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¡ En defensa del patrimonio energético y la industria petrolera de México y por el respeto de los derechos y el desarrollo de los trabajadores de la energía !

 

¿Conviene la bursatilización de Pemex?

Fuente: UNTCIP.net
(26/02/08)

• Lorena Rivera y Roberto Sánchez De La Vara*

El tema empieza a calentarse, a medida que se aproxima una propuesta para administrar, de manera distinta, al sector petrolero. Aquí dos puntos de vista al respectoNo, modifiquen la carga fiscal

La propuesta de colocar en bolsa a Petróleos Mexicanos (Pemex) no se trata de si se puede o no: el asunto central es si hay alguna razón para hacerlo, y la respuesta es que no existe ningún motivo para llevar a la bolsa de valores a la paraestatal si se modifica “la política de agresión” que la Secretaría de Hacienda le ha venido aplicando a la petrolera desde sexenios atrás.

Y es que Pemex genera suficientes recursos para no necesitar ningún tipo de inversión privada, sea nacional o extranjera, y mucho menos mecanismos de bursatilización porque cuenta con recursos muy abundantes, dice John Saxe-Fernández, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y también del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM.

Respecto a la carga fiscal a la que se le somete a Pemex, se remonta al sexenio de Miguel de la Madrid, en el cual ya se percibía “un acoso realmente inusitado”.

Junto con el entrevistado, investigadores de primera línea, como José Luis Manzo, se han dado a la tarea de analizar el estado y balance general de la paraestatal, y han encontrado que entre 1989 y 2006 generó —expresado en dólares constantes— utilidades por 471 mil millones de dólares, “es una cantidad inmensa”.

Indica que entre 1989 y 1997 Pemex tuvo ingresos totales por 264 mil millones de dólares y de los costos fueron 107 mil millones en dólares constantes de 2006, es decir, en ese lapso de tiempo tuvo utilidades por 157 mil millones de dólares, pero pagó impuestos por 145 mil millones de dólares, con una utilidad de 12 mil millones de dólares.

En el gobierno de Vicente Fox, como resultado del espectacular alza en los precios del hidrocarburo, Pemex logró ingresos por 441 mil millones de dólares y generó utilidades por 240 mil millones de dólares.

“Pero, ¿qué es lo que pasa?, genera utilidades por 240 mil millones, es decir, a los ingresos totales se les resta los costos, pero la Secretaría de Hacienda le pone una carga fiscal de 258 mil millones de dólares”, destaca quien fuera colaborador de Excélsior en las décadas de los años 80 y 90.

Saxe-Fernández añade que el investigador Manzo ha demostrado con los datos oficiales de Pemex que de 1998 a 2005 la situación se salió de control al grado de llegar a convertirse en un escándalo, no sólo a escala nacional sino internacional, porque los ingresos totales en ese lapso de tiempo fueron por 471 mil millones de dólares al subir los precios del petróleo, mientras que los costos fueron por 215 millones de dólares.

Al compararlo con otras petroleras, como Exxon Mobil y Shell, comenta que el Estado estadunidense les impone una carga fiscal de 38 por ciento, inclusive, “las apapacha regresándoles recursos y les da todo tipo de apoyos”. Pero en México no pasa lo mismo, el Estado “agrede a su propia empresa” porque le cobra más de lo que puede pagar, es decir, más del ciento por ciento de lo que genera.

Entonces, subraya, Pemex tiene que pedir prestado para pagar los impuestos. El investigador de la UNAM deja en claro que la paraestatal paga cuatro veces más de impuestos de lo que se le cobra a cualquier empresa privada; además, es tres veces más la imposición fiscal de otras petroleras del planeta.

“Entonces, no tenemos necesidad de lanzar la renta petrolera y con la renta petrolera el futuro del país al piso de remates”.

Para el autor de La compraventa de México, una reforma energética que permita la inversión privada sería un retroceso, porque se privatizaría de alguna manera la renta petrolera, y es que ésta juega un papel muy importante en el país, “no se debe olvidar que subvenciona entre 35 y 40 por ciento o más del presupuesto del gobierno federal”.

