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¿Le conviene a México la entrada de compañías petrolera internacionales en la exploración y producción de petróleo y gas natural?

Fuente: UNTCIP.net
(28/02/08)

• Víctor Rodríguez Padilla

Profesor e Investigador de la UNAM



La respuesta es negativa por las razones siguientes:



Las compañías quieren una parte sustantiva de la renta petrolera. Permitirles la entrada significará un sacrificio fiscal enorme.



Lo que el Gobierno Federal acepte darles, poco o mucho, ya no será para México. El reparto de la renta petrolera es un juego de suma cero: lo que pierde uno lo gana el otro. Y las compañías no se conforman con poco, quieren una parte sustantiva de las rentas económicas asociadas a la explotación petrolera. Para decirlo de una manera simple: quieren recibir altos ingresos y pagar pocos impuestos. Abrirles las puertas significará un sacrificio fiscal enorme. De entrada el Congreso de la Unión tendría que aprobar dos sistemas tributarios: uno muy severo y uno muy flexible; el duro se le aplicará al petróleo que Pemex produce actualmente, el suave al que produzcan las compañías. Se trata de un régimen similar al que propuso Vicente Fox en 2002 en preparación de la apertura, que dividía la producción en petróleo “nuevo” y “existente”, pero que fue rechazado por el Senado al descubrir el trasfondo del asunto. El cuadro 1 ilustra el reparto de la renta petrolera hoy día y el que resultaría en un escenario de reparto a partes (“fifty-fifty”) iguales sobre el beneficio neto.



Reparto de la renta petrolera en un escenario fifty-fifty (50/50)

(dólares por barril)


Costo de producción
Precio de venta
Renta petrolera
México
Compañías

Situación actual
5
100
95
95
0

Aguas profundas
20
100
80
40
40

Reparto de la producción



40%
60% *

* Incluye volumen de petróleo para recuperar costos (20%)




Si ahora nos quedamos con el 100% de la renta, mañana sólo nos tocará la mitad o menos, dependiendo de la correlación de fuerzas, la cual quedará plasmada en los contratos. Si de cualquier forma habrá sacrificio fiscal ¿por qué no realizarlo ahora para que Pemex salga adelante? ¿Por qué el gobierno federal está dispuesto a realizar ese sacrificio con tal de que entren las transnacionales?



Las compañías son sinónimo de evasión y elusión fiscal



Supongamos sin conceder, que los mexicanos nos ponemos de acuerdo en el porcentaje de renta que les daremos a las compañías. Ahora lo que falta es que ellas paguen los impuestos correspondientes, completitos, sin rebajas, sin créditos, sin periodos de gracia. Recuperar la renta petrolera que le toca a México presupone que el gobierno federal sabrá calcular y podrá cobrar los impuestos correspondientes. Presupone que el gobierno es un buen cobrador de impuestos, que las compañías son honestas y que no existe asimetría de información, es decir, que es capaz de conocer exactamente los costos en los que incurren las compañías. Los tres supuestos son falsos. México nunca recuperará en su totalidad la renta convenida en los contratos.



Las compañías no se conforman con poco, lo quieren todo



No hay apertura pequeña. Proponer –como hace FC-PRI-PAN– abrir lo pequeño, lo poco importante (pozos cerrados, petróleo marginal), lo difícil, o lo muy costoso (aguas profundas, Chicontepec…) es una táctica para convencer a los ingenuos.



La historia del petróleo demuestra que abrir una rendija es el punto inicial de un proceso que culmina tarde o temprano con la entrega de los mejores campos petroleros. Los CSM fueron la punta de lanza, lo dijimos en su momento. Ahora quieren más y no cejaran las presiones hasta conseguir la apertura de las cuencas más productivas, las de fácil acceso, las más rentables.



Las compañías no vienen por un pedacito, quieren todo el negocio, en el Golfo, en la Sonda de Campeche, en Tabasco, en Veracruz…



Las compañías no garantizan el aumento de las reservas petroleras, ni la reposición de lo extraído



Por lo general las compañías evitan la exploración de alto riesgo, prefieren aprovechar lo ya descubierto y los campos equipados con infraestructura. De entrada las compañías rechazan las obligaciones de exploración que les quieren imponer los países y cuando las aceptan es porque son escasas y laxas.



Las compañías no vienen ha realizar una explotación racional de los recursos naturales



A ellas lo que les interesa es la rápida recuperación de su inversión y eso lo logran descremando los yacimientos; operando una extracción acelerada sin tomarse la molestia de maximizar la recuperación del petróleo in situ y renovar las reservas. Ellas explotan los yacimientos en función de sus intereses. Ellas están de paso. Y lo mejor para ellas es pasar rápido y llevándose lo más que puedan. Simple administración de riesgos.



Que el Estado conserve la propiedad de los hidrocarburos en el subsuelo pero que las compañías se queden con los hidrocarburos que extrajeron (propuesta FC-PRI-PAN) es un incentivo a depredar.



Las compañías no vienen a México a gastar dinero, ni a derramar la renta petrolera que les conceda el gobierno



Las compañías invierten pero la mayor parte de sus compras las realizan en el extranjero. Y las escasas adquisiciones que realicen en el país tendrán un efecto multiplicador muy pobre porque la industria de servicios petroleros asentada en México es esencialmente transnacional.



Las compañías quieren que todos los gastos, incluyendo el pago de derechos, aprovechamientos e impuestos sean deducibles o acreditables.



