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Itinerario Político

Fuente: eluniversal.com.mx
( 2005-06-13 )

Ricardo Alemán

El fantasma de los "Salinas"

Se desnuda la justicia, y se confirma su uso faccioso
Si no fue Salinas, se preguntan: ¿entonces quién fue?

No hay duda, a partir de la razón, que les asiste la verdad jurídica a los juzgadores que en los hechos exoneraron a Raúl Salinas del crimen de José Francisco Ruiz Massieu. En efecto, el hermano del ex presidente Carlos Salinas fue víctima de un complot político urdido por el gobierno de Ernesto Zedillo, quien usó activamente a algunos integrantes del PAN para cobrar venganza, como Antonio Lozano Gracia, el panista y ex procurador general de la República.

En efecto, cualquiera tendría que aplaudir a esos juzgadores que, a pesar de que pasó una década, al final de cuentas echaron abajo el perverso entramado jurídico que montaron Lozano Gracia y Pablo Chapa Bezanilla, con la complacencia de una buena parte de la sociedad mexicana que con esa "perversidad" jurídica cebaron las cuentas pendientes con el más impopular de los ex presidentes. Sí, el responsable del crimen de José Francisco Ruiz Massieu no habría sido Raúl Salinas, quien ya pagó 10 años de prisión por un crimen que no cometió.

Sí, pero al tiempo que "se abre paso" la justicia en torno al interesado e irresponsable involucramiento de Raúl Salinas en el crimen de José Francisco Ruiz Massieu, la propia justicia mexicana queda en ridículo al demostrar que no sabe, no puede o no quiere encontrar al verdadero responsable de ese crimen. Si el responsable de ese crimen no fue el "hermano incómodo", ¿entonces quien fue? Y frente a esa interrogante, la deuda de la justicia mexicana a los mexicanos todos es doble, porque esa justicia permitió que pasaran 10 años de una injusticia que efectivamente al final fue corregida, pero al mismo tiempo esa justicia no ha sido capaz de encontrar al o los responsables intelectuales de ese crimen y menos ha podido castigar al pillo Raúl Salinas, el que junto con toda la familia del ex presidente se enriqueció en forma demencial con los recursos públicos.

Una revisión elemental del caso, luego de las aberraciones del ex procurador Antonio Lozano Gracia, de los engaños del ex fiscal especial Pablo Chapa Bezanilla, luego del ridículo de la vidente, de la osamenta, del testigo comprado con cifras millonarias, muestra no sólo que Raúl Salinas fue, efectivamente, víctima de un complot urdido por Ernesto Zedillo desde la casa presidencial, sino que la justicia mexicana se usaba y se usa con fines políticos para cobrar venganzas desde lo más alto del poder. Pero una vez exhibido ese uso faccioso del poder y de la justicia, también queda al descubierto la ineficacia real de esa justicia.

¿Quién fue el verdadero responsable? Es la pregunta que todos se hacen, y es la pregunta que no responden las instituciones encargadas de procurar justicia. Peor aún, esos impartidores de justicia fueron incapaces de acusar, con la dureza que todos reclamaron, el castigo a los Salinas, por el inmoral y demencial enriquecimiento que también quedó al descubierto. Sí, Raúl Salinas podría quedar libre luego de pagar una fianza millonaria, pero el daño que causó a la sociedad con el ilegal enriquecimiento quedará impune. Y frente a esa impunidad, quién se podrá sentir tranquilo.



Otros flancos


Y es que los escándalos en torno a la familia Salinas van más allá del crimen de José Francisco Ruiz Massieu. Están los delitos de enriquecimiento ilícito, del uso de la influencia presidencial para realizar negocios indebidos como lo reconoció el propio Raúl Salinas, y los presuntos vínculos de la familia del ex presidente con el narcotráfico, y en los tiempos que corren, con la sucesión presidencial. ¿Qué ha hecho, por ejemplo, la justicia mexicana en torno a Justo Ceja, al propio Manuel Muñoz Rocha y a otros presuntos implicados en el narcotráfico? ¿Qué ha hecho la justicia mexicana para esclarecer la relación de los Salinas con uno de los más poderosos cárteles de la droga? ¿Cuál es el vínculo de los Salinas con la guerra que han emprendido los actuales capos del crimen organizado y los barones de la droga?

