El gobierno de Fox soslayó
implicaciones de la ASPAN, considera
investigadora
México se pliega a la voluntad de Estados Unidos en materia
energética
El Congreso debe estar atento ante el impulso de cambios
constitucionales en cuanto a gas y electricidad Comisión
estadunidense considera al país y Canadá parte de su jurisdicción
www.eluniversal.com.mx
(18/07/05)
CLAUDIA HERRERA BELTRAN
El capítulo energético de la Alianza para la Seguridad y
Prosperidad de América del Norte (ASPAN) evidencia un
"plegamiento" del gobierno mexicano a la voluntad de Estados
Unidos, que busca incrementar una oferta confiable de recursos
(petróleo, gas y electricidad) a costa de nuestro país y de
Canadá, afirmó Rosio Vargas Suárez, estudiosa del tema.
La académica del Centro de Investigaciones sobre América del
Norte de la UNAM señaló, en entrevista, que el presidente Vicente
Fox parece ajustarse a las demandas y requerimientos de sus
socios, sobre todo de George Bush sin haber analizado las
implicaciones de la alianza en un contexto mundial de recursos
petroleros limitados.
Para la investigadora del CISAN, que actualmente estudia el
impacto de la estrategia económica neoliberal estadunidense en el
sector energético mexicano, el ASPAN representa un despliegue más
decidido de los estadunidenses para implantar su estrategia
energética en la región.
Explicó que esta estrategia consiste en el incremento de una
oferta confiable de recursos (petróleo, gas, electricidad) en
México y Canadá, que lo han abastecido por años; la construcción
de infraestructura necesaria para ese fin; la implantación de
cambios jurídicos que permitan a las empresas extranjeras, sobre
todo estadunidenses, beneficiarse de la renta y buscar la
permanencia de los cambios legales una vez concluidas las
administraciones en turno.
La iniciativa no refleja, por parte de México, ni la existencia
de una propuesta energética propia ni una discusión previa por
parte de expertos mexicanos en la materia, afirmó la
investigadora con maestría en economía y política internacional y
doctorado en ingeniería energética.
"Muestra también el plegamiento en términos de agendas a la
voluntad de Washington al incorporar, en una negociación
internacional, la agenda energética y descartar la migratoria",
explicó.
Señaló que el Congreso de la Unión y otros actores políticos
deberían estar atentos a las implicaciones del ASPAN en materia
energética, porque se está hablando de "armonización de
regulaciones" y ello sugiere que México se tendría que ajustar al
modelo de mercado del gas natural y de la industria eléctrica
prevaleciente en sus dos vecinos del norte.
Para que eso ocurra, dijo, se requieren hacer cambios
constitucionales y por tanto la aprobación del Congreso. De no
ser éste el mecanismo tendría que ser mediante la imposición del
jefe del Ejecutivo a través de sus empresas estatales (Pemex y
CFE).
Otra vía, indicó, sería la imposición de la normatividad
extraterritorial del Congreso de Estados Unidos y/o de la Federal
Energy Regulatory Commision (FERC). Esto es ya un hecho en la
estandarización del mercado eléctrico de Estados Unidos que
considera a México y a Canadá como parte de su jurisdicción.
Actualmente, EU es el principal consumidor de petróleo en
términos absolutos (21 millones de barriles diarios), así como
per cápita, y no da visos de tener una verdadera política de
conservación de energía.
Señaló que la Alianza se inscribe en un contexto en que las
potencias mundiales están afianzando reservas petroleras y
gaseras futuras en sitios promisorios como el Mar Caspio,
Siberia, Irán, Africa Occidental, Venezuela, Bolivia y Perú,
entre los más importantes, en vista de que se vislumbra el
agotamiento en muchos yacimientos en todo el mundo.
También se relaciona con la situación de la industria petrolera
estadunidense que tiene una baja en su producción y empieza a
mostrar signos de escasez en su industria de gas natural.
Las reservas del vecino país del norte, indicó, se han logrado
mantener por años gracias a las importaciones. Esta situación se
traduce en una importante dependencia del crudo del exterior
mismo que se estima llegue a cubrir 70 por ciento del consumo
total en el 2025.
Vargas explicó que la decisión de Estados Unidos de afianzar la
producción de energéticos en América del Norte se relaciona con
motivos de seguridad ya que tanto México como Canadá han sido,
históricamente, sus abastecedores confiables.
Refirió que en la Alianza también están en juego los intereses de
las grandes empresas petroleras trasnacionales que son
representadas por el Council on Foreign Relations de Estados
Unidos.
El ASPAN, dijo, parece ser un acuerdo entre las elites más
trasnacionalizadas por lo que es claro que el mayor beneficio
será para este sector y no necesariamente para el sector privado
nacional ni mucho menos para el pueblo mexicano.
La otra consecuencia es que México va a servir de plataforma de
rexportación del gas natural licuado procedente de otras
latitudes, como Perú y Bolivia, a fin de ser reprocesado y entrar
al mercado estadunidense.
Algunas de estas plantas están vinculadas a la generación de
electricidad que será en parte para el mercado bajacaliforniano
y, fundamentalmente, para exportar a California (70 por ciento).
Dijo que si bien los proyectos se venden a la opinión pública
como la opción para generar electricidad para un mercado no
integrado al sistema eléctrico nacional, tiene serios
cuestionamientos en materia ambiental y representa un ahorro
económico sustantivo para las empresas ante la normatividad que
tendría que afrontar en caso de ubicarse del otro lado de la
línea fronteriza.