La propuesta es muy clara, indica Saxe-Fernández: los excedentes que recibe Pemex por arriba del precio promedio del barril contemplado en el presupuesto deben invertirse en petroquímica, exploración, explotación y también en el sector eléctrico, en lugar de que se vaya al gasto corriente, “y eso es tirar el dinero a una inversión totalmente improductiva”.

No se necesita la reforma energética, subraya, porque el hecho fundamental es que no se trata de una reforma, “en ese caso es una contrarreforma, ir hacia atrás”.

El gran problema que hay, dice Saxe-Fernández, es cómo justificar a la opinión pública los inmensos recursos extras que están llegando al país por los aumentos de los precios del petróleo de 80 dólares o más por barril de la mezcla mexicana, de cómo se van al gasto corriente, y es que, desde su punto de vista, no se reinvierte lo suficiente en Pemex.

Estos gobiernos, señala, desde la opinión pública internacional, están permeados por el interés de llevar a Pemex a lo que el Banco Mundial (BM) denomina un punto de venta.

Sí, otra forma de atraer capital

Desde hace tiempo se ha estado comentando sobre un hecho impostergable: la apertura al capital privado en Petróleos Mexicanos (Pemex). Es el tema sobre el que todos o casi todos los políticos, economistas, financieros, analistas, empresarios y otras naciones productoras del esencial hidrocarburo, fuente energética y materia prima de un sinnúmero de industrias y de productos de consumo de nuestra vida diaria, han externado de una u otra manera (incluso a través del presidente de su país, como el caso de Petrobras) el interés de participar con capital.

Durante 2007, su producción diaria de petróleo crudo fue de tres millones 82 mil barriles, 5.3 por ciento inferior a la de 2006. La producción promedio disminuyó 174 mil barriles diarios respecto al año precedente, debido a la declinación prevista del Proyecto Cantarell y a los diversos sucesos climáticos que afectaron de manera directa a la producción (huracán Dean y frente frío número cinco).

Cada colocación de deuda que hace Pemex se agota aun antes de emitirse en los mercados secundarios; las tasas de interés que paga y la garantía de millones de barriles de reservas probadas han hecho de este instrumento la fuente básica de financiamiento de la empresa estatal de petróleo mexicano.

Otra forma de financiamiento ha sido (desde el gobierno de Ernesto Zedillo) a través de Pidiregas, mismos que han incrementado su deuda y la del gobierno federal: de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2008, Pemex tendrá que cubrir obligaciones financieras mediante este instrumento, la suma de 103 mil 275 millones de pesos: 70 por ciento será por concepto de amortizaciones y 30 por ciento por intereses devengados.

La producción de petróleo a escala mundial la podemos dividir por el origen de su inversión en: empresas privadas (denominadas Siete Hermanas) y empresas estatales (que extraen buena parte de la producción mundial en Noruega, Brasil, Venezuela, Rusia, Indonesia, Nigeria, Angola, algunos países árabes y México). Las primeras se financian con capital propio, con deuda y a través de la colocación de acciones en los mercados de capital mundial; las segundas acuden a los mercados internacionales de igual manera que las privadas y en algunos casos han colocado una parte de su patrimonio (por ser estatales) a través de instrumentos accionarios.

En el caso de Pemex se ha hablado muy poco al respecto y pienso que podría ser una solución intermedia. Estoy hablando no de privatizar Pemex sino, de momento, “democratizar” su capital. Esto significaría, probablemente, la concentración de porcentajes de participación en el patrimonio de la paraestatal, aspecto que mediante una regulación muy estricta se puede vigilar, no permitiendo (y esto sí se puede hacer) más que un porcentaje lo tenga un solo adquirente. Podría ser a través del esquema de Certificados de Aportación Patrimonial (como se inició la desincorporación de los bancos estatizados en 1982).

