Un cuento sobre teléfonos y petróleo
Fuente:
UNTCIP.net
(28/02/08)
• (Una fantasía que
solamente la comparto con mis amigos)
j.l.apodaca v.
Ayer tuve un sueño en el que yo representaba a una empresa
trasnacional que sabe hacer negocios. Me enteré (quizá de no muy
buena fuente) que el Sr. Carlos Slim es un hombre muy exitoso, y que
por cada dólar que invierte en infraestructura para telefonía, le
quedan libres de ganancias cinco.
Se me ocurrió una gran área de oportunidad y conseguí una cita con
él, para plantearle que me gustaría participar en su empresa, y que
yo podría aportar el dólar que requiere para la infraestructura, a
cambio de que el comparta sus ganancias por la mitad.
Como el Sr. Slim sabe de negocios, me mandó con cajas destempladas,
y me aclaró que mientras pueda, el se va a seguir ganando quizá no
tanto por cada dólar que invierta, pero no vé la necesidad de
compartirlo con nadie.
El Gobierno Federal y muchos Legisladores del Congreso, no saben de
negocios, y ya los convenció alguien de que hagan una Reforma
Energética, para que las empresas trasnacionales cómo Repsol, Exxon
Mobil, Shell, Etc. inviertan en la exploración y explotación del
petróleo mexicano, y por cada dólar que inviertan se quedarán con
dos y medio, y si bien nos va (que no es seguro), otros dos dólares
y medio serán para el Gobierno Federal.
La pregunta obligada de los ciudadanos mexicanos es: ¿Y qué
necesidad tenemos de compartir las ganancias? Si actualmente por
cada dólar que invierte Pemex se gana cinco.
Los que comparten la iniciativa privatizadora del Gobierno Federal,
por siempre han odiado a Fidel Castro, pero ahora utilizan como
argumento: Qué hasta cuba usa el sistema de compartir ganancias, lo
cual es entendible, porque ese pequeño país no posee los
conocimientos, la experiencia y los recursos que tiene México en
materia petrolera.
Monterrey N.L. 20/febrero/2008
¿País o Colonia?
Andrés Manuel López Obrador (ublicado recientemente en "Reforma")
Cd. de México (18 febrero 2008).- A diferencia de la derecha y de
sus tecnócratas, nosotros pensamos que podemos sacar adelante al
país desterrando la corrupción de la que se alimentan y nutren
mutuamente el poder económico y el poder político de México.
También creemos que es indispensable, para la transformación del
país, un modelo económico propio que tenga como eje aprovechar la
vocación de trabajo de nuestro pueblo y el uso racional de los
recursos naturales, sobre todo de los energéticos.
Aquí no trataré el problema de la corrupción política y de los
beneficios que obtendríamos con erradicarla.
No hablaré de los jugosos negocios que actualmente se están haciendo
al amparo del poder público, como es el caso del reciente contrato
de compra de gas a Repsol de España por 15 mil millones de dólares,
asignado sin que se presentara ninguna otra oferta y con gas
extraído en Perú y revendido a la Comisión Federal de Electricidad a
precios elevadísimos.
Tampoco me referiré a lo mucho que ganaríamos al liberar de la
opresión a los trabajadores mexicanos, a quienes se les ha cancelado
el futuro en su patria y se han visto obligados a emigrar para
desatar en el extranjero su talento y laboriosidad.
El propósito de este artículo es resaltar la importancia estratégica
del petróleo y de cómo podríamos convertirlo en palanca del
desarrollo nacional. La relevancia del sector energético radica en
que se extiende desde la extracción del crudo y el gas hasta la
refinación, la petroquímica y la generación de electricidad.
Los productos de estas industrias son insumos de otras y, así, se va
formando una gran cadena de valor económico.
Además las industrias energéticas usan de manera masiva bienes y
servicios de otras ramas de la economía, con lo que se fortalece el
mercado interno.
Por otra parte, todas las proyecciones indican que la demanda de
energéticos seguirá en aumento, incluso, se estima que para el año
2020 será un 50% mayor que la actual. Es decir, aún cuando se
continúa investigando sobre otras fuentes de energía, todavía por
varias décadas el desarrollo de la economía mundial seguirá
sustentándose en los hidrocarburos.
