se ha venido compensando con la fiscalidad que hasta fechas muy recientes recaía sobre los ingresos de Pemex, empresa que estaba muy limitada para hacer inversiones.

La descapitalización de Pemex aunada al agotamiento de los pozos en explotación y las pocas reservas probadas con que se cuenta colocan a la empresa paraestatal en una situación muy difícil, porque además, enfrenta una perspectiva de precios menores a los tan elevados que recientemente ha tenido. En estas condiciones el Gobierno Federal no puede contar con la cómoda solución de usar los extraordinarios ingresos de Pemex. El problema actual no es pues aumentar un gasto público que ya es elevado, mucho se lograría si puede mantenerse e incluso si puede lograrse que baje poco.

Por un lado, la situación descrita obliga a una fuerte austeridad en el gasto y por el otro hace necesario sustituir con mayor recaudación fiscal la caída de los ingresos petroleros asignables al gasto público. Dicho de otro modo, es necesario mejorar cualitativamente el ejercicio del gasto público, definiendo prioridades y haciendo buen uso de los recursos públicos, al mismo tiempo que se aumenten los ingresos fiscales. No es fácil.

Ya en el siglo 18 un economista inglés, William Petty (1623-1687), expresaba que “… el pueblo opina que el soberano pide más de lo que necesita… lo que molesta más a los contribuyentes es que se les impongan gravámenes más elevados que a sus vecinos… se quejan mucho, si piensan que el dinero que les ha sido quitado se gaste en diversiones, representaciones o arcos triunfales… el pueblo se queja de que los reyes dediquen a sus favoritos el dinero que quitan al pueblo”. El texto es muy claro, por lo que no requiere de más explicaciones a pesar del tiempo transcurrido.

En el México actual tenemos que la mayor parte, si no es que la totalidad, de los mexicanos no tenemos confianza en la integridad —hacer lo que se dice— y en la orientación del gasto —más gasto social y menos inversión— aparte de la proverbial deshonestidad que todo lo alcanza. Los mexicanos desconfiamos profundamente de nuestros gobernantes, lo cual no es deseable, pero está de sobra justificado.

Por otra parte, en nuestro país se da un fenómeno insólito, contrario a todos los principios democráticos y republicanos, que consiste en que los gobernantes no confían en los ciudadanos. Esta situación absurda y aberrante está muy arraigada y es falsamente justificada; sin embargo, es parte de una cultura que inhibe el ejercicio de los derechos ciudadanos y entorpece el desarrollo de la actividad económica. El Gobierno no puede por sí mismo producir el desarrollo y la prosperidad que anhelamos, quienes sí pueden producirla son los ciudadanos. El ciudadano es el único actor posible, no depositar en él la confianza que como tal merece es alejarnos del camino del bienestar económico.

Cuando la SHCP propone eliminar la deducibilidad de los pasivos en el cálculo del IMPAC y reduce la deducibilidad de los automóviles y de los gastos en restaurantes, aduciendo que existe una gran evasión y elusión fiscal por parte de las empresas, primero, se está reconociendo, pero no corrigiendo, el fracaso de un sistema fiscal basado en la desconfianza. Segundo, se refuerza una desconfianza que no tiene más origen que la ineptitud y el autoritarismo de gobernantes poco preocupados de sus ciudadanos, y, tercero, se pretende recaudar más castigando a quien invierte. Mediante la inversión se hace posible incorporar las nuevas tecnologías que nos harían competitivos y se genera el empleo, que no es posible generar de ninguna otra manera.

Los impuestos al tabaco y a los refrescos, son regresivos, implican una reducción del poder adquisitivo de grandes sectores de la población con los niveles de ingreso y gasto más bajo, lo cual también inhibe el potencial de desarrollo del mercado.

Las primeras propuestas fiscales están muy lejos de constituir un nuevo rumbo o la corrección de infructuosas experiencias del pasado.


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