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Gilberto Rincón Gallardo

El debate sobre Pemex

Fuente: UNTCIP.net
(20/02/08)

• Es inevitable discutir sobre el futuro de Pemex, sobre todo porque se trata de un debate que se ha venido dando desde hace mucho tiempo, así haya sido de manera subterránea, y que requiere una serie de definiciones públicas en un plazo relativamente corto.

Se trata, sin embargo, de un debate de enorme dificultad, sobre todo por la gran ideologización de que se ha cargado. Es normal, desde luego, que cuando se discuten temas cruciales de la agenda nacional aparezcan con cierta claridad los distintos proyectos ideológicos que anida una sociedad plural como la nuestra, pero en este caso hemos llegado al extremo de la ideologización, al grado de que prácticamente cualquier discusión técnica sobre el futuro de Pemex ha pasado a segundo plano y lo que prevalece es fundamentalmente ideología.

Pero algunos tozudos datos de la realidad nos obligan a entrar a esa discusión, pese a los riesgos de la ideología. Parece ya existir una seguridad de que en un plazo de no más de una década se agotará el principal yacimiento petrolífero de México, el de Cantarel, lo que daría un vuelco a las capacidad de extracción y producción de hidrocarburos de nuestro país.

Se sabe que una ruta, tampoco absolutamente segura por cierto, para enfrentar esta situación es desplegar trabajos de búsqueda, exploración y eventual explotación de nuevos mantos del hidrocarburo, pero la dificultad en este caso es que el país no dispone de recursos suficientes para sufragar por sí mismo tales tareas.

Con los recursos del petróleo nos encontramos con el dilema de la cobija. Buena parte del presupuesto de la Federación, probablemente hasta un 35% de éste, se obtiene de la presión fiscal sobre Pemex, lo que implica que alrededor del 60 % de los ingresos de la paraestatal son tomados de manera directa por el Estado mexicano para sufragar los gastos regulares de éste.

Si se decidiera reducir la presión fiscal para liberar recursos para la búsqueda de nuevos yacimientos y para la modernización de las distintas áreas de nuestra petrolera, estos recursos se restarían en gran medida de lo que se dedica a salud, educación o seguridad.

Si la tercera parte de los ingresos federales desaparecieran, y con ello se redujera también una buena porción de los ingresos de los estados que por ley reciben excedentes de los precios del petróleo, la situación del país sería insostenible. Si jalamos la cobija para cubrir a Pemex, destapamos al país, y viceversa.

Desde luego que esos recursos que necesita Pemex para esa búsqueda que nos libere de la amenaza de pasar de ser exportadores a importadores de petróleo y que, además, le permitan modernizarse y eficientarse no aparecerán de la nada.

Las alternativas de financiación son pocas y debe considerárseles sin prejuicios y con plena conciencia de sus ventajas y desventajas.

Pero para esta necesaria búsqueda de soluciones convendría ver más allá de la ideología y acercarnos a experiencias y prácticas exitosas en este terreno.

La privatización de Pemex, es decir, su venta a la iniciativa privada nacional o extranjera ha sido descartada por gobierno y partidos. Pero a partir de esta negación se abren muchas rutas de reforma posible.

Y varias de ellas han sido practicadas en países como Brasil, donde la empresa pública petrolera, Petrobrás, encontró una ruta para modernizarse sin dejar de ser patrimonio de la nación.


Desde luego, esta modernización supone el ingreso de inversiones privadas, pero el equilibrio institucional final se da a favor del Estado brasileño, que se dota así de recursos para solventar sus obligaciones.

En México, los árboles de la ideología impiden ver el bosque de la problemática. Algunos políticos han hablado de una primera solución que en realidad no lo es: "dejar las cosas como están".

Hacer eso, que es lo mismo que no hacer nada, significaría sentarnos a ver cómo se consume lo que queda de esa industria nacional y, sobre todo, incumplir de manera palmaria nuestros compromisos con las generaciones futuras, las que se merecen un futuro con un Pemex eficiente, productivo y mexicano.

 



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