La semana pasada se publicó una entrevista con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin (después que éste le hubiera entregado la Orden de la Amistad que otorga el gobierno ruso a quienes se han distinguido por ayudar a incrementar los nexos con ese gran país). En ella, declara el gobernante ruso que uno de los puntos de éxito de la extracción de petróleo en Rusia (el año pasado se posicionó como el principal productor independiente, no perteneciente a la OPEP, por arriba de Arabia Saudita) se ha basado precisamente en la participación del capital externo en explotación de yacimientos petrolíferos y de gas dentro de Rusia, de la reinversión de una parte de sus ganancias, todo esto a través de un riguroso control para la expedición de licencias de explotación de estos recursos.

Así es como están presentes: British Petroleum, Shell, Mobil y Exxon, corporaciones que tienen tiempo invirtiendo, es por ello en parte que han alcanzado reservas internacionales de 200 mil dólares y captado inversión extranjera directa en 2007 de 83 mil millones de dólares. Esta participación de capital extranjero en el sector energético puede llegar a ser hasta de ciento por ciento.

Cuba permite la participación extranjera (mayoritariamente venezolana) para la exploración de yacimientos en el Golfo de México y que ha de compartir a través de su mar patrimonial con México y Estados Unidos.

Hay que considerar que la demanda de petróleo sigue en aumento en los mercados internacionales. El hidrocarburo representa 35.7 por ciento del total de demandas de energías primarias, le sigue el carbón con 28.4 por ciento, el gas natural con 23.7 por ciento y el restante 12.2 por ciento corresponde a otras energías.

¿Por qué entonces detener el progreso de Pemex? ¿No estaremos una vez más provocando un retraso en sus inversiones estratégicas?

* El autor es catedrático de la Universidad Iberoamericana y ex presidente nacional de Canacintra.

roberto.sanchez@uia.mx
El tema empieza a calentarse, a medida que se aproxima una propuesta para administrar, de manera distinta, al sector petrolero. Aquí dos puntos de vista al respectoNo, modifiquen la carga fiscal

La propuesta de colocar en bolsa a Petróleos Mexicanos (Pemex) no se trata de si se puede o no: el asunto central es si hay alguna razón para hacerlo, y la respuesta es que no existe ningún motivo para llevar a la bolsa de valores a la paraestatal si se modifica “la política de agresión” que la Secretaría de Hacienda le ha venido aplicando a la petrolera desde sexenios atrás.

Y es que Pemex genera suficientes recursos para no necesitar ningún tipo de inversión privada, sea nacional o extranjera, y mucho menos mecanismos de bursatilización porque cuenta con recursos muy abundantes, dice John Saxe-Fernández, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y también del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM.

Respecto a la carga fiscal a la que se le somete a Pemex, se remonta al sexenio de Miguel de la Madrid, en el cual ya se percibía “un acoso realmente inusitado”.

Junto con el entrevistado, investigadores de primera línea, como José Luis Manzo, se han dado a la tarea de analizar el estado y balance general de la paraestatal, y han encontrado que entre 1989 y 2006 generó —expresado en dólares constantes— utilidades por 471 mil millones de dólares, “es una cantidad inmensa”.

Indica que entre 1989 y 1997 Pemex tuvo ingresos totales por 264 mil millones de dólares y de los costos fueron 107 mil millones en dólares constantes de 2006, es decir, en ese lapso de tiempo tuvo utilidades por 157 mil millones de dólares, pero pagó impuestos por 145 mil millones de dólares, con una utilidad de 12 mil millones de dólares.

En el gobierno de Vicente Fox, como resultado del espectacular alza en los precios del hidrocarburo, Pemex logró ingresos por 441 mil millones de dólares y generó utilidades por 240 mil millones de dólares.

“Pero, ¿qué es lo que pasa?, genera utilidades por 240 mil millones, es decir, a los ingresos totales se les resta los costos, pero la Secretaría de Hacienda le pone una carga fiscal de 258 mil millones de dólares”, destaca quien fuera colaborador de Excélsior en las décadas de los años 80 y 90.

Saxe-Fernández añade que el investigador Manzo ha demostrado con los datos oficiales de Pemex que de 1998 a 2005 la situación se salió de control al grado de llegar a convertirse en un escándalo, no sólo a escala nacional sino internacional, porque los ingresos totales en ese lapso de tiempo fueron por 471 mil millones de dólares al subir los precios del petróleo, mientras que los costos fueron por 215 millones de dólares.

