La posición de "El Ingeniero"
Fuente:
UNTCIP.net
(27/02/08)
• No es válido afirmar
que Pemex carece de recursos para invertir en cualquiera de sus
áreas sustantivas. “No conozco la declaración de ningún actor
político importante en este momento, ni de un partido ni de otro,
que se declare favorable a privatizar, por ejemplo, los yacimientos,
la exploración o la explotación... algo que no cabe, y sobre todo en
los sectores progresistas, es estar haciendo este boxeo de sombra
sin tener claridad”.
El posicionamiento es de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el hijo del
General, el tres veces candidato presidencial del PRD, el líder
moral de la principal fuerza de izquierda del país.
La frase forma parte de la entrevista realizada por la periodista
Rita Varela reproducida en las páginas de la revista Día Siete,
incluida en la edición dominical de Vanguardia.
No se trata, huelga decirlo, de la declaración de un personaje
político a quien pueda acusarse de “pro derechista”, de
“entreguista” ni, mucho menos, de ser afín a la administración
federal actual. La posición de “El Ingeniero” en relación con el
patrimonio petrolero del país es muy clara y no deja lugar a
interpretaciones:
“Sin duda hay intereses que se quieren quedar con la cereza del
pastel, que son las reservas, de eso no hay duda. Por ello diría que
el manejo de las reservas, su exploración, conocimiento y
explotación primaria debe estar en manos del Estado. No tengo duda
respecto a qué conviene al país en ese caso”.
Y cierra el argumento con una frase contundente: “Si se trata de
vender el escritorio del director (de Pemex), que lo vendan; pero si
se trata de enajenar las reservas, a eso sí nos vamos a oponer”.
Personalmente considero la posición de Cárdenas un buen punto de
partida para centrar la discusión respecto de la posibilidad de
permitir una mayor participación privada en el sector energético del
país, particularmente en lo relativo a la industria del petróleo.
En primer lugar, porque parte del reconocimiento de la realidad: la
inversión privada en la industria pretrolera mexicana ya existe en
este momento y resulta ocioso discutir si ésta debe permitirse o no.
Lo relevante es definir en qué áreas puede darse y bajo cuáles
reglas.
En este sentido, nuevamente la posición expuesta por Cuauhtémoc
Cárdenas en la entrevista citada es puntual: “No hay ninguna
limitación de carácter legal para invertir en exploración,
perforación y extracción de petróleo o gas de nuevos campos... El
marco jurídico no inhibe estas acciones. Hay complejos petroquímicos
que trabajan desde hace 60 años en Salamanca, Monterrey o
Puebla...”.
Adicionalmente, la posición de “El Ingeniero” resulta útil para
normar la discusión porque realiza una separación necesaria entre
los tres temas centrales del debate: la rectoría del Estado sobre
nuestros recursos energéticos, la posibilidad de ampliar la
participación privada en el sector y el régimen fiscal del Pemex.
Respecto del último aspecto, Cárdenas retrata la situación de forma
precisa: no es válido afirmar que Pemex carece de recursos para
invertir en cualquiera de sus áreas sustantivas, cuando la utilidad
producida por cada barril de petróleo es de alrededor de 75 dólares.
Es decir, en los hechos Pemex es una empresa multimillonaria con
márgenes de utilidad envidiables, pues vende cada barril de petróleo
en unas 10 veces su costo de producción.
El problema es que históricamente a todo mundo le ha resultado más
sencillo -y políticamente más cómodo, desde luego- tomar cada vez
más dinero de Pemex para financiar el presupuesto gubernamental,
antes que pagar el costo de realizar una reforma hacendaria profunda
capaz de incrementar la recaudación tributaria en los márgenes
requeridos por el país.
Resulta obligado por ello tener claro que la suerte de nuestra
principal empresa pública está ligada, de forma irremediable, a la
posibilidad de incrementar la recaudación tributaria, pues dejarle a
Pemex más dinero para invertir equivale a abrirle un boquete al
presupuesto público.
Esto no es, por cierto, ningún problema, siempre y cuando todos los
actores políticos estén dispuestos a pagar el costo de tomar
decisiones impopulares, es decir, que estén dispuestos a alejarse
del facilismo argumentativo según el cual todo se resuelve
cobrándole más impuestos a los ricos, bajándole el sueldo a la alta
burocracia o recurriendo al endeudamiento.
En otras palabras, la solución se ubica justamente en dejar de hacer
eso que Cárdenas llama “boxeo de sombra”, pues dicha práctica no
está orientada a buscar soluciones a los problemas del país y de la
industria petrolera, sino tan sólo a crispar el ánimo social.
En tanto no abandonemos esta práctica perversa y comencemos a
recrear un debate inteligente, basado en datos reales, en
información verificable, y no simplemente en prejuicios y conjeturas
insostenibles, seguiremos dejando escapar las oportunidades de
avanzar.
Y el petróleo seguirá agotándose, por supuesto.
carredondo@vanguardia.com.mx