Opiniones
Pemex: arroz amargo
Fuente:
novenet.com.mx
(27/03/07)
Por: FRANCISCO ROJAS
Las recientes declaraciones de Condoleeza Rice, en Mérida, nos
recordó el título de una antiquísima película italiana de Silvana
Mangano y, también, a otro secretario de Estado, J. F. Dulles, que
afirmó: "Los Estados Unidos no tienen amistades, tienen intereses".
La señora Rice dijo, sucintamente, que ellos requieren asegurar
energéticos oportunos, fluidos y suficientes y que los problemas
para modernizar y tornar competitivo a Pemex, correspondían
soberanamente a México.
Las declaraciones anteriores seguramente llenaron de alegría a
grupos de interés que se aprestan a abalanzarse sobre lo que queda
de Pemex, así como a intelectuales y políticos cuya formación
ideológica y técnica, y también su corazón, está más al norte; a
otros les ha de haber hecho temblar las rodillas, ya que son los
medias aguas de siempre; pero a millones de mexicanos debe ponernos
sobre alerta ya que el cinismo y franqueza de las mismas avizoran el
meollo de la discusión sobre qué hacer con Pemex, cuando se discuta
en el Congreso la reforma energética.
El 18 de marzo fue rico en discursos, declaraciones y comentarios,
concordando las opiniones en que no hay necesidad de privatizar al
organismo, sino modernizarlo y dotarlo de más recursos para
inversión con un nuevo régimen fiscal; otorgarle autonomía de
gestión para que opere como una empresa productiva y competitiva; un
gran acuerdo laboral; mejorar sustancialmente la transparencia y
rendición de cuentas; incorporar tecnologías y prácticas operativas
de vanguardia; precios competitivos internacionalmente; combustibles
baratos y no contaminantes; respeto al medio ambiente; etc.
Lo que viene ahora son los "comos", para lo cual se requiere de una
discusión honesta, incluyente, moderna y patriota, que permita
arribar a acuerdos políticos transparentes, denunciando arreglos "en
lo obscurito" de cierta clase política cuya confianza y credibilidad
está por los suelos.
El primer gran problema de Pemex es su carencia de recursos;
solucionarlo implicará forzosamente una reforma hacendaria que le
libere más ingresos propios, con una carga fiscal conjunta (I.S.R y
regalías) que no sobrepase el 40-45% de sus ventas; y mejorar su
carátula financiera mediante la absorción por deuda soberana de
Pidiregas y otros créditos que le fueron impuestos para cubrir el
gasto federal. Con lo anterior, más un profundo reajuste de su
propio gasto, Pemex contaría con más recursos propios y de
financiamiento obtenido en mejores condiciones.
Otro aspecto es el desarrollo y absorción de tecnologías y prácticas
modernas y competitivas; simultáneamente a mayores recursos para la
investigación, adquisición o celebración de acuerdos para tal fin,
hay que retener o rescatar capital humano que ha sido desperdiciado
por Pemex y que actualmente está siendo aprovechado por empresas
nacionales o extranjeras; asimismo, es necesario un gran acuerdo
laboral para reforzar la capacitación y movilidad y procurar que no
haya trabajadores o activos ociosos o subutilizados.
Se requiere reforzar la capacidad de regulación del Estado y sacar a
Pemex del Presupuesto Federal; pero es imprescindible otorgarle
autonomía de gestión, para convertirlo en una verdadera empresa
pública, con órganos de gobierno capaces y responsables; con
instrumentos adecuados de control, rendición de cuentas y
transparencia; así como normatividad que le permita flexibilidad
para la toma oportuna de decisiones operativas, la adquisición de
tecnologías y la celebración de alianzas estratégicas. Las
decisiones sobre Pemex ya no deben seguirse adoptando por ineptas
burocracias.
Es necesaria la coordinación estrecha entre Pemex y la CFE para
impulsar la cogeneración eléctrica y el uso racional del gas.
Asimismo, conviene impulsar la creación de empresas mixtas, con
participación pública, privada y social, para el desarrollo de
energías renovables que, además de contribuir a reducir la presión
sobre el sector energético, permitan una salida productiva a amplios
sectores sociales.
Ninguna de estas medidas requiere de cambios constitucionales.
Habría que actualizar Leyes como la Orgánica de Pemex, la de
Empresas Públicas, la de Adquisiciones y Obra Pública, la de la
Auditoría Superior de la Federación, principalmente, pero nada que
no pudiera manejarse mediante acuerdos políticos inteligentes,
transparentes y nacionalistas.
Si a Pemex se le permite retener una proporción adecuada de los
recursos que genera, se le dota de autonomía de gestión y se tiene
la habilidad necesaria para celebrar acuerdos y alianzas con la mira
puesta en el largo plazo y en lo que marca la Constitución, se
saldrá adelante sin necesidad de venderlo en pedazos.
Hay que recordar que los hidrocarburos no pertenecen a un Gobierno,
partido o grupo de interés nacional o extranjero en lo particular,
sino a todos los mexicanos de esta y las próximas generaciones.