Al compararlo con otras petroleras, como Exxon Mobil y Shell, comenta que el Estado estadunidense les impone una carga fiscal de 38 por ciento, inclusive, “las apapacha regresándoles recursos y les da todo tipo de apoyos”. Pero en México no pasa lo mismo, el Estado “agrede a su propia empresa” porque le cobra más de lo que puede pagar, es decir, más del ciento por ciento de lo que genera.

Entonces, subraya, Pemex tiene que pedir prestado para pagar los impuestos. El investigador de la UNAM deja en claro que la paraestatal paga cuatro veces más de impuestos de lo que se le cobra a cualquier empresa privada; además, es tres veces más la imposición fiscal de otras petroleras del planeta.

“Entonces, no tenemos necesidad de lanzar la renta petrolera y con la renta petrolera el futuro del país al piso de remates”.

Para el autor de La compraventa de México, una reforma energética que permita la inversión privada sería un retroceso, porque se privatizaría de alguna manera la renta petrolera, y es que ésta juega un papel muy importante en el país, “no se debe olvidar que subvenciona entre 35 y 40 por ciento o más del presupuesto del gobierno federal”.

La propuesta es muy clara, indica Saxe-Fernández: los excedentes que recibe Pemex por arriba del precio promedio del barril contemplado en el presupuesto deben invertirse en petroquímica, exploración, explotación y también en el sector eléctrico, en lugar de que se vaya al gasto corriente, “y eso es tirar el dinero a una inversión totalmente improductiva”.

No se necesita la reforma energética, subraya, porque el hecho fundamental es que no se trata de una reforma, “en ese caso es una contrarreforma, ir hacia atrás”.

El gran problema que hay, dice Saxe-Fernández, es cómo justificar a la opinión pública los inmensos recursos extras que están llegando al país por los aumentos de los precios del petróleo de 80 dólares o más por barril de la mezcla mexicana, de cómo se van al gasto corriente, y es que, desde su punto de vista, no se reinvierte lo suficiente en Pemex.

Estos gobiernos, señala, desde la opinión pública internacional, están permeados por el interés de llevar a Pemex a lo que el Banco Mundial (BM) denomina un punto de venta.

Sí, otra forma de atraer capital

Desde hace tiempo se ha estado comentando sobre un hecho impostergable: la apertura al capital privado en Petróleos Mexicanos (Pemex). Es el tema sobre el que todos o casi todos los políticos, economistas, financieros, analistas, empresarios y otras naciones productoras del esencial hidrocarburo, fuente energética y materia prima de un sinnúmero de industrias y de productos de consumo de nuestra vida diaria, han externado de una u otra manera (incluso a través del presidente de su país, como el caso de Petrobras) el interés de participar con capital.

Durante 2007, su producción diaria de petróleo crudo fue de tres millones 82 mil barriles, 5.3 por ciento inferior a la de 2006. La producción promedio disminuyó 174 mil barriles diarios respecto al año precedente, debido a la declinación prevista del Proyecto Cantarell y a los diversos sucesos climáticos que afectaron de manera directa a la producción (huracán Dean y frente frío número cinco).

Cada colocación de deuda que hace Pemex se agota aun antes de emitirse en los mercados secundarios; las tasas de interés que paga y la garantía de millones de barriles de reservas probadas han hecho de este instrumento la fuente básica de financiamiento de la empresa estatal de petróleo mexicano.

Otra forma de financiamiento ha sido (desde el gobierno de Ernesto Zedillo) a través de Pidiregas, mismos que han incrementado su deuda y la del gobierno federal: de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2008, Pemex tendrá que cubrir obligaciones financieras mediante este instrumento, la suma de 103 mil 275 millones de pesos: 70 por ciento será por concepto de amortizaciones y 30 por ciento por intereses devengados.