Es en este horizonte en el que México goza de invaluables
posibilidades de desarrollo. Nuestro país cuenta con reservas
potenciales de crudo suficientes para producir gasolinas y
petroquímicos y, además, posee en el subsuelo gran cantidad de gas
natural que, cada vez, con mayor frecuencia se está utilizando para
la generación de energía eléctrica.
Ahora bien, por qué se ha desaprovechado este gran potencial
económico y no se ha usado el petróleo para fomentar la
industrialización, generar empleos y convertir a México en una
potencia energética. La respuesta, aunque parezca increíble, tiene
que ver con la idea que ha prevalecido, en los últimos 25 años, de
privatizar la industria eléctrica y el petróleo. Y desde luego,
detrás de esta concepción está el interés de quienes ambicionan
apropiarse de recursos que son propiedad de la Nación y del pueblo
de México.
Sólo así se explica que desde 1983, en vez de modernizar la
industria petrolera y convertirla en palanca del desarrollo
nacional, todos los gobiernos neoliberales han optado,
deliberadamente, por arruinarla y tener el pretexto para venderla y
convertirla en un negocio privado. Durante este periodo, la política
energética ha sido manejada con perversidad, de manera irresponsable
y con una sorprendente falta de visión y sentido común.
Lo único que les ha importado es vender petróleo crudo al extranjero
haciendo a un lado la exploración de nuevos yacimientos y, sobre
todo, dejando en el abandono la refinación y la industria
petroquímica.
La inversión pública directa de Petróleos Mexicanos (PEMEX) se
redujo al mínimo; pasó del 2.9% del PIB en 1982, al 0.57 en el 2007.
También en electricidad disminuyó del 1.2% del PIB en 1982 al 0.31%
en el 2007. Es decir, en ese periodo la totalidad de la inversión
pública en el sector energético cayó del 4.12 al 0.88% del PIB.
Por más de dos décadas la producción prácticamente ha dependido de
los campos descubiertos en los años setenta, sobre todo del
yacimiento de Cantarell en el mar de Campeche y de los pozos de
Chiapas y Tabasco. Con respecto al gas, los tecnócratas nunca
avizoraron la importancia estratégica que llegaría a tener este
energético. A la refinación y a la petroquímica se les privó de
recursos para su expansión y modernización.
Desde hace 25 años no se construye una nueva refinería y por eso
estamos importando 307 mil barriles diarios de gasolina, que
podríamos estar produciendo en nuestro país, generando empleos para
los mexicanos. Es tan absurdo lo que han hecho que este año se
comprará gasolina en el extranjero con un valor de 10 mil millones
dólares, exactamente lo que costarían las tres refinerías que
necesita el país para ser autosuficientes en este combustible.
En suma, el sector energético no ha tenido prioridad en los planes
gubernamentales y México se ha convertido en exportador de crudo e
importador de productos con mayor valor agregado.
Todo esto nos ha llevado a una gravísima situación de dependencia.
Se compra caro en el exterior la cuarta parte del gas que
necesitamos en el país y el 40 por ciento de la gasolina que
consumimos.
Por si fuera poco, en México, la electricidad y el gas, le cuestan
más al consumidor y al empresario que en Estados Unidos y que en
otros países del mundo. En cuanto a la gasolina, mientras nosotros
pagamos en diciembre de 2007 el litro en 8 pesos con 74 centavos, en
otros países petroleros como en Rusia valía 8.48; en Estados Unidos,
7.51; en China 7.16; en Nigeria, 5.28; en Emiratos Árabes, 4.99; en
Ecuador, 4.34; en Irak, 3.49; en Kuwait, 2.32; en Arabia Saudita,
1.32; en Irán, 0.97 y en Venezuela 50 centavos por litro.
