Las presiones
Fuente:
proceso.com.mx
(31/01/08)
• Francisco Rojas
La producción del mar del Norte declina rápidamente; las empresas
estatales, poseedoras de 70% de las reservas de petróleo, revisan al
alza los contratos. Esto presiona a las petroleras para buscar
negocios donde se pueda, por ejemplo, en el golfo de México.
Hace años, Pemex, basado al parecer en estudios prospectivos,
construyó un gasoducto para la exportación fallida de gas; ahora
importamos gas y la inversión efectuada vale actualmente más de 10
mil millones de dólares.
También con estudios prospectivos se asegura que existen 29 mil
millones de barriles de petróleo en aguas profundas; que la
tecnología no la comparten las empresas y que no tenemos recursos ni
experiencia, por lo que hay que asociarse mediante "alianzas
estratégicas" para compartir riesgos y reservas.
Las presiones son intensas y no son las primeras. Además de las
ejercidas cuando la expropiación, que "desarbolaron" técnicamente a
Pemex y por las que le llevó 10 años recuperar el nivel previo de
producción. En 1946 México solicitó un préstamo al Banco Mundial,
cuyo otorgamiento se condicionaba al regreso de las compañías;
también Shell trató de intercambiar su indemnización por el retorno;
cuando se negociaba el TLC, Estados Unidos quería la apertura
petrolera; se resistió y nos negamos a la garantía de abasto, los
contratos de riesgo, la libre importación de gasolina y gas, y a
gasolineras extranjeras.
Desconocemos si el préstamo para solventar la crisis de 1995 se hizo
condicionado; tampoco sabemos si las ofertas de Fox para abrir Pemex
obedecían a compromisos. Los gobiernos y las petroleras no han
perdido su capacidad de presionar y cabildear un negocio de miles de
millones de dólares y, definitivamente, hay que resistirse a la idea
de que ha llegado la hora de pagar facturas.
En materia petrolera, prospectivo significa potencial y la realidad
puede ser distinta a lo supuesto. No hay que repetir aventuras
costosas basados en inferencias; el petróleo abundante y barato se
acabó; necesitamos buscarlo donde se encuentre, en forma gradual, en
las mejores condiciones, cuando sea oportuno y nos convenga, y sin
compartir recursos naturales que también pertenecen a las
generaciones venideras.
Existen personas que en vez de enfocar así la reforma energética
están más preocupadas por encontrar salidas legaloides modificando
leyes secundarias para abrirle la puerta trasera a las petroleras.
La inversión privada ha estado siempre en todas las actividades de
Pemex y debe seguir participando, pero conforme a la legislación
vigente.
Por ello, una reforma seria, de fondo, mirando el interés del país,
debe contemplar cómo el mundo se prepara para la transición
energética durante los próximos 30 años; el cambio climático y los
altos precios del petróleo presionan para desarrollar y usar
energías alternativas menos contaminantes; se promueven los
bioenergéticos, que si no se regulan adecuadamente pueden afectar la
oferta alimentaria, la conservación forestal y la disponibilidad de
agua; la industria automotriz ensaya nuevos tipos de autos; la
energía nuclear cobra nuevo impulso, etcétera. Pero todo hace
suponer que la demanda de energía aumentará y se seguirá dependiendo
de los combustibles fósiles, a menos que ocurran revoluciones
tecnológicas que aminoren esta dependencia.
Por tal razón, tenemos que preparar al país para la transición
energética, mediante una política integral, de largo plazo, que
contemple programas sectoriales para la generación y consumo
racional de las diferentes clases de energía, cuidando las
interrelaciones con el resto de la economía y el cambio climático.
Debido a las experiencias de telecomunicaciones y la banca, la
política energética debe ser guiada por un ente verdaderamente
autónomo, responsable de establecer la estrategia del sector y de
coordinar y evaluar las políticas respectivas. Pemex debe tornarse
en una empresa pública responsable, moderna, eficiente, competitiva
y transparente, dándole la autonomía y los medios necesarios para
ello.
Hay que ajustar los mecanismos de medición y darle a la parte
industrial el papel que le corresponde en la generación de valor
agregado y creación de empleos, sin cederle el negocio a otros;
sabemos construir refinerías y mantener ductos y terminales;
contamos con alternativas para duplicar al término del sexenio el
monto de las reservas probadas y darnos tiempo para acometer los
proyectos de aguas profundas.
Existen los recursos y mecanismos financieros suficientes; la
tecnología se puede adquirir; los técnicos ya se están preparando; y
es factible rescatar al personal calificado para la realización de
obras. Debemos cambiar criterios de corto plazo y guiar al país en
los próximos 30 años en una transición energética ordenada, autónoma
e independiente. Después de 70 años no podemos declararnos
fracasados; queremos un México ganador.