La producción de petróleo a escala mundial la podemos dividir por el origen de su inversión en: empresas privadas (denominadas Siete Hermanas) y empresas estatales (que extraen buena parte de la producción mundial en Noruega, Brasil, Venezuela, Rusia, Indonesia, Nigeria, Angola, algunos países árabes y México). Las primeras se financian con capital propio, con deuda y a través de la colocación de acciones en los mercados de capital mundial; las segundas acuden a los mercados internacionales de igual manera que las privadas y en algunos casos han colocado una parte de su patrimonio (por ser estatales) a través de instrumentos accionarios.

En el caso de Pemex se ha hablado muy poco al respecto y pienso que podría ser una solución intermedia. Estoy hablando no de privatizar Pemex sino, de momento, “democratizar” su capital. Esto significaría, probablemente, la concentración de porcentajes de participación en el patrimonio de la paraestatal, aspecto que mediante una regulación muy estricta se puede vigilar, no permitiendo (y esto sí se puede hacer) más que un porcentaje lo tenga un solo adquirente. Podría ser a través del esquema de Certificados de Aportación Patrimonial (como se inició la desincorporación de los bancos estatizados en 1982).

La semana pasada se publicó una entrevista con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin (después que éste le hubiera entregado la Orden de la Amistad que otorga el gobierno ruso a quienes se han distinguido por ayudar a incrementar los nexos con ese gran país). En ella, declara el gobernante ruso que uno de los puntos de éxito de la extracción de petróleo en Rusia (el año pasado se posicionó como el principal productor independiente, no perteneciente a la OPEP, por arriba de Arabia Saudita) se ha basado precisamente en la participación del capital externo en explotación de yacimientos petrolíferos y de gas dentro de Rusia, de la reinversión de una parte de sus ganancias, todo esto a través de un riguroso control para la expedición de licencias de explotación de estos recursos.

Así es como están presentes: British Petroleum, Shell, Mobil y Exxon, corporaciones que tienen tiempo invirtiendo, es por ello en parte que han alcanzado reservas internacionales de 200 mil dólares y captado inversión extranjera directa en 2007 de 83 mil millones de dólares. Esta participación de capital extranjero en el sector energético puede llegar a ser hasta de ciento por ciento.

Cuba permite la participación extranjera (mayoritariamente venezolana) para la exploración de yacimientos en el Golfo de México y que ha de compartir a través de su mar patrimonial con México y Estados Unidos.

Hay que considerar que la demanda de petróleo sigue en aumento en los mercados internacionales. El hidrocarburo representa 35.7 por ciento del total de demandas de energías primarias, le sigue el carbón con 28.4 por ciento, el gas natural con 23.7 por ciento y el restante 12.2 por ciento corresponde a otras energías.

¿Por qué entonces detener el progreso de Pemex? ¿No estaremos una vez más provocando un retraso en sus inversiones estratégicas?

* El autor es catedrático de la Universidad Iberoamericana y ex presidente nacional de Canacintra.

roberto.sanchez@uia.mx
El tema empieza a calentarse, a medida que se aproxima una propuesta para administrar, de manera distinta, al sector petrolero. Aquí dos puntos de vista al respectoNo, modifiquen la carga fiscal

La propuesta de colocar en bolsa a Petróleos Mexicanos (Pemex) no se trata de si se puede o no: el asunto central es si hay alguna razón para hacerlo, y la respuesta es que no existe ningún motivo para llevar a la bolsa de valores a la paraestatal si se modifica “la política de agresión” que la Secretaría de Hacienda le ha venido aplicando a la petrolera desde sexenios atrás.

Y es que Pemex genera suficientes recursos para no necesitar ningún tipo de inversión privada, sea nacional o extranjera, y mucho menos mecanismos de bursatilización porque cuenta con recursos muy abundantes, dice John Saxe-Fernández, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y también del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM.

Respecto a la carga fiscal a la que se le somete a Pemex, se remonta al sexenio de Miguel de la Madrid, en el cual ya se percibía “un acoso realmente inusitado”.

Junto con el entrevistado, investigadores de primera línea, como José Luis Manzo, se han dado a la tarea de analizar el estado y balance general de la paraestatal, y han encontrado que entre 1989 y 2006 generó —expresado en dólares constantes— utilidades por 471 mil millones de dólares, “es una cantidad inmensa”.

