Antonio Gershenson
Pretensión de regresar a los contratos riesgo en Pemex
Fuente:
jornada.unam.mx
(25/06/07)
En un plan de negocios de Pemex (ya sus funcionarios tienen tiempo
considerando los negocios que puedan hacer con Pemex, en lugar de
usar los anteriores términos como plan, programa y proyectos) se
pretende volver a los "contratos riesgo" de Miguel Alemán, pero les
da vergüenza usar ese nombre, si es que conocen algo de la historia
de nuestro país. Se trata de contratos, prohibidos todos ellos en la
Constitución, en los que las empresas reciben un porcentaje de la
producción petrolera y/o gasera en pago por su participación en la
exploración y explotación de esos hidrocarburos.
Estos contratos, además de violar como todos la Constitución, violan
la Ley Reglamentaria del artículo 27 en materia de petróleo, que en
su artículo sexto dice que "Petróleos Mexicanos podrá celebrar con
personas físicas o morales los contratos de obras y de prestación de
servicios que la mejor realización de sus actividades requiere. Las
remuneraciones que en dichos contratos se establezcan serán siempre
en efectivo y en ningún caso concederán por los servicios que se
presten o las obras que se ejecuten, porcentajes en los productos,
ni participación en los resultados de las explotaciones".
La razón por la que este artículo está ahí es histórica. En tiempos
de Miguel Alemán, cuando el presidente hacía y deshacía a su antojo,
cuando casi sólo había un PRI en el poder, se firmaron, en secreto,
los llamados contratos riesgo. Se trataba, precisamente, de lo que
ahora prohíbe el artículo sexto recién transcrito: las compañías
extranjeras recibirían, por el supuesto riesgo que corrían de que no
hubiera petróleo donde perforaban, un 15 por ciento de la producción
que se obtuviera.
Las grandes petroleras, las llamadas Siete Hermanas, no quisieron
regresar a México. Ponían de condición que se derogaran los
planteamientos del artículo 27 constitucional. En éste se prohibían
las concesiones, además de señalar que en materia de petróleo y
demás carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, entre
otros recursos naturales, la única participación privada podría ser
mediante concesiones del gobierno federal. O sea, que no podían
participar en ninguna forma. Pero esa derogación, esa eliminación de
la prohibición de que particulares exploraran y explotaran el
petróleo era algo que ni el mismo Miguel Alemán podía hacer.
Entonces, las que entraron fueron las llamadas compañías
independientes, todas ellas originarias de Estados Unidos. Como las
Hermanas controlaban el petróleo del llamado Medio Oriente, mucho
más barato que el que extraían las independientes en Estados Unidos,
éstas estaban en desventaja. Y les caía muy bien que se les
entregara gratis el 15 por ciento del crudo que sacaran en México.
Hay que aclarar que los gastos de operación de las compañías se los
reponía Pemex, con lo que el 15 por ciento del petróleo extraído que
se quedaban era gratis.
La fiesta iba muy bien, ya ni nos queremos imaginar las formas en
que las compañías petroleras pueden haber agradecido el regalito del
15 por ciento. Pero les echó a perder la fiesta un diputado,
presidente de la Comisión del Petróleo de la cámara: Natalio Vázquez
Pallares, muy cercano al ex presidente y general Lázaro Cárdenas. No
hubiera podido hacer gran cosa en una Cámara de Diputados totalmente
controlada. Pero nadie le alcanzó a impedir que publicara una serie
de 20 artículos en el periódico El Popular, denunciando los
contratos riesgo y dando numerosos elementos para mostrar la forma
en que operaron y que consecuentemente violaban la Constitución.
El mismo presentó también una denuncia ante la procuraduría federal,
la cual dijo que no había ningún problema. Pero ya no se volvieron a
firmar contratos riesgo, y en 1960 se prohibieron expresamente en el
artículo 27, también los contratos y no sólo las concesiones. Los
contratos riesgo que quedaban fueron dados por terminados
anticipadamente. Y se agregó en la ley reglamentaria la prohibición
expresa de estos pagos con un porcentaje de la producción.
Ahora, los tecnócratas y los funcionarios derechistas quieren
regresar a esa época. Y en su plan de negocios también plantean que
no se apliquen en los contratos para perforar en aguas profundas las
leyes federales de obras y de adquisiciones, para poder adjudicar
los contratos sin concurso. Ante la imposibilidad política de
cambiar la Constitución, quieren cambiar las leyes que la
reglamentan, en un sentido contrario al constitucional.
Debemos rechazar estos intentos, que muestran que la política
oficial va más a la derecha que algunos discursos oficiales. Nos
quieren hacer retroceder más de medio siglo; no lo van a lograr.
gershen@servidor.unam.mx