Ante este panorama y esgrimiendo la falta de recursos económicos y
de tecnología, el gobierno usurpador pretende consumar la fechoría
de privatizar esta riqueza de la nación y compartir la renta
petrolera con empresas extranjeras. Debe saberse que PEMEX, a pesar
de la corrupción y del mal manejo, genera cada año un gran superávit
de 60 mil millones de dólares, más del 6 por ciento del PIB. Es la
empresa más rentable del país (extraer un barril de petróleo nos
cuesta 4 dólares y se vende hasta en 80 dólares). PEMEX es la
segunda petrolera con mayor flujo de efectivo del mundo. Los
impuestos que pagó el año pasado fueron de 60 mil millones de
dólares, equivalentes al 38 por ciento del presupuesto del gobierno
federal, y a más de tres veces, lo que pagaron de impuestos sobre la
renta todas las empresas privadas del país. Si PEMEX no invierte lo
suficiente, es porque el gobierno se lo confisca todo.
En cuanto a la tecnología, es falso que irremediablemente tengamos
que asociarnos con empresas extranjeras y no se pueda contratar.
Además hay trabajadores, técnicos e ingenieros petroleros mexicanos
con mucha experiencia. No olvidemos que, contra todos los
pronósticos de las compañías extranjeras, Petróleos Mexicanos, en
1938, salió adelante en sus operaciones, como puede lograrlo, con
más razón ahora. Es cosa de convocar a quienes saben y están
dispuestos a contribuir.
Sólo los tecnócratas acomplejados y vende patrias, pueden argumentar
que hoy PEMEX no puede y que su entrega al sector privado, nacional
o extranjero, es la única salvación.
La política de fortalecimiento energético que proponemos, sin
apertura al capital privado, ni nacional ni extranjero, implicaría
en una primera etapa, invertir con carácter de urgente, 400 mil
millones de pesos que se destinarían a la exploración de nuevos
campos, al desarrollo de los yacimientos de gas natural, a la
perforación de nuevos pozos, a la construcción de tres nuevas
refinerías, a la modernización y ampliación de plantas
petroquímicas, a la investigación y tecnología (incluyendo fuentes
de energía alternativa) y al mantenimiento de las instalaciones
petroleras.
Como es lógico, la pregunta obligada es ¿de dónde saldría el dinero?
La propuesta que hacemos es que estos fondos se obtengan de dos
maneras: por un lado, proponemos que se reduzca el gasto corriente y
de operación del gobierno en 200 mil millones de pesos. Esto
implica, entre otras cosas, suprimir las partidas del presupuesto
destinadas a garantizar los privilegios de la alta burocracia que se
ha convertido en una de las castas más favorecidas del mundo. Aclaro
que no proponemos reducir el gasto en inversión ni reducir los
sueldos de los trabajadores de base y eventuales ni en obra pública,
en educación y salud, ni en programas de apoyo a los más
desprotegidos; sino reducir el gasto burocrático y el destinado a la
operación del sector público, donde se ha registrado el incremento
más cuantioso en los años recientes. Conviene decir que el gasto
corriente del sector público, del año 2000 hasta la actualidad,
aumentó de 714 mil millones de pesos a un billón 466 mil millones;
es decir, se duplicó.
Por otro lado, proponemos que todo el excedente que se obtenga por
encima del precio del petróleo aprobado por la Cámara de Diputados,
se invierta en el desarrollo del sector energético.
Para tener una idea del potencial de esta medida, si se mantuviera
el precio internacional actual del petróleo por un año, este
excedente sería de más de 200 mil millones de pesos.
Al respecto conviene recordar que, durante el gobierno de Fox, tan
sólo de excedentes por los precios altos del petróleo, se recibieron
10 mil millones de dólares por año en el trienio de 2004 a 2006. Y
la desgracia fue y sigue siendo, que todo ese dinero, en vez de
destinarse a modernizar a PEMEX, a promover el desarrollo de México
y a garantizar el bienestar del pueblo, se derrochó en beneficio de
la alta burocracia o se fue por el caño de la corrupción.
De modo que sí se puede. Sí hay de otra, sí tenemos un proyecto
alternativo para hacer frente al gran atraco que dejaría a México y
a su pueblo sin desarrollo futuro. Celebremos el 70 aniversario de
la expropiación petrolera evitando que la derecha y sus aliados del
PRI nos regresen al porfiriato y nos conviertan en colonia.