Un México ganador
Fuente:
UNTCIP.net
(24/12/07)
• José Antonio Rojas
Nieto
Este viernes el crudo marcador West Texas Intermediate (WTI) cerró
en el mercado spot de Nueva York con una cotización superior en 2.25
dólares a la del jueves pasado. Con esto su promedio de diciembre
llegó a poco más de 90 dólares por barril. Y el promedio anual
prácticamente a 72 dólares, casi siete dólares más que su promedio
anual de 2006, 15 más que el de 2005, 30 dólares por encima del
promedio anual de 2004 y, para sólo dar otro número más, casi 58
dólares superior al nivel más bajo del periodo 1974-2007, justamente
los 14.45 dólares corrientes por barril registrados por el promedio
anual del WTI en 1998.
Hoy, casi 10 años después de este bajísimo promedio, sabemos de sus
consecuencias, como también las sabemos en el caso del hierro, del
níquel, del cobre, incluso del acero, pero también del maíz, del
trigo, del café, del arroz.
Todo castigo al precio de los productos, que lleva sus precios de
mercado por debajo de lo que David Ricardo llamaría su precio
natural, más pronto que tarde se convierte en su contrario. Por eso
hoy vivimos una compleja reivindicación –por demás evidente en el
caso del petróleo–, que lleva los precios de mercado ya no sólo a
ese nivel natural –el determinado por las condiciones de producción–
sino a un nivel superior.
¿Qué tan superior en el caso del petróleo? En primera instancia el
determinado por el yacimiento más caro cuya producción es exigida
por el nivel del consumo mundial. Pero –en segunda instancia– por el
que determina la especulación propiciada y aceptada por un mercado
temeroso del desabasto.
Desde 1999, como casi todos los productores de costos inferiores a
esos más costosos que exige la demanda mundial, para bien y para mal
México aprovechó esta espiral de ascenso de precios. De 1999 a 2006
la Secretaría de Hacienda recogió por concepto de derechos de
extracción de hidrocarburos 236 mil millones de dólares actuales de
2007.
Su presupuesto original de estos derechos, de esta renta petrolera
–el de los famosos Criterios Generales de Política Económica de cada
año– era de aproximadamente 177 mil millones de dólares, también de
2007. En buen romance esto significa que se tuvieron excedentes del
orden de los 59 mil millones de dólares actuales, excedentes que, en
principio, no habían sido considerados en el gasto gubernamental.
¿Cómo explicar entonces el haber arribado al escenario catastrófico
que se presenta en el Programa Sectorial de Energía? ¿Cómo
explicarnos este escenario en el que parecemos condenados a sufrir
el decaimiento secular de nuestros yacimientos, Cantarell por
delante?
¿Cómo, asimismo, aceptar que hemos llegado a una situación en la que
aparentemente no tenemos más de cinco a seis años de seguridad
energética petrolera? ¿Después de haber recibido esos 236 mil
millones de dólares, derivados básicamente de la bondad de la sonda
de Campeche? ¿Cómo? ¿Cómo, finalmente, entender que la única
alternativa a este escenario catastrófico es el eufemísticamente
llamado escenario sobresaliente, que en el fondo contempla la
abdicación al mandato del artículo 27 de la Constitución en materia
petrolera?
¿Cómo? ¿Sabe usted quién fue uno de los secretarios de Energía que
–en principio– debió haber estudiado, cuidado y advertido en su
momento, del arribo al escenario catastrófico que se nos presenta
hoy? Sí, adivinó usted. Es el mismo que este año 2007 también
recibirá uno de los montos de derechos de extracción de
hidrocarburos, de renta petrolera más abundantes de nuestra historia
petrolera reciente: no menos de 50 mil millones de dólares. Y que
propone las eufemísticamente llamadas reformas estructurales
–especialmente la laboral y la energética–, que permitirán a nuestro
país –según su decir– convertirse en un México ganador… nada más
que… sin los actuales artículo 27 y 123 de la Constitución.
¡A buen entendedor…saludos!