¿Por qué defender a Pemex?
Fuente:
UNTCIP.net
(20/02/08)
• Por: René Arce Islas
Aunque algunos argumenten que el discurso es trillado, cuando
hablamos de Pemex se hace referencia a la soberanía del país pues se
trata de la empresa que trabaja con uno de los recursos naturales
más importantes de nuestra nación: el petróleo.
Hoy más que nunca está latente el tema de la privatización de Pemex,
por el asunto de la reforma energética, y aunque la discusión se ha
tergiversado y matizado en el fondo, sabemos que lo que buscan sus
promotores es la privatización del conjunto y posteriormente
extranjerización. Nuestra historia está llena de engaños, como la
banca, lo cual vislumbra el camino que seguirá la paraestal.
Hoy, a pesar del debilitamiento que se le ha ocasionado a Pemex, la
empresa tiene un enorme superávit de operación de más de 70 mil
millones de dólares que pocas empresas tienen en el mundo, aun
petroleras. Esto desacredita aún más el argumento oficial de que no
hay dinero para financiar la inversión de Pemex y más aún cuando los
precios del crudo han llegado a 80 dólares por barril.
No se trata de un asunto de negación u obcecación sobre la reforma
energética, el hecho es que durante muchos años se ha montado una
artimaña para engañar a todos los mexicanos, pues durante las
últimas décadas los gobiernos en turno, de corte neoliberal, han
permitido o causado un deliberado debilitamiento progresivo de Pemex,
al grado que muchos técnicos de la misma empresa y observadores se
han dado cuenta de lo irracional que resulta impedirle invertir en
exploración y construir más refinerías, entre otros asuntos por
demás obvios.
Ya han avanzado en su estrategia, pues al permitir los “convenios de
colaboración” el gobierno les da un compás de espera a las
petroleras multinacionales que buscan apoderarse de Pemex, mientras
consuman su reforma constitucional en materia energética, prevista a
realizarse este año, y la cual tiene como objetivo la entrega total
o parcial de Pemex al capital privado.
El engaño al pueblo de México es de tal magnitud que se ha llegado a
augurar que, en los próximos años, nuestro país podría enfrentar un
alarmante desabasto de crudo si no se invierte en los campos de
exploración y explotación. El asunto es que nadie se niega a la
inversión, la pregunta es ¿por qué sólo se quiere a inversionistas
privados y/o extranjeros? y ¿por qué no se busca que las grandes
ganancias que arroja la paraestatal se reinviertan en estos campos?
El discurso oficial se ha caracterizado por un manejo de la
información sesgado, impreciso y a conveniencia. El gobierno en
turno, como sus antecesores, continúa empeñado en presentar a Pemex
como una empresa inviable en términos económicos, pero la realidad
es otra y a la vista de cualquiera, pues al día de hoy Pemex es un
gran negocio que genera un amplio margen de ganancias, las cuales no
son reinvertidas en la empresa para propiciar su desarrollo, porque
la intención es clara: a toda costa se quiere su privatización. La
realidad nos demuestra que persiste una campaña gubernamental basada
en engaños para justificar ante la opinión pública la necesidad de
abrir la paraestatal a la inversión privada extranjera.
Si bien esta privatización ya empezó con los “convenios de
colaboración”, todavía se puede impedir que la empresa se siga
vendiendo a retazos para terminar fatalmente con la privatización.
En primer lugar, los legisladores tenemos que asumir nuestro papel
constitucional de representantes populares, y con esta
responsabilidad escuchar la demanda de la gran mayoría de los
mexicanos que rechaza cualquier intento de entregar al capital
privado un recurso natural que es propiedad de todos los mexicanos,
y que así debe permanecer.
Bajo esta premisa es hora de una defensa cerrada de Pemex, como
empresa nacional y patrimonio de los mexicanos. En este sentido
cobra singular importancia la movilización social, por ello es
importante que el próximo 24 de febrero hagamos escuchar nuestra
voz, hagamos valer nuestros derechos y digámosle a nuestras
autoridades que no pueden vender lo que no les pertenece, porque en
juego está nuestra soberanía como país. Salgamos a defender a Pemex,
vayamos a proteger nuestro patrimonio y salvaguardemos nuestra
soberanía.