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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Cuentos Políticos
La irresponsabilidad petrolera
Fuente:
novenet.com.mx
(23/02/07)
Por: FRANCISCO MARTÍN MORENO
¿Sería posible hacer una evaluación de resultados a 70 años de la
ejecución de la expropiación petrolera que tanto entusiasmo y ánimo
reconciliatorio despertó en la inmensa mayoría de una nación tantas
veces ultrajada y despojada a lo largo de la historia? Por supuesto
que sí. Debo insistir en que los gobiernos mexicanos han sido
históricamente muy malos administradores, sentencia a la que por
ningún concepto podría escapar Petróleos Mexicanos, empresa que,
sálvese el que pueda, ha sido, por lo general, un botín de políticos
tan ineficientes como corruptos y que, en su conjunto, no han venido
sino a desperdiciar esa inmensa riqueza que, como decía el poeta,
bien nos la pudo haber escriturado el mismísimo demonio.
Según datos oficiales, las reservas petroleras mexicanas se
desplomaron de 32 mil millones de barriles a 18 mil millones de
barriles de crudo durante la catastrófica gestión de Vicente Fox,
quien, aprovechando el incremento de los precios internacionales del
crudo, aceleró irresponsablemente la extracción de petróleo fijando
toda su atención en objetivos vulgares, como lo eran sus índices de
popularidad, la búsqueda de un bienestar efímero y transitorio, en
fin, una prosperidad artificial e insostenible más allá de su
gobierno. Fox invirtió los excedentes petroleros fundamentalmente en
sueldos burocráticos, en gasto corriente, en lugar de destinar
dichos multimillonarios recursos captados sorpresivamente, sin
realizar el menor esfuerzo, en la construcción de obras de
infraestructura y en otros objetivos igualmente útiles, así como
estrictamente indispensables, como bien habría podido ser la
creación de empleos productivos.
Resulta una paradoja de la historia, o bien sea dicho, una flagrante
confesión de miseria administrativa y de visión empresarial, el
hecho de que en 1982 México contara con 72 mil millones de reservas
probadas y, tan sólo 25 años después, éstas se hayan desplomado a
menos de una cuarta parte.
En lugar de haber invertido en exploración, en extracción, en
investigación tecnológica, en mantenimiento, la administración de
Fox retiró anualmente de PEMEX, vía impuestos, el 60.8% de sus
ventas totales, privándolo de los recursos imprescindibles para
reinvertir y mantener en buen estado las instalaciones. Desangraron
a PEMEX irresponsablemente o lo saquearon inmoralmente o lo
sepultaron en la ineficiencia dolosamente o lo atacaron intereses
inconfesables que, a la fecha, tienen sepultada a la primera empresa
mexicana en una quiebra sin precedentes.
Cuando se conoció el hecho de que la extracción estadounidense de
petróleo en aguas profundas del Golfo de México había aumentado de
1995 a 2002 en un 535% y el gas en un 620%, mi sensación de
impotencia no pudo ser más agresiva. Esa es la realidad tecnológica
después de 70 años de petróleo nacionalizado. La flagrante
incapacidad. La quiebra. La ruina. El desfalco. El peculado. Las
puñaladas a mansalva en contra de nuestro propio patrimonio. La
corrupción en todas sus formas y manifestaciones.
La riqueza petrolífera en el Golfo de México, si, sí, la de los
Hoyos de Dona, podría ascender a 100 mil millones de barriles, es
decir, más de 5 veces las reservas probadas con las que Fox entregó
el gobierno que nunca debería haber presidido. ¿Cómo aprovechar esos
yacimientos tan extraordinariamente ricos y tan nuestros, pero
igualmente inaccesibles? Los extranjeros nos vuelven a asaltar en
nuestra propia cara privándonos de lo que podría ser la solución de
nuestros problemas energéticos.
¿Soluciones? Claro que las hay. Hasta el más destacado tirano
marxista del siglo XXI, como sin duda lo es Fidel Castro, ha
permitido a REPSOL, la compañía española, la exploración y
explotación de los recursos petroleros cubanos. ¿Por qué no
instrumentar las reglas necesarias, como acontece en decenas de
países, para que la inversión extranjera venga a participar en
nuestro desarrollo, aceptando en los hechos nuestra demostrada
ineficiencia para explotar eficientemente esos recursos no
renovables, más aún cuando el hidrógeno puede llegar a ser el
combustible del futuro, en cuyo caso los mexicanos habríamos perdido
la oportunidad del siglo de aprovechar talentosamente la riqueza de
nuestro subsuelo?
No podemos continuar con un pie anclado en el pasado y rechazar con
reiterada torpeza las posibilidades de bienestar que le corresponden
a los mexicanos de hoy y de mañana. Si se trata de romper moldes,
rompámoslos con visión y valentía antes de que sea demasiado tarde,
después de practicar un ejercicio de autocrítica y de evaluar
nuestras capacidades de negociación para evitar en el corto plazo la
necesidad de importar petróleo con todas sus consecuencias
financieras. Es entonces la hora de dar un golpe de timón, cuando
todavía estamos a tiempo de cambiar dramáticamente el rumbo y evitar
el colapso social, moral, monetario y financiero que viene. ¿No es
suficiente constatar la realidad? ¿Preferimos gozar con exquisito
masoquismo una nueva debacle que demuestre una vez más nuestra
inutilidad?

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