Las compañías no quieren gastar en prevenir la contaminación, formar personal mexicano, ayudar a las comunidades afectadas por los proyectos, aportar para las universidades, promover la ciencia y la tecnología. Y si aceptan cláusulas de ese tipo es porque las pueden evadir o porque los gastos que se derivan de su cumplimiento podrán ser deducibles de impuestos. A final de cuentas el Estado acabar asumiendo tales gastos.



Las compañías quieren pocas obligaciones y muchos privilegios



Que vengan las compañías no garantiza que el mercado interno esté abastecido y la economía mexicana no deba recurrir a importaciones de petróleo crudo.



Las compañías no garantizan la seguridad energética de ningún país, incluyendo sus países de origen.



De entrada las compañías rechazan abastecer los mercados nacionales de los países en desarrollo; ellas quieren llevarse el crudo para alimentar sus refinerías y vender los petrolíferos en sus redes de distribución en EU y Europa, lo cual les permite maximizar el excedente petrolero. Las compañías aceptan abastecer el mercado nacional siempre y cuando se les pague el precio internacional, lo cual significa para México que una transnacional nos venda nuestro propio petróleo y paguemos por él como si hubiese sido producido y traído del extranjero.



Otorgar a las compañías el derecho de fijar el precio de venta significa restringir el margen de maniobra del gobierno para alentar el desarrollo mediante el suministro de combustibles ya no digamos baratos, simplemente por abajo del precio internacional.



Las compañías quieren que la compañía nacional les haga todas las gestiones, les facilite las cosas, quieren un trato de excepción, no quieren hacer fila; quieren que se les exima de trámites, permisos, evaluaciones y estudios, así como del pago de impuestos, derechos, aprovechamientos.



Las compañías cuidan los intereses de sus accionistas no los intereses de México



A las compañías lo que más les preocupa es el valor de sus acciones en la bolsa de valores.



Ellas conforman un portafolio de proyectos en todo el mundo; México es una de tantas fichas, intercambiables en función de cómo estén los vientos. No tienen arraigo ni quieren tenerlo. Entre sus objetivos nunca se inscribirá maximizar el beneficio económico e industrial para México. Nunca lo han hecho, ni siquiera en sus propios países de origen.



La racionalidad que las guía es la lógica del lucro y la ganancia: el motor que las anima es la codicia, la ambición, la avidez.



Las compañías tienen doble moral



Las compañías no vienen a México a operar como lo hacen en Noruega, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá… Vienen a aprovecharse de la debilidad institucional y de las fallas de la regulación. Son como los bancos extranjeros que aquí depredan los bolsillos de los consumidores pero allá se miden.



Las compañías no son buena cosa



Las compañías quieren hacer las cosas a su modo, sin que se les cuestiones, sin que se les moleste; quieren operar en situaciones de excepción, con privilegios. Las compañías no vienen como empleadas quieren ser patrones.



La mayoría de los directivos de esas empresas se caracterizan por su altanería, arrogancia, desprecio y racismo; quieren que se les trate como reyes; consideran a los mexicanos como poco inteligentes, tontos, en el mejor de los casos como folklóricos; nos toleran por nuestro petróleo; no quieren socios, quieren súbditos.



En todo el mundo las compañías son acusadas de evasión fiscal, corromper gobierno, expoliar, contaminar, chantajear, presionar, engañar, incumplir, actuar al margen des estado de derecho, pagar sueldos miserables…



Abusan de la necesidad de los países; se comportan como agiotistas, usureros, bandidos.



Se aprovechan de gobiernos ineptos, corruptos, entreguistas, antipatrioticos; en el mejor de los casos únicamente capturados por la ideología neoliberal que considera a inversionistas y empresarios como los dioses del desarrollo.



Dejar entrar a las compañías significa ya no poder quitárselas de encima



Recientemente Venezuela, Bolivia, Argentina, Rusia, han querido deshacerse de ellas pero no han podido; lo único que han logrado es elevarles los impuestos y quitarles algunos privilegios.



Ahora que Petrobras ha descubierto importantes yacimientos de petróleo Lula las quiere sacar para que el principal beneficiario del petróleo brasileño sean los brasileños. Aquí en México Felipe Calderón quiere hacer lo contrario.



Las compañías son una fuente de problemas diplomáticos



Cualquier contencioso con las compañías es un problema diplomático. La historia está llena de ejemplos. México lo vivió en su momento. La Constitución de 1917 y la expropiación de 1938 generaron conflictos diplomáticos con Estados Unidos, Inglaterra y Holanda. Venezuela lo está viviendo en estos momentos.



Conclusión



En suma, traer a las compañías para aumentar la producción petrolera significará, de una u otra forma:



Acelerar el agotamiento de un recurso natural no renovable. Todo barril extraído hoy será un barril menos para nuestros hijos. Y el fin del petróleo aún está muy lejos.



Multiplicar riesgos económicos, sociales, ambientales, políticos y estratégicos para el país.



Incrementar la contaminación de aire, agua, suelo, y el agotamiento de la biodiversidad.



Aumentar la petrolización de las finanzas públicas y la corrupción gubernamental.



Perpetuar el reparto clasista de la renta petrolera que sólo beneficia a las empresas y clases favorecidas de la sociedad.



Abrirles la puerta y permitirles la entrada va en contra del interés nacional

 



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