Otra política a Pemex
La paraestatal se dice ajena a
una mortandad de peces
Fuente: eluniversal.com.mx
( 2005-06-27)
Ifigenia Martínez
UNO de los temas de mayor trascendencia en el actual debate nacional
es la situación de Pemex y el uso que le da el gobierno a la riqueza
no renovable que maneja, calificada como estratégica en nuestro
orden constitucional, y sumamente codiciada y de alto precio en el
mercado internacional.
El organismo público descentralizado Pemex es la empresa más grande
del país y el mayor contribuyente, pues su aportación representa más
de 35% de la recaudación del gobierno federal.
Compañías inglesas y estadounidenses iniciaron la explotación de la
riqueza petrolera de México a fines del siglo XIX y principios del
XX. Cuando en 1938 ocurrió la expropiación, el país exportaba 65% de
la producción. Este acto tuvo una gran trascendencia para el avance
y consolidación de la economía nacional, y Pemex satisfizo
plenamente la demanda de gasolina, gas y otros refinados cuando el
Producto Interno Bruto crecía a un ritmo medio de 6.5% anual.
En 1976 se aceleró la extracción de petróleo crudo, y el país se
transformó en exportador, tratando de aprovechar el alza
espectacular de su precio, iniciada en 1973. Los primeros complejos
petroquímicos, Pajaritos y Camargo, iniciaron operaciones en 1967 y
hacia 1982 se contaba con una industria energética integrada que
satisfacía la demanda interna y exportaba 54% de su producción.
Desafortunadamente la economía nacional no logró integrarse para
proporcionar la ocupación plena de su fuerza laboral y participar en
la globalización dentro de un esquema de desarrollo sustentable.
En el sexenio de Miguel de la Madrid (1983-1988), la crisis de la
deuda externa provocó un cambio en la política económica, el
abandono del proyecto de industrialización y la adopción del
"mercado" como rector de la economía.
Bajo el esquema neoliberal, Petróleos Mexicanos se transformó en un
complejo corporativo, separando los procesos de Exploración y
Producción de petróleo crudo, Refinación, Gas y Petroquímica básica,
y Petroquímica.
Esta división sirvió para demostrar que la operación más rentable,
bajo una perspectiva de mercado de corto plazo, era la exportación
de petróleo crudo. Incluso se pretendió rematar y privatizar las
plantas petroquímicas con el argumento de que nos convenía más
importar que producir en esta industria.
Bajo el neoliberalismo se ha despilfarrado la renta petrolera, al
destinarla a financiar los gastos ordinarios del gobierno, en vez de
reinvertirla para cuando menos reponerle a la nación, su legítima
propietaria, la riqueza no renovable sustraída del subsuelo. La
excesiva carga fiscal de Pemex ha impedido la industrialización de
los hidrocarburos, e incluso mantener las reservas que permitan
contar con un margen de seguridad adecuado.
La paraestatal entrega a la Secretaría de Hacienda más de 50% de sus
ingresos, incluso registra una pérdida contable desde hace ya varios
años. Por tanto, Pemex no ha podido invertir lo necesario para
mantener un nivel adecuado de reservas, de programas de
mantenimiento; también ha abandonado y desmantelado las plantas
petroquímicas que ya existían.
¿Bajo qué sistema de toma de decisiones se ha resuelto que es
preferible utilizar la renta petrolera para pagar los gastos
corrientes del gobierno, y que Pemex realice sus inversiones
pidiendo prestado mediante el recurso de Pidiregas o Contratos de
Servicios Múltiples para la explotación del gas natural?
Es urgente un cambio total en este manejo mercantil y cortoplacista
de un recurso estratégico no renovable que pertenece a la nación y
no al gobierno federal, ni a la Secretaria de Hacienda y Crédito
Público.
Los eventos en el mercado internacional señalan que los
hidrocarburos son finitos y que la creciente demanda tenderá a
elevar su precio, aun cuando se descubran y utilicen fuentes
alternas de energía.
Recuerdo que cuan do se inició la etapa del México exportador de
petróleo crudo se afirmaba que o nos apresurábamos a venderlo o nos
quedaríamos con él en el subsuelo. Y ahora existe el peligro de que
en el mundo este recurso se agote y de ahí su elevado precio, la
agudización de los conflictos en el Medio Oriente y hasta de la
invasión estadounidense en Irak.
En un artículo reciente, David Schields señalaba que por cada barril
de crudo que produce, Petroleos Mexicanos sólo procesa 0.35 del
mismo y que en cambio, Exxon o Shell por cada barril que producen
procesan 3.2 barriles, es decir que importan crudo para
industrializarlo, mientras nosotros lo exportamos e importamos
derivados. O sea, por decisión política permanecemos en el
subdesarrollo.
Las modificaciones al régimen fiscal de Pemex, pendientes de
aprobación en el Congreso, tratan de aliviar su situación
financiera, pero no son una reforma que vaya al fondo del problema.
Es necesario aumentar la capacidad de refinación e industrializar
los hidrocarburos en beneficio de la economía y seguridad nacional,
y de los mexicanos de ésta y las siguientes generaciones.
Es urgente consensuar otra política de Estado para Pemex.
Integrante del Consejo Político del PRD