El caso de Raúl Salinas se ha convertido, sin duda, en un caso emblemático de la supuesta persecución de los delincuentes, sean de la familia que sean, pero en el fondo el escándalo no es más que resultado de una vendetta política, sin que a nadie le importe realmente el esclarecimiento de otros delitos que persisten como ejemplos ominosos de la debilidad del sistema mexicano de impartición de justicia. En efecto, Raúl Salinas es el mejor ejemplo de la persecución política que se puede emprender desde lo más alto del poder, pero todos los Salinas, y la impunidad que permea en torno a esa familia por otros presuntos delitos, es el mejor ejemplo de la impunidad que se procura también desde el poder.

¿Por qué nadie, ninguna autoridad, ninguna institución del Estado se preocupó por indagar las relaciones peligrosas de los Salinas con los cárteles de la droga, con grupos religiosos de un poder infinito como los Legionarios de Cristo, con sectores empresariales que se enriquecieron a la sombra de esa familia cuando estaba en el poder? La respuesta parece elemental, pero no por ello deja de ser preocupante; porque la justicia se ejerce, desde el poder, sólo con fines políticos. Nadie se habría preocupado por los delitos de los Salinas, de no ser por la venganza que emprendió desde el poder Ernesto Zedillo. Y pasada esa venganza, a nadie parece importarle que esos delitos siguen ahí, ahora en medio de una real guerra entre los capos de la droga.



Relaciones políticas


Y si son muchas las dudas respecto a la relación de los Salinas con la guerra del narcotráfico que ha puesto en duda la estabilidad del país, las relaciones políticas del jefe del clan, Carlos Salinas, meten al país en una peligrosa espiral en los agitados tiempos de la sucesión presidencial. Si se realiza una cuidadosa revisión de los acontecimientos, más allá de las declaraciones apasionadas o interesadas sobre el peso de los Salinas en el entorno político, se podría decir que Carlos, el hermano más reputado, tiene las manos metidas en todos los flancos de la sucesión.

Y es que, por un lado, el más aventajado de los presidenciables, Andrés Manuel López Obrador, tiene en Carlos Salinas no sólo a su "cliente favorito", sino al generador de su popularidad. Sí, AMLO recurrió a una supuesta confrontación con Salinas, no porque sea víctima de las perversidades del salinismo, sino porque le resulta rentable ser el más severo crítico del "villano favorito". Se trata, en el caso de AMLO, de una estratagema mediática y de imagen, porque en el fondo, López Obrador tiene como sus principales colaboradores a varios de los más cercanos salinistas, como Manuel Camacho, Socorro Díaz, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal. El aún jefe de Gobierno "se muerde la lengua" o "escupe para arriba" cuando se queja del salinismo, porque es el más beneficiado de lo que queda en la actividad política de esa corriente.

En esa lógica, López Obrador sería uno de los beneficiarios del salinismo o de los salinistas que en su momento combatieron desde el poder a la izquierda institucionalizada del PRD y que hoy son los más entusiastas promotores de la candidatura presidencial de López Obrador. Pero en esa misma hipótesis, el salinismo también estaría presente en otra de las poderosas tendencias que aspiran a la sucesión presidencial del 2006. Sí, el propio AMLO ha dicho que Carlos Salinas es socio de Vicente Fox para detener al grupo que el jefe de Gobierno encabeza en su lucha por alcanzar el poder. De ser cierta esa versión, la influencia de Salinas estaría detrás del candidato presidencial de Vicente Fox, de Santiago Creel, quien por si fuera poco tiene como uno de sus padrinos fundamentales al senador Diego Fernández de Cevallos. Ya todos saben que el jefe de los senadores del PAN es un salinista confeso, y que El Jefe" Diego es uno de los más importantes promotores de la candidatura presidencial de Santiago Creel. En esa lógica, Salinas también estaría detrás del candidato oficial del PAN a la Presidencia de la República.

Pero hay otra realidad no menos preocupante. Resulta que Roberto Madrazo, el ex gobernador de Tabasco y el más feroz combatiente del gobierno de Ernesto Zedillo, es un salinista de cepa. Madrazo es algo así como el hijo político de Salinas y el sector que combate al tabasqueño dice que detrás de sus aspiraciones presidenciales se encuentra precisamente el ex presidente Salinas, en su lucha contra el también ex presidente Ernesto Zedillo. De ser cierta esa versión, de nueva cuenta estaríamos ante la intromisión de un ex presidente, de Salinas, en la sucesión del PRI. Pero si vemos el entorno completo, Salinas o algunos de sus más aventajados pupilos trabajan para la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, estaría detrás de la candidatura del oficialista Santiago Creel y detrás del priísta Roberto Madrazo. Si aceptamos la influencia de Salinas en esa triada, entonces podríamos decir que la sucesión presidencial depende de una especia de superhombre.

