José Antonio Rojas Nieto
¿Hacia dónde va nuestra energía?
www.lajornada.com.mx
(18/07/05)
¡Cuánto se extraña hoy un análisis sereno, cuidadoso y abierto sobre
nuestra realidad energética! ¡Todavía más, una ponderada y amplia
discusión social sobre nuestro futuro energético! No sólo son
responsables los funcionarios que
>han transitado -uno tras otro, por lo demás- los diversos puestos
de coordinación y dirección de nuestro cada vez más pobre sector
energético, las más de las veces aprendices improvisados. Pero
también -¡qué duda cabe!- son harto responsables diputados y
senadores, incapaces de generar las condiciones para el diseño de
une estrategia nacional energética de largo aliento, de largo
>plazo, generosa con la naturaleza, generosa con la sociedad,
profundamente generosa con el país.
¡Basta que dos o tres de ellos -diputados y senadores- lo exijan
para que el resto aplastante los vapulee y los anatematice. Y no
dejo de señalar que también tenemos nuestra cuota de
responsabilidad, académicos, técnicos, profesionistas y
organizaciones sociales por no acentuar e insistir hasta el
cansancio en la necesidad de ese análisis ponderado y esa discusión
cuidadosa, extremadamente urgente y necesaria.
¿Lo haremos cuando nos quede petróleo para cuatro o cinco años,
después de pagar una y otra vez sólo el servicio de la deuda externa
con nuestra -paradójicamente- cada vez más exigua renta petrolera?
¿Lo haremos cuando tengamos que importar -como la tendencia lo
indica- más de la mitad de gas natural que consumamos? ¿O, también,
más de la mitad de la gasolina que requiramos? ¿Será buen día cuando
ya no sepamos qué hacer con la contaminación que resulta de quemar
combustibles fósiles? ¿O cuando ya nos quede muy poca agua para
generar electricidad? ¿A dónde vamos? ¿A dónde va nuestra energía?
¡No hemos hecho una buena lectura de los signos de los tiempos, dice
el Evangelio! ¡Estamos ayunos de un buen discernimiento social! ¡No
siempre hemos encargado a personas solventes -técnica y moralmente-
la coordinación de un esfuerzo que exige máxima honestidad, máxima
inteligencia, máxima astucia, máxima prudencia!
¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia dónde vamos una vez que se ha debilitado
-hay quienes aseguran que roto- el necesario vínculo ya no sólo
entre el llamado sector central (la Secretaría de Energía) y las
empresas públicas (Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de
Electricidad y Luz y Fuerza del Centro), sino entre éstas mismas?
Hoy más que nunca se impone la necesidad de una sólida coordinación
en busca del esencial mandato constitucional: máximo aprovechamiento
de nuestros recursos naturales; máxima eficiencia y productividad en
los procesos de industrialización de hidrocarburos y de generación,
transmisión y distribución de electricidad.
Varios ejemplos evidentes demuestran la ausencia de esa perspectiva
que busca el máximo beneficio social en la utilización de nuestra
riqueza energética, ese óptimo nacional en nuestras líneas de
política y en nuestra estrategia de desarrollo energético... en
nuestros proyectos específicos. Ninguno -o acaso muy pocos,
lamentablemente muy pocos- esfuerzos de coordinación conjunta entre
la Secretaría de Energía, Pemex, CFE y Luz y Fuerza del Centro. Y,
paradójicamente, pese a nuestro bajo promedio individual de consumo
de energía, seguimos dilapidándola al máximo.
También paradójicamente, pese a nuestras enormes dificultades para
financiar nuestros proyectos, seguimos en la aventura de proyectos
faraónicos de cuestionable beneficio social, pero incuestionable
beneficio individual para empresas y firmas involucradas, tantas
veces gracias a vínculos de dudosa legitimidad con funcionarios
gubernamentales.
Nunca -de verdad que nunca- se nos olvide que el borrador de
estrategia energética del gobierno actual -el del cambio- fue
preparado por personeros y en equipos de la fraudulenta y corrupta
empresa Enron, tan vinculada a personeros importantes de la campaña
electoral del actual Presidente de la República.
¡Nunca se nos olvide eso, por favor!
Precisamente por eso, porque recordamos eso, estamos obligados a
analizar con extrema precaución, ya no sólo el discurso oficial
sobre la estrategia energética -estérilmente centrado en eso de la
reforma energética- sino los proyectos y acciones que se impulsaron
e impulsan. Sí, lo menos que podemos empezar a hacer antes de que se
vayan los personeros de este gobierno es un balance ponderado de sus
acciones.
¡Qué no nos abandone la lealtad, recomienda el proverbio! Una
lealtad fundamental con la sociedad, con la nación. En el terreno
energético hay mucho que analizar, mucho que reflexionar y mucho
-sí, mucho- que proponer. Por ello, también la urgencia de un ánimo
inmarchitable. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos tienen
derecho a una vida mejor, mucho mejor que la nuestra.
Esa vida requiere energía generosa, limpia, sustentable. Y nosotros
todavía tenemos derecho a un buen gobierno, mucho mejor que el
actual, que día a día se enreda más con sus corruptelas y tropieza,
con sus incongruencias. ¡Qué pena!