Indica que entre 1989 y 1997 Pemex tuvo ingresos totales por 264 mil millones de dólares y de los costos fueron 107 mil millones en dólares constantes de 2006, es decir, en ese lapso de tiempo tuvo utilidades por 157 mil millones de dólares, pero pagó impuestos por 145 mil millones de dólares, con una utilidad de 12 mil millones de dólares.

En el gobierno de Vicente Fox, como resultado del espectacular alza en los precios del hidrocarburo, Pemex logró ingresos por 441 mil millones de dólares y generó utilidades por 240 mil millones de dólares.

“Pero, ¿qué es lo que pasa?, genera utilidades por 240 mil millones, es decir, a los ingresos totales se les resta los costos, pero la Secretaría de Hacienda le pone una carga fiscal de 258 mil millones de dólares”, destaca quien fuera colaborador de Excélsior en las décadas de los años 80 y 90.

Saxe-Fernández añade que el investigador Manzo ha demostrado con los datos oficiales de Pemex que de 1998 a 2005 la situación se salió de control al grado de llegar a convertirse en un escándalo, no sólo a escala nacional sino internacional, porque los ingresos totales en ese lapso de tiempo fueron por 471 mil millones de dólares al subir los precios del petróleo, mientras que los costos fueron por 215 millones de dólares.

Al compararlo con otras petroleras, como Exxon Mobil y Shell, comenta que el Estado estadunidense les impone una carga fiscal de 38 por ciento, inclusive, “las apapacha regresándoles recursos y les da todo tipo de apoyos”. Pero en México no pasa lo mismo, el Estado “agrede a su propia empresa” porque le cobra más de lo que puede pagar, es decir, más del ciento por ciento de lo que genera.

Entonces, subraya, Pemex tiene que pedir prestado para pagar los impuestos. El investigador de la UNAM deja en claro que la paraestatal paga cuatro veces más de impuestos de lo que se le cobra a cualquier empresa privada; además, es tres veces más la imposición fiscal de otras petroleras del planeta.

“Entonces, no tenemos necesidad de lanzar la renta petrolera y con la renta petrolera el futuro del país al piso de remates”.

Para el autor de La compraventa de México, una reforma energética que permita la inversión privada sería un retroceso, porque se privatizaría de alguna manera la renta petrolera, y es que ésta juega un papel muy importante en el país, “no se debe olvidar que subvenciona entre 35 y 40 por ciento o más del presupuesto del gobierno federal”.

La propuesta es muy clara, indica Saxe-Fernández: los excedentes que recibe Pemex por arriba del precio promedio del barril contemplado en el presupuesto deben invertirse en petroquímica, exploración, explotación y también en el sector eléctrico, en lugar de que se vaya al gasto corriente, “y eso es tirar el dinero a una inversión totalmente improductiva”.

No se necesita la reforma energética, subraya, porque el hecho fundamental es que no se trata de una reforma, “en ese caso es una contrarreforma, ir hacia atrás”.

El gran problema que hay, dice Saxe-Fernández, es cómo justificar a la opinión pública los inmensos recursos extras que están llegando al país por los aumentos de los precios del petróleo de 80 dólares o más por barril de la mezcla mexicana, de cómo se van al gasto corriente, y es que, desde su punto de vista, no se reinvierte lo suficiente en Pemex.

Estos gobiernos, señala, desde la opinión pública internacional, están permeados por el interés de llevar a Pemex a lo que el Banco Mundial (BM) denomina un punto de venta.

Sí, otra forma de atraer capital

Desde hace tiempo se ha estado comentando sobre un hecho impostergable: la apertura al capital privado en Petróleos Mexicanos (Pemex). Es el tema sobre el que todos o casi todos los políticos, economistas, financieros, analistas, empresarios y otras naciones productoras del esencial hidrocarburo, fuente energética y materia prima de un sinnúmero de industrias y de productos de consumo de nuestra vida diaria, han externado de una u otra manera (incluso a través del presidente de su país, como el caso de Petrobras) el interés de participar con capital.

