Resurrección del nacionalismo petrolero global
Fuente:
UNTCIP.net
(22/01/08)
• Alfredo Jalife-Rahme
Las corrientes históricas a inicios del siglo XXI van contra las
trasnacionales petroleras y gaseras anglosajonas, que prácticamente
dominaron todo el siglo XX y pudieron desarrollar su tecnoindustria
gracias a un precio excesivamente bajo de los energéticos.
La supervivencia de las cinco super majors (que tradujimos como
súper-trasnacionales petroleras privadas, STPP) se encuentra en tela
de juicio (ver Bajo la Lupa,16/1/08), lo cual destacan sus propios
comentaristas desde el reporte del Pentágono al respecto
(“Resurrección del nacionalismo petrolero en Latinoamérica”, ver
Bajo la Lupa, 2/07/06), pasando por la confesión británica de Carola
Hoyos sobre el ascenso irresistible de las empresas estatales (“Las
nuevas siete hermanas estatales”, The Financial Times, 11/3/07),
hasta el ensayo de Jean-Pierre Sereni en Le Monde Diplomatique
(marzo 07), retomado en Bajo la Lupa (“Declive de las petroleras
privadas”, 27/5/07).
Ya el británico Oliver Morgan (The Observer, 29/10/06) acotaba que
“las gigantes trasnacionales del petróleo se encuentran en
problemas, con la disminución de sus reservas, el aumento de
impuestos y costos, mientras los países productores reniegan (sic)
sus acuerdos o nacionalizan sus activos”. No oculta que “por encima
de todo, se encuentra la tendencia creciente del nacionalismo
energético que rodea al planeta”.
Aduce que las “trasnacionales se han topado con las autoridades
nacionales desde Bolivia hasta Rusia, quienes las han expulsado o
cuestionan sus acuerdos en los que se fincan para conservar sus
ganancias de largo plazo”.
Agrega que existe prácticamente un bloqueo mundial, sensiblemente
manifiesto en el Medio Oriente, a las tentativas de penetración y/o
colocación de las trasnacionales.
Según Oliver Morgan, la “verdadera causa” del declive de las
trasnacionales anglosajonas se debe a la “mayor dificultad al acceso
de las restantes reservas de petróleo y gas”, cuando “a duras penas
20 por ciento de las reservas globales se encuentran en manos de las
trasnacionales, mientras 80 por ciento es poseído por las empresas
nacionales, principalmente propiedad estatal de los países
productores, como Aramco, de Arabia Saudita, o la Compañía Petrolera
Nacional Iraní”; subraya en forma juiciosa que las “trasnacionales
han sido históricamente valuadas con base en sus reservas”, pero “si
la moda (¡súper-sic!) del nacionalismo continúa, todas las medidas
pueden deteriorarse en forma dramática”
Aun a la atribulada correduría Morgan Stanley no le queda más
remedio que admitir la “migración de la energía de los países
industrializados a los mercados emergentes” donde resalta la
nacionalización de Rusia y Bolivia. El control geoenergético ha sido
arrebatado a la OCDE (donde se ubica en forma anómala el “México
neoliberal” panista-priísta) en beneficio de Rusia, Latinoamérica
(con la singular excepción del “México neoliberal”), África y el
Medio-Oriente” gracias al “alza del barril y se encuentran
reticentes a perder el control del mayor motor de sus desarrollo”.
¡Con la notable excepción de los entreguistas apátridas del “México
neoliberal” del duopolio PAN-PRI!
El grave problema de las principales trasnacionales anglosajonas no
solamente radica en su camuflado estado crítico, sino que es mucho
peor a lo reportado debido a su contabilidad tramposa, para no
variar, cuando toman lo ajeno (las reservas de los países
explotados) como propio (lo que sucedió con la trasnacional pirata
española Repsol YPF, prácticamente en quiebra), como explaya
prístinamente Oliver Morgan: “la posición de las reservas de las
trasnacionales es más débil que su producción (el total de reservas
se basa en cantidades probadas que se espera puedan ser
razonablemente recuperadas, y por consiguiente subestiman la
cantidad de petróleo que queda en el mundo). Esto significa que al
menos que puedan mejorar sus reservas, su producción declinará en
forma dramática”.
Según Morgan Stanley, las “reservas” de las principales
trasnacionales privadas (que ahora habría que diferenciar con las
florecientes trasnacionales estatales que compran a las STPP
mediante sus letales fondos soberanos de riqueza cuando el G-7 se
encuentra al borde la insolvencia financiera) pasaron a la mitad de
sus cifras alegres de hace 10 años, lo que exhibe su notoria
caquexia. Su futuro será peor, como aduce Fadel Gheit, analista de
la industria petrolera en Oppenheimer Inc, con sede en Nueva York:
“única manera en la que tengan acceso es cuando puedan demostrar que
se encuentran muy por encima de las empresas estatales en su
aportación tecnológica”. Pero tampoco durará mucho su ventaja
tecnológica, cuando los países productores, empujados por su
patriotismo científico, adquieran el conocimiento y se consagren a
la investigación y el desarrollo.
Gheit puntualiza que con la asombrosa elevación del precio de los
hidrocarburos la “motivación para invitar a las trasnacionales ha
disminuido”. ¡Lo contrario del “México neoliberal del dupolio
vendepatrias del PAN-PRI!
Más aún: han sido desechados hasta los “acuerdos de participación en
la producción” con las trasnacionales que se pusieron de moda con
Rusia a la mitad de los 90, “que permite obtener ingresos de
proyectos hasta que sus costos son pagados cuando el ingreso en
compartido” cuando el “precio del petróleo se encontraba bajo y las
arcas nacionales vacías”. Ahora el gobierno ruso ha exigido la
revisión a las trasnacionales anglosajonas que no han tenido otra
opción que doblegarse. Claro, existe gran diferencia entre Rusia,
con los geniales Putin y Medvedev, con el México de los mediocres
disfuncionales.
Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de Energía
(nota: el brazo armado del G-7 frente a la OPEP), con sede en París,
considera que por razones “legales y geopolíticas”, las
trasnacionales privadas jugarán un papel menor en el “mercado
global” buscando “nichos” cada vez más diminutos y restringidos, con
el fin de sobrevivir.
En espera de su inminente irrelevancia las trasnacionales privadas
anglosajonas se han despachado con la cuchara grande, cuando
“producen actualmente más petróleo y gas que algunos países enteros
(¡súper-sic!). Exxon y British Petroleum (BP) “producen más petróleo
que Kuwait o Irak. Shell y BP, cada uno produce más gas que Irán o
Arabia Saudita”. ¡Qué aberrante anomalía!
El panista críptico con travestismo priísta (políticamente
hablando). Emilio Gamboa Patrón (ex secretario particular de Miguel
de la Madrid Hurtado, cuyo grupo fracasado está aliado con Calderón
para la privatización clandestina de Pemex, ver Bajo la Lupa
9/1/07), alardea su “entusiasmo” por la “modernización energética”
(¿alcanzará a entender sus alcances epistemológicos?) que en su boca
y en los hechos equivale al “progreso” de los cangrejos yucatecos y
va a contracorriente histórica de las tendencias globales en favor
del nacionalismo estatal. ¿De cuándo acá la “modernidad” es
“privada” o “estatal”? ¿Qué tiene que ver una vulgar privatización
de intereses particulares con la “modernidad” de un país como México
o de su principal empresa, Pemex, desmantelada deliberadamente por
el depredador duopolio neoliberal PAN-PRI?