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Hacienda y la pedagogía de los impuestos

Fuente:cronica.com.mx
(17/12/07)

• Por: Ricardo Becerra

Echele un vistazo a los problemas del crecimiento y del desarrollo económico: En España bajan los impuestos, suben el gasto público y llevan tres años consecutivos con superávit en las finanzas del gobierno. Magia, alucinación, una situación sencillamente impensable en nuestras latitudes. Como apuntaba el diputado español Jordi Sevilla (El País, 5 diciembre, 2007) su país está mejor preparado que nunca para enfrentar cualquier vaivén del ciclo económico local o internacional. Por lo cual, el tema español ya no es el de siempre (cuánto y cómo financiar su déficit público), sino qué harán con sus arcas previsiblemente llenas.

Lo más asombroso de esa situación es que con Rodríguez Zapatero, el gasto ha crecido en 60 mil millones de dólares, especialmente en inversiones para infraestructura; becas a estudiantes (que han crecido en un 53%); el fortalecimiento de los servicios públicos y el incremento del gasto social, sobre todo vía pensiones mínimas y establecimiento de nuevos derechos (como el llamado cheque bebé ayuda económica estatal a la maternidad), etcétera. ¿Cómo lo logran? Con una combinación eficaz de crecimiento económico sostenido y una fuerte fiscalidad que desde la era de Felipe González casi cuadruplica a la mexicana.
Como se sabe, nosotros habitamos un mundo antípoda, los problemas exactamente al revés. Con todos los trabajos que pasó la Secretaría de Hacienda durante las negociaciones de este año, apenas se logró un modesto cambio fiscal (aunque en un sentido correcto, es decir, recaudador y no regresivo) muy insuficiente.

Según los dictámenes aprobados en septiembre por la Cámara de Diputados, la estimación de aumento a la recaudación —gracias al nuevo IETU y el aumento a la gasolina— será equivalente al 3 por ciento del PIB en el 2012 (unos 160 mil millones de pesos de entonces). A las claras, digo, esto es limitado porque desde ahora, con fatalidad estructural, se ciernen sobre nosotros varios fenómenos que carcomerán las finanzas públicas mexicanas en el curso de este mismo sexenio: El declive petrolero y el imparable crecimiento de las pensiones conforme el país se hace viejo.

Según un estudio del FMI, con el esquema actual, la fiscalidad de México es viable sólo hasta el año 2011. El efecto combinado del pago de pensiones y la disminución en la producción de Pemex, obligará a una nueva ronda de negociaciones y a una revisión al alza de los impuestos. El organismo internacional plantea que el tamaño del reto es nada menos que del 10 por ciento del PIB para el año 2020, es decir, se trata ¡casi de duplicar la carga tributaria de los mexicanos en sólo una década!

La transformación requerida será entonces, la más grande reforma estructural vivida por el país en décadas, no sólo porque se trata de la más vieja asignatura pendiente de nuestra economía política, sino porque podría representar la primera reforma económica con posibilidades de alterar las condiciones de distribución del ingreso y la riqueza en México.

Esa es mi visión personal, claro, y puede ocurrir lo contrario (una despiadada involución regresiva), pero que nadie pierda de vista la realidad pura y dura, en la cual Pemex ya no podrá venir a salvarnos justo en el momento en que se multiplican las necesidades de seguridad y cobertura de nuestro masivo envejecimiento. En otras palabras: México será viable sólo en la medida en que se obligue a pagar más y más impuestos.

Todo esto va a requerir una (otra) negociación mayor, entre el Estado, los partidos y los sectores sociales. Va a requerir de mucho talento político y de una rara voluntad estatal para enfrentar un problema impopular e histórico. Va a requerir que los ciudadanos tengan muchas más garantías de que su dinero va a ser bien ejercido, útil socialmente y estar bien administrado. Pero también va a requerir una obra de pedagogía política y cultural a favor de los impuestos, una incursión cultural que explique y garantice la absoluta necesidad y dignidad de los impuestos en la sociedad moderna.

Pues si los mexicanos siguen asumiendo que los impuestos son una monserga, una carga y no el justo precio que una ciudadanía responsable paga por cohesionar a su sociedad y de hacerla menos insegura y desigual, la empresa se desempeñará en el fracaso.
Sé que los impuestos no son un fin en sí mismo, pero todos los derechos legalmente exigibles cuestan dinero. Sin impuestos es imposible construir libertad y seguridad, luchar contra la violencia o atemperar la desigualdad. Lejos de ser una obstrucción, los impuestos son una condición del desarrollo, y estas verdades, deben formar parte cuanto antes, de nuestro sentido común, deben formar parte de un consenso político y económico, si queremos darle viabilidad a un país y a un Estado que en pocos años, cruzarán sin remedio, por otra borrasca financiera.

El perfil de México en el siglo XXI depende de instalar masivamente esta sencilla noción de la civilización… la pedagogía de los impuestos.

ricbec@prodigy.net.mx

 



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