Pero salta la pregunta elemental: ¿es creíble esa versión? Está claro que no, por más poderoso e influyente que resulte el ex presidente Salinas, quien si bien sigue manteniendo sus vínculos de poder ya no tiene el poder real. Y es que para que existan los mitos se requieren dos, el generador del mito y quien cree en el mito. El mito vive de quienes tienen interés en que siga viviendo, y el mito muere cuando ese mito resulta innecesario. Por lo pronto, para personajes políticos como López Obrador el mito de Salinas sigue siendo útil para efectos mediáticos, de imagen y electorales. Pero ese efecto ya empieza a ser un lastre, sobre todo porque cada vez es más claro que el verdadero salinismo está entre sus principales colaboradores. No hay duda que está presente la influencia de Carlos Salinas en la sucesión presidencial, pero también es cierto que el asunto es más mítico que real.



Los negocios de Creel


Y el mejor ejemplo lo dio recientemente Santiago Creel, el ex secretario de Gobernación, quien resultó más "canijo que bonito" en sus aspiraciones presidenciales. Como no ocurrió durante el salinismo, Creel Miranda autorizó permisos de casas de juego unos días antes de dejar el cargo, en una clara alusión a su beneficio personal. No le bastó con el "decretazo" que benefició al duopolio de la televisión privada al modificar de ipso el reglamento de los tiempos que deben pagar al Estado los concesionarios de la radio y la televisión, sino que ahora le entregó a Televisa el mayor número de permisos para casas de juego en todo el país, lo que significa entregarle a ese poderoso consorcio una mina más, además de los canales de televisión y las frecuencias de radio.

Es grave que por lo bajo se haya producido esa nueva concesión, pero lo verdaderamente preocupante es a cambio de qué se dieron dichos permisos. Queda claro, por más que Santiago Creel intente negarlo, que a cambio del apoyo de la poderosa televisora se le entregaron concesiones del Estado, como si el candidato presidencial del PAN fuera el dueño de esas concesiones. Santiago Creel salió peor que los candidatos del viejo PRI, peor que los secretarios de Gobernación que fincaban sus aspiraciones presidenciales en la entrega del patrimonio nacional, a cambio del favor de los medios. Televisa, en especial, podrá sentirse satisfecha y a cambio le entregará a Creel una cobertura mediática que confirma, por un lado, el uso faccioso del poder por parte de un candidato presidencial, y por el otro, que el poder de los medios, como la televisión, es capaz de poner y quitar a los hombres del poder. La televisión confirma su poder fáctico, y ratifica el porqué los barones de la televisión se han negado a reglamentar ese medio de comunicación con fines electorales.

Ahora con qué van a salir los otros presidenciables del PAN. ¿Se van a quedar callados frente al abuso de Santiago Creel? Felipe Calderón y Francisco Barrio ya habían advertido de ese uso faccioso del poder a favor del candidato presidencial del presidente Fox. Pero ahora el asunto es mucho más grave, porque Santiago Creel es no sólo el beneficiario de Televisa, sino el candidato presidencial de esa televisora, quien a lo largo de la campaña presidencial no lo tocará ni con el pétalo de una crítica. Pero no es creíble que el resto de los presidenciables, de los partidos políticos y de los poderes se queden callados frente al abuso que cometió de manera deliberada Santiago Creel. Pronto le cobrarán la factura y sus bonos seguirán a la baja. Y si no, al tiempo.



En el camino


Y no es temor, sino tremor el que ha producido al interior del PRD y de la campaña presidencial de López Obrador el activismo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas, de Rosario Robles y Demetrio Sodi, entre muchos otros cuadros de la verdadera izquierda. Y es que se teje y se teje lo que podría terminar en el moderno Frente Democrático Nacional en torno a Cárdenas y su grupo. Por lo pronto vale recordar que hace seis años el primero en postular a Cárdenas como candidato presidencial, por encima del propio PRD, fue el PT. Pero hoy son muchos más los interesados en que Cárdenas sea de nuevo candidato presidencial. El tiempo juega a favor del tres veces aspirante, en tanto que los bonos de AMLO al interior de su partido van a la baja. Y aún falta mucho tiempo.

 



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