México
SA
Carlos Fernández-Vega
cfvmx@yahoo.com.mx • cfv@prodigy.net.mx
■ Reducir el presupuesto a la investigación al mínimo
■ Enojo puma
Fuente:
CNEE-sur.net
(4/07/08)
• El desarrollo
tecnológico y su financiamiento, hasta llevarlo al uno por ciento
del producto interno bruto, ha sido otro de los muchísimos
“compromisos” de saliva de las últimas cinco administraciones
gubernamentales. A estas alturas del partido, y en el mejor de los
optimismos, tal proporción a duras penas se aproxima a 0.4 por
ciento
La tecnología y la investigación científica en el campo petrolero
fue el tema de ayer en el debate que se desarrolla en el Senado, y
el panorama es desolador. Uno de los puntos de coincidencia en el
análisis fue el lamentable cuan deliberado abandono financiero en el
que se encuentran las instituciones públicas oficialmente dedicadas
a esta actividad.
Esos gobiernos decidieron que era mejor destinar multimillonarias
partidas presupuestales para la compra de tecnología a las grandes
trasnacionales, que destinar los recursos al fortalecimiento de, por
ejemplo, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), un organismo
público al que, por el contrario, le redujeron dramáticamente su
presupuesto. En cambio, de 2001 a 2006 Pemex contrató servicios
tecnológicos por un importe total de 13 mil 360 millones de pesos,
82 por ciento de los cuales terminaron en arcas trasnacionales.
Pero no sólo en el sector petrolero se cuecen habas, porque se dan
casos verdaderamente aberrantes de desvío de recursos públicos a las
grandes empresas que operan en el país (incluidas las extranjeras)
que debilitan financieramente a la investigación y el desarrollo
tecnológico de alcance y beneficio nacional. Va un ejemplo.
Semanas atrás, los pumas mayores de la UNAM recibieron un telefonazo
de los genios de la Secretaría de Hacienda, quienes les solicitaron
revisar por dónde podrían recortar el presupuesto universitario para
que el inquilino de Los Pinos completara el cochinito del nuevo
subsidio por él anunciado en el marco de Oportunidades, por un monto
de 4 mil 500 millones de pesos. No contestaron así, porque los
felinos son muy educados, pero en términos llanos los mandaron al
carajo, no sin antes recomendarles que si tal era la urgencia y de
inmediato querían esos 4 mil 500 millones de pesos, simple y
sencillamente cancelaran los subsidios gubernamentales al sector
privado en materia de investigación y desarrollo de tecnología.
En efecto, en los últimos siete años de las arcas públicas salieron
alrededor de 14 mil millones de pesos para financiar, vía fiscal, la
investigación y el desarrollo de tecnología de las grandes empresas
privadas (nacionales y extranjeras), famosas, entre otras tantas
cosas, por sus elevadísimas utilidades y su raquítica contribución
al fisco. Tan sólo en 2007 el gobierno calderonista destinó 4 mil
500 millones de pesos a tal fin, monto que fácilmente rebasará los 5
mil millones en 2008, de tal suerte que si quiere completar para
Oportunidades ya sabe de dónde agarrarse.
Un Comité Interinstitucional (integrado por representantes del
Conacyt y de las Secretaría de Hacienda, Economía y Educación
Pública) “para la aplicación del estímulo fiscal a los gastos e
inversiones en investigación y desarrollo de tecnología”, es el
organismo público que autoriza a las empresas un crédito fiscal
equivalente al 30 por ciento de los gastos e inversiones realizados
en un ejercicio dado por los conceptos referidos.
En 2006 tales autorizaciones sumaron 4 mil millones de pesos, y
entre los beneficiarios destacaron no la UNAM, el IPN, las
universidades públicas estatales o el propio IMP, sino empresas como
Bachoco (propiedad de la familia Bours, la del gobernador de Sonora)
que ese año obtuvo subsidios por alrededor de 60 millones de pesos,
cuando sus utilidades netas se aproximaron a 2 mil millones de
pesos. Además, Banco Azteca, de Ricardo Salinas Pliego, con más de
12 millones de pesos.
Bimbo no podía quedarse afuera del carrusel de beneficios fiscales,
ámbito en el que es todo un experto: sólo en 2006 y por los
conceptos referidos obtuvo más de 11 millones de pesos,
independientemente de que su subsidiaria Barcel (alimentos chatarra)
recibió 20 millones de pesos. Ese año, la empresa, propiedad de la
siempre pía familia Servitje, reportó utilidades netas cercanas a 4
mil millones de pesos.
En la danza fiscal, Controladora General Motors se embolsó casi 500
millones de pesos y más de 320 millones Daimlerchrysler de México;
Arca, uno de los grupos embotelladores de Coca-Cola en México, se
llevó alrededor de 190 millones de pesos; Cadbury Adams México 30
millones; Laboratorios Astrazeneca, 13 millones; Bayer de México más
de 7 millones; Bombardier Transportation México, cerca de 4
millones; Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, de FEMSA, alrededor de 11
millones; Du Pont México, más de 16 millones, Abbott Laboratories de
México, casi 7 millones; Grupo Gamesa, subsidiarias de Pepsico,
cerca de 38 millones y Grupo Posadas (que compró Aeroméxico) cerca
de 22 millones.
No son todas las empresas, pero las citadas sí repitieron el
beneficio fiscal en 2007. Como se acabó el espacio, mañana seguimos
con el tema, mientras la investigación y el desarrollo de tecnología
las universidades del Estado y en los organismos públicos se las ven
cada día más negro para sacar adelante su chamba con menores
recursos.
Las rebanadas del pastel
A partir de las 18:00 horas de este viernes, en el Club de
Periodistas de México (Filomeno Mata 8, Centro Histórico) se
desarrollará el XI Foro Balance de 26 años de política privatizadora
en el contexto nacional e internacional; Pemex en riesgo. Participan
el embajador de Bolivia, Jorge Mancilla Torres; Francisco Carrillo
Soberón; Gloria Tobón, de la Asociación de Usuarios del Agua de
Saltillo (AUAS); Juan Cáceres, presidente y fundador de la primera
organización de servicio a la comunidad mexicana en Nueva York, el
Centro de la Comunidad Mexicana (vía electrónica desde aquella
ciudad); Miguel García Reyes, presidente del Centro de Estudios
Geopolíticos en Energía y Medio Ambiente y este tecleador. Como
moderadores, Celeste Sáenz de Miera y José Manuel Orozco Garibay. Se
va a poner bueno.