Durante 2007, su producción diaria de petróleo crudo fue de tres millones 82 mil barriles, 5.3 por ciento inferior a la de 2006. La producción promedio disminuyó 174 mil barriles diarios respecto al año precedente, debido a la declinación prevista del Proyecto Cantarell y a los diversos sucesos climáticos que afectaron de manera directa a la producción (huracán Dean y frente frío número cinco).

Cada colocación de deuda que hace Pemex se agota aun antes de emitirse en los mercados secundarios; las tasas de interés que paga y la garantía de millones de barriles de reservas probadas han hecho de este instrumento la fuente básica de financiamiento de la empresa estatal de petróleo mexicano.

Otra forma de financiamiento ha sido (desde el gobierno de Ernesto Zedillo) a través de Pidiregas, mismos que han incrementado su deuda y la del gobierno federal: de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2008, Pemex tendrá que cubrir obligaciones financieras mediante este instrumento, la suma de 103 mil 275 millones de pesos: 70 por ciento será por concepto de amortizaciones y 30 por ciento por intereses devengados.

La producción de petróleo a escala mundial la podemos dividir por el origen de su inversión en: empresas privadas (denominadas Siete Hermanas) y empresas estatales (que extraen buena parte de la producción mundial en Noruega, Brasil, Venezuela, Rusia, Indonesia, Nigeria, Angola, algunos países árabes y México). Las primeras se financian con capital propio, con deuda y a través de la colocación de acciones en los mercados de capital mundial; las segundas acuden a los mercados internacionales de igual manera que las privadas y en algunos casos han colocado una parte de su patrimonio (por ser estatales) a través de instrumentos accionarios.

En el caso de Pemex se ha hablado muy poco al respecto y pienso que podría ser una solución intermedia. Estoy hablando no de privatizar Pemex sino, de momento, “democratizar” su capital. Esto significaría, probablemente, la concentración de porcentajes de participación en el patrimonio de la paraestatal, aspecto que mediante una regulación muy estricta se puede vigilar, no permitiendo (y esto sí se puede hacer) más que un porcentaje lo tenga un solo adquirente. Podría ser a través del esquema de Certificados de Aportación Patrimonial (como se inició la desincorporación de los bancos estatizados en 1982).

La semana pasada se publicó una entrevista con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin (después que éste le hubiera entregado la Orden de la Amistad que otorga el gobierno ruso a quienes se han distinguido por ayudar a incrementar los nexos con ese gran país). En ella, declara el gobernante ruso que uno de los puntos de éxito de la extracción de petróleo en Rusia (el año pasado se posicionó como el principal productor independiente, no perteneciente a la OPEP, por arriba de Arabia Saudita) se ha basado precisamente en la participación del capital externo en explotación de yacimientos petrolíferos y de gas dentro de Rusia, de la reinversión de una parte de sus ganancias, todo esto a través de un riguroso control para la expedición de licencias de explotación de estos recursos.

Así es como están presentes: British Petroleum, Shell, Mobil y Exxon, corporaciones que tienen tiempo invirtiendo, es por ello en parte que han alcanzado reservas internacionales de 200 mil dólares y captado inversión extranjera directa en 2007 de 83 mil millones de dólares. Esta participación de capital extranjero en el sector energético puede llegar a ser hasta de ciento por ciento.

Cuba permite la participación extranjera (mayoritariamente venezolana) para la exploración de yacimientos en el Golfo de México y que ha de compartir a través de su mar patrimonial con México y Estados Unidos.

Hay que considerar que la demanda de petróleo sigue en aumento en los mercados internacionales. El hidrocarburo representa 35.7 por ciento del total de demandas de energías primarias, le sigue el carbón con 28.4 por ciento, el gas natural con 23.7 por ciento y el restante 12.2 por ciento corresponde a otras energías.

¿Por qué entonces detener el progreso de Pemex? ¿No estaremos una vez más provocando un retraso en sus inversiones estratégicas?

* El autor es catedrático de la Universidad Iberoamericana y ex presidente nacional de Canacintra.

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