Mario Di Costanzo*
¿Tú también, Greenspan? Estás totalmente equivocado
Fuente:
jornada.unam.mx
(18/06/07)
Al igual que hizo Cuauhtémoc
Cárdenas hace algunos meses, durante la semana pasada Alan Greenspan,
ex secretario del Tesoro estadunidense, alertó sobre la posibilidad
de una crisis futura sobre las finanzas públicas de México dada una
caída en los precios del petróleo, por lo que apremió a llevar a
cabo la reforma energética y abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) a la
inversión privada nacional y extranjera.
Después de escuchar las declaraciones de Greenspan no me queda más
que apremiarlo a que, antes de hablar sobre México, se tome la
molestia de revisar los informes sobre la situación financiera del
país.
Lo anterior, porque, de acuerdo con el primer informe sobre la
situación de las finanzas públicas, al primer trimestre del año el
sector público tuvo un superávit fiscal de 102 mil 436 millones de
pesos.
Eso quiere decir que al mes de marzo del presente año los ingresos
obtenidos por el gobierno fueron superiores al gasto que realizó
durante los tres primeros meses de 2007.
Si bien es cierto que a primera vista esta situación podría parecer
"buena", cuando revisamos este resultado de manera más detenida nos
encontramos que este reporte de "superávit" hecho por el gobierno ha
implicado que Pemex haya tenido durante los tres primeros meses del
presente año un déficit de operación, o sea una pérdida de 10 mil
143 millones de pesos.
Para mostrar lo anterior basta mencionar que, de acuerdo con los
datos publicados por Pemex al primer trimestre del año, esta
paraestatal tuvo ventas totales por 235 mil 900 millones de pesos,
de los cuales 134 mil millones (aproximadamente 56 por ciento de sus
ventas totales) le fueron entregados a la Secretaría de Hacienda por
concepto de impuestos, derechos y aprovechamientos.
Sin embargo, y de manera adicional, Pemex entregó al gobierno por
concepto de "ingresos propios" 68 mil 353.5 millones de pesos, con
lo que la contribución total de la paraestatal a las finanzas
públicas fue de 202 mil 753 millones de pesos, lo que representa
85.9 por ciento de las ventas totales de la empresa.
Cabe destacar que si a las aportaciones a las finanzas públicas que
hace Pemex por concepto de impuestos y de ingresos propios le
añadimos lo que el gobierno recauda por concepto de impuesto
especial a la producción y servicios, proveniente de la gasolina y
el diésel (IEPS de gasolina y diesel) y lo que recauda por concepto
de IVA a la gasolina, nos damos cuenta de que la contribución total
de los ingresos petroleros a las finanzas públicas fue de 212 mil
410 millones de pesos, lo que representa 38 por ciento de los
ingresos públicos totales.
Por ello resulta absurdo que la Secretaría de Hacienda se vanaglorie
de haber obtenido un superávit fiscal de 102 mil millones de pesos,
cuando esto fue a costa de que Pemex operara con pérdidas durante el
primer trimestre del año.
También pone de manifiesto que la paraestatal jamás podrá ser una
empresa competitiva y rentable mientras esté sujeta a la carga
fiscal de la que es objeto.
De hecho, si Pemex enfrentara una carga fiscal como en teoría la
tiene cualquier empresa privada, es decir, 28 por ciento, durante el
primer trimestre del presente año la paraestatal hubiese reportado
una utilidad de operación de cuando menos 60 mil millones de pesos,
lo que representa el costo de una refinería con la mejor tecnología
de punta.
Así, mientras Pemex paga una tasa de impuestos de 56 por ciento como
proporción de sus ventas, Grupo Bimbo paga sólo 4 por ciento, Grupo
Alfa 2.5 y Bachoco sólo 0.01 por ciento.
Esas son las verdaderas razones de que por un lado el gobierno
federal hubiese obtenido un superávit fiscal y de que Pemex se
encuentre descapitalizado y opere con pérdidas.
Por ello, Greenspan debería de haber recomendado una reforma fiscal
que redujera la dependencia petrolera de nuestras finanzas públicas,
mediante la desaparición de los regímenes fiscales que permiten que
las grandes empresas no paguen impuestos, y no la privatización de
nuestro sector energético.
*Secretario de la hacienda pública del "gobierno legítimo".