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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Inequidad e ineficiencia
Fuente:
jornada.unam.mx
(31/07/06)
José Luis Calva
Las "reformas estructurales" y "disciplinas macroeconómicas"
apegadas a los dogmas del Washington Consensus (W C)-aplicadas con
singular perseverancia en México desde 1983 hasta el presente-
trajeron consigo un grave deterioro de la distribución del ingreso:
la participación de los salarios en el Producto Interno Bruto se
redujo de 37.1% durante el periodo 1970-1982, a 30.8% del PIB en el
periodo 1983-2005. Por eso, los asalariados de México tuvieron una
pérdida acumulada de 622 mil 811 millones de dólares (valores
constantes de 2005), al cercenarse brutalmente su participación en
la riqueza efectivamente generada.
Además, la conversión de México en un enorme laboratorio de
experimentación del Washington Consensus, trajo también consigo
efectos aún más perniciosos sobre el ingreso y el bienestar de las
mayorías nacionales, asociados al pobre y errático crecimiento del
producto nacional. La brecha entre el PIB realmente observado (que
durante el periodo 1983-2005 apenas creció a una tasa de 2.38%
anual) y el PIB susceptible de ser producido de haberse mantenido la
operación de economía mexicana en un nivel cercano al pleno empleo,
es decir, a un ritmo de crecimiento similar al promedio histórico
del periodo 1935-1982 (6.1% anual), alcanza un valor acumulado de 8
billones 095 mil 629 millones de dólares (en valores constantes de
2005) durante el periodo 1983-2005. De ellos, habrían correspondido
a los asalariados de México 2 billones 569 mil 336 millones de
dólares, bajo un escenario de participación de los salarios en el
PIB igual al observado durante 1983-2005. Así, la pérdida de los
asalariados por efecto del miserable crecimiento económico resulta
considerablemente mayor que la pérdida derivada del empeoramiento de
la distribución factorial del ingreso.
En consecuencia, para elevar aceleradamente el nivel de vida de las
mayorías nacionales no sólo se requiere mejorar la distribución del
ingreso sino, sobre todo, pasar a una estrategia económica realmente
eficiente, capaz de generar un crecimiento por lo menos similar al
observado durante el vilipendiado modelo económico precedente al
neoliberal.
Ahora bien, el miserable desempeño de la economía mexicana durante
casi un cuarto de siglo de experimentación neoliberal tiene dos
grandes causas. Por una parte, las estrategias macroeconómicas que
han provocado los repetidos ciclos de freno y arranque. No hay que
olvidarlo: durante casi cuatro sexenios de experimentación
neoliberal, las políticas activas de desarrollo económico han sido
abandonadas bajo el dogma según el cual la contribución nodal del
Estado al crecimiento económico consiste, simplemente, en la
creación de un marco de "estabilidad macroeconómica" (entendida
estrechamente como inflación decreciente, próxima al nivel
inflacionario de Estados Unidos; y finanzas públicas cercanas al
equilibrio ingreso-gasto).
El problema consiste en que al desatender las macrovariables reales
de la economía y, por tanto, los más relevantes equilibrios
macroeconómicos (el crecimiento sostenido del PIB a tasas cercanas a
las potenciales y la operación de la economía en un nivel de
ocupación próximo al pleno empleo), las estrategias macroeconómicas
ortodoxas han provocado los ciclos de freno y arranque.
Los costos económicos y sociales de la volatilidad en el crecimiento
del producto nacional y del empleo han sido enormes: la
inestabilidad de las macrovariables reales ha traído consigo una
elevada subutilización promedio de la capacidad productiva
instalada, afectando las utilidades empresariales y la productividad
de los factores; ha reducido las tasas medias de crecimiento de la
inversión productiva y del empleo en el sector formal de la
economía, afectando negativamente la tasa media de crecimiento del
PIB, el ingreso de los hogares y el nivel de vida de las mayorías
nacionales.
Por otra parte, las "reformas estructurales" apegadas al Washington
Consensus (la apertura comercial unilateral, abrupta e
indiscriminada, combinada con recurrentes sobrevaluaciones
cambiarias y con el desmantelamiento de las políticas activas de
fomento en aras del libre accionar de la mano invisible del mercado,
etcétera), provocaron la pérdida de eslabones completos de las
cadenas productivas, destruidos por el crecimiento vertiginoso del
componente importado; eo ipso, generaron una creciente
desvinculación entre la economía de mercado interno y un sector
exportador que, lejos de ejercer un efecto de arrastre sobre la
planta productiva mexicana, transmite sus efectos multiplicadores
sobre la producción, la inversión y el empleo fuera del país,
tendiendo a convertirse en industria cuasi maquiladora (o, lo que es
lo mismo, en una economía de enclave); profundizaron la brecha
tecnológica y de productividad entre los distintos sectores y ramas
de la economía mexicana, trayendo consigo una escasa generación de
empleos en el sector formal de la economía y un creciente desempleo
encubierto en el sector informal de la economía (de baja tecnología
y productividad); así como un ensanchamiento de las desigualdades en
el desarrollo regional y en la distribución del ingreso, con una
dramática proliferación de la pobreza.
Es indudable: para encontrar el camino de la prosperidad nacional,
se nececita poner punto final al modelo económico neoliberal, que no
sólo ha probado su inequidad, sino también su ineficiencia.
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

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