Perredistas, priístas y funcionarios difieren en foro del Senado
sobre la situación de la paraestatal
Pemex “está muerto”; “no, vivo apenas”
Fuente:
CNEE-sur.net
(2/07/08)
• Rosa Elvira Vargas
Participantes en el debate en el Senado sobre la reforma energética,
con el tema Situación financiera y presupuestal de Pemex
Diagnósticos necrológicos, y que cada cual elija el que le guste y
acomode a su proyecto sobre la industria petrolera nacional: Pemex
ya “está muerto”, asegura el senador perredista Arturo Núñez.
Francisco Suárez Dávila, del PRI, lo refuta: la empresa “está viva,
apenas”. Y el responsable de las finanzas nacionales en el gobierno
del PAN, Agustín Carstens, contradice a ambos. Según él, Petróleos
Mexicanos “está vivo, coleando y fuerte”.
No quedan ahí las alusiones, digamos panteoneras. Lorenzo Daniel
Ludlow Kuri, del blanquiazul, se queja de que cuando hay excedentes
petroleros, “como buitres, luego luego los estados y municipios”
reclaman ese dinero.
Y por esa ruta, ¡ah!, cómo salieron cosas ayer en la larguísima
sesión del debate petrolero en el Senado de la República. Tanto
frente al micrófono como en la trastienda. Un panista, en inacabada
adaptación a su nuevo rol de coordinador de su bancada, Gustavo
Madero, ilustra con la empresa brasileña Petrobras para decir que la
forma en que ésta opera hoy echa por tierra los argumentos “de tipo
nostálgico e ideológico” que se oponen a la iniciativa del gobierno
de Felipe Calderón Hinojosa.
Entonces, y en un acto de retórica incomprensible, trata de
tranquilizar a quienes, según él, así piensan, y asegura que de
aprobarse la reforma del Ejecutivo Pemex se mantendrá como una
entidad “paraestatal monopólica”.
Lo mismo ocurre con el secretario Carstens, quien de plano admite
que aun cuando se aprobara el proyecto en discusión, éste “no va a
ser la reforma energética que nos resuelva el problema de Pemex en
los próximos 20 o 30 años”.
Y quizá porque está perfectamente convencido de ello, y además no ha
visto los anuncios de la televisión donde se busca persuadir a los
mexicanos de la bondad de la reforma calderonista con el argumento
de que habría menos importación de gasolinas, el titular de Hacienda
se sincera: “lo más redituable es sacar el petróleo a unos costos
muy bajos y poderlo vender a un precio mucho más alto. Ahí es donde
está la renta petrolera”.
Cuestión de prioridad
Porque la verdad, continúa, las demás actividades (petroquímica y
otros derivados, se entiende) “en el mejor de los casos tienen
utilidades normales” y por eso se les grava fiscalmente como a
cualquier otra empresa, mientras que la actividad que tiene un
régimen tributario específico, insiste Carstens, es la exploración y
explotación; es a lo que hay que darle prioridad.
Pero si esto fue dicho por el funcionario en todo caso como una
forma de persuadir sobre la inexistencia de intenciones
privatizadoras en el proyecto oficial, Carlos Tello Macías, ex
secretario de Programación y Presupuesto con José López Portillo,
desde muy temprano se había adelantado para ubicar en su justa
medida los apetitos que despierta todo lo que tiene que ver con
hidrocarburos.
“No se explica ni mucho menos se justifica la entrega al sector
privado de negocios y actividades que generan, a quienes las
practican, cuantiosas utilidades. Si no fuese el caso, no se
estarían peleando los particulares por obtener esos negocios”, dice.
Ya se veía venir. Con su peculiar acento y un texto que criticaba de
entrada que los ingresos fiscales por el petróleo “se diluyen en los
diversos gastos corrientes del gobierno” para concluir, en términos
llanos y claritos: “espero que no pasen las iniciativas” del
Ejecutivo, Carlos Tello se convirtió ayer en el objetivo a denostar
y en víctima de una suerte de “guerra sucia” en la sede del debate
petrolero
En la sala de prensa del Senado circuló sin membrete un par de hojas
en las cuales se “resume” la trayectoria de quien ayer se mostró
como uno de los más aguerridos críticos de la propuesta
presidencial. Y ahí se le ubicaba como autor de la privatización de
la banca e “importante promotor de la fuerte –y desordenada–
expansión del Estado en la economía” en aquel sexenio.
Lo curioso es que los datos incluidos en el documento sobre reservas
petroleras, déficit fiscal, ingresos públicos y demás, durante la
etapa lopezportillista, los repitió textuales el senador del PAN
Rubén Camarillo, secretario de la Comisión de Energía y, como tal,
uno de los anfitriones del debate.
De plano, personificó en Tello Macías todas las desgracias
nacionales. “No fueron los tecnócratas ni el neoliberalismo; fue el
desastre en el manejo estatista-populista de la economía en los 70.”
Y hasta quiso ironizar. Preguntó al invitado si su propuesta para
mejorar Pemex se basará en esa misma receta. Ya encarrerado pidió
que nadie en estos foros proponga defender a la paraestatal “como un
perro”.
Porque para los legisladores del PAN los ocho años en la Presidencia
de la República, por lo menos respecto al manejo de la industria
petrolera, pareciera que no han existido, y que ellos nacieron
cuando el presidente Calderón envió su iniciativa. Antes, la nada.
Sólo, en todo caso, satanizar el pasado. Y claro, para eso estaba
ahí Tello Macías.
“¿Por qué cuando era todo a favor y tenían un Congreso a modo y
dócil al Ejecutivo no pudieron lograr nada? Y le diría algo más,
doctor Tello: que esta reforma y muchos cambios más que estamos
haciendo son precisamente para corregir los vicios y los problemas
que ustedes nos heredaron o por no hacer nada o por tomar decisiones
muy malas...”
Por supuesto, para entonces el aludido ya no tenía oportunidad de
réplica. Al parecer, tampoco se trataba de tener con ese “emisario
del pasado” las deferencias que sí obtuvo Agustín Carstens.
Curiosamente, ninguno de esos legisladores se rasgó las vestiduras
ante las críticas del priísta Francisco Suárez Dávila y del senador
perredista Arturo Núñez, sobre el dispendio en que incurrió el
anterior gobierno del PAN en materia petrolera. “...maximizó la
dilapidación de excedentes y también la depredación del capital
humano. El juicio histórico será muy adverso sobre los
responsables”, dijo el primero.
Y hay que decirlo: a su modo, el propio Carstens admitió ese
dispendio. “En esta administración hemos tenido mucho cuidado de que
eso no se repita.”
Al oír a tan enjundiosos panistas, qué pasaba por la cabeza de
Manuel Tello Macías, de Jesús Silva Hérzog, de Manuel Bartlett, de
Alfredo Phillips Olmedo, presentes ayer ahí. No es difícil
suponerlo. Murmuraban y movían la cabeza en señal negativa. Y así
estuvieron las más de seis horas durante las que se discutió la
situación financiera de la principal empresa mexicana... aún.