Frustrada reforma
Fuente:
CNEE-sur.net
(4/07/08)
•
Jaque mate
SERGIO SARMIENTO
"Habría una gran reforma en la política si la sabiduría pudiera
difundirse tan fácil y rápidamente como la tontería." Winston
Churchill
Así como la reforma fiscal se vio frustrada, y se convirtió en una
simple miscelánea que levantará menos dinero del que se está
gastando en el subsidio a la gasolina, así la reforma petrolera
parece destinada a quedar frustrada.
La derrota estaba señalada desde un principio. El propio presidente
Felipe Calderón, en el afán de conseguir el apoyo del PRI que exigió
una reforma pero sin una necesaria enmienda constitucional, presentó
una iniciativa muy débil. La propuesta es un paso adelante, sin
duda, pero dista mucho de tener la capacidad de transformar a la
industria petrolera del país como sería necesario si quisiéramos ya
no rezagarnos más en este campo de actividad.
Como si la propuesta del presidente no fuera ya suficientemente
débil, los senadores del PRI, que en este momento tienen en sus
manos el futuro de la ley, amenazan con debilitarla todavía más. No
sabemos los ciudadanos a ciencia cierta qué aprobarán al final los
priistas. Pero en múltiples ocasiones nos han dicho que de ninguna
manera aceptarán la propuesta del presidente tal y como ésta fue
sometida. Lo que se espera, de hecho, no es que fortalezcan la
iniciativa sino que la debiliten todavía más.
Pero aun si la reforma saltara el obstáculo de los legisladores
priistas, al final enfrentará una barrera todavía más alta y difícil
de franquear: la Suprema Corte de Justicia. Los ministros tendrán la
última palabra, ya que, independientemente de la forma que tome la
iniciativa al salir del Congreso, los grupos que se oponen a ella
tratarán de detenerla con una controversia constitucional y con
amparos.
Y la Corte tendrá obligación de ceñirse a lo que establece una
Constitución estatista. "No sé para que nos preguntan, si ya les
dijimos", me dijo hace un tiempo un ministro recordando el caso del
Reglamento de la Ley de Energía Eléctrica que la Corte consideró en
el sexenio de Vicente Fox y que fue considerado inconstitucional.
Los ministros ofrecieron entonces, de hecho, un comentario
inusitado. Si se les hubiera preguntado en su momento sobre la
propia Ley de Energía Eléctrica, la cual fue aprobada por el
Congreso en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en un tiempo en
que todavía el presidente contaba con un poder tal que tenía
asegurada la promulgación de sus iniciativas, también habría sido
declarada inconstitucional.
Si consideramos todos estos obstáculos, tendremos que aceptar que lo
más probable es que nunca tengamos una reforma petrolera real. Lo
que se apruebe finalmente quedará muy corto de lo que el país
necesita para tener una industria petrolera del nivel que México
necesita para tener un nuevo impulso de desarrollo. Pemex no se
convertirá en una Repsol o en una Petrobras, empresas española y
brasileña que, privadas o estatales, tienen una gran flexibilidad de
operación y se han convertido en líderes en el mercado petrolero
internacional. Nada parece indicar que a Pemex se le vaya a dar la
suficiente autonomía de operación o los suficientes recursos para
que en un tiempo relativamente corto pueda incrementar de manera
importante su producción.
Si somos realistas, por lo tanto, tendremos que esperar que en un
lapso que puede variar entre cinco y 10 años México se convierta en
un importador neto de petróleo. Sólo un hallazgo milagroso de un
nuevo gran yacimiento de crudo nos permitiría escapar de esta
suerte. Pero ya una vez nos sacamos esa lotería, al encontrar el
generoso yacimiento de Cantarell, y sin embargo no hemos aprovechado
los recursos que de él han surgido más que para subsidiar el gasto
corriente del gobierno y el consumo de la gasolina.
Parte del problema es, por supuesto, la incapacidad de la clase
política mexicana para entender cómo funciona la economía y qué
medidas se deben tomar para tener una industria petrolera realmente
eficiente y que genere el máximo beneficio posible para los
mexicanos. La compañía petrolera monopólica y burocrática que esta
clase política quiere mantener es ya simplemente inoperante en este
siglo XXI.
Es iluso pretender tener una compañía petrolera realmente exitosa
con las reglas que marca la Constitución, la cual prohíbe
absolutamente todo tipo de contrato entre Pemex y cualquier empresa
privada. No sólo es imposible modernizar a la empresa con estas
reglas sino que, de hecho, buena parte de la actual operación de
Pemex es hoy ilegal con una interpretación literal de la
Constitución.
Los legisladores del PRD siempre se negaron a cualquier reforma y
los del PRI a cualquier enmienda de la Constitución. Desde ese
momento los dados estaban cargados contra una reforma eficaz. Al
parecer tendremos que esperar a que México se quede sin petróleo
para que los mexicanos se den cuenta del callejón sin salida en el
que nos ha metido nuestra clase política.
BURBUJA
Agustín Carstens, el secretario de hacienda, tiene razón. Nunca ha
existido un producto que suba de precio de manera indefinida. Tarde
o temprano toda burbuja se rompe. Lo mismo ocurrirá con el precio
del petróleo. El problema es que los mexicanos salimos perdiendo en
los dos casos. Si baja el precio del petróleo, se reducirá nuestro
ingreso por exportación de crudo. Si sigue subiendo, tendremos que
pagar cada vez más por la gasolina. Y cuando nos quedemos sin
petróleo, lo cual es inevitable, nos arrepentiremos de no haber
aprovechado una bonanza que duró tres décadas.