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Opiniones

Pemex: arroz amargo

Fuente: diariodelistmo.com
(28/03/07)


Por: FRANCISCO ROJAS

Las recientes declaraciones de Condoleeza Rice, en Mérida, nos recordó el título de una antiquísima película italiana de Silvana Mangano y, también, a otro secretario de Estado, J. F. Dulles, que afirmó: "Los Estados Unidos no tienen amistades, tienen intereses".

La señora Rice dijo, sucintamente, que ellos requieren asegurar energéticos oportunos, fluidos y suficientes y que los problemas para modernizar y tornar competitivo a Pemex, correspondían soberanamente a México.

Las declaraciones anteriores seguramente llenaron de alegría a grupos de interés que se aprestan a abalanzarse sobre lo que queda de Pemex, así como a intelectuales y políticos cuya formación ideológica y técnica, y también su corazón, está más al norte; a otros les ha de haber hecho temblar las rodillas, ya que son los medias aguas de siempre; pero a millones de mexicanos debe ponernos sobre alerta ya que el cinismo y franqueza de las mismas avizoran el meollo de la discusión sobre qué hacer con Pemex, cuando se discuta en el Congreso la reforma energética.

El 18 de marzo fue rico en discursos, declaraciones y comentarios, concordando las opiniones en que no hay necesidad de privatizar al organismo, sino modernizarlo y dotarlo de más recursos para inversión con un nuevo régimen fiscal; otorgarle autonomía de gestión para que opere como una empresa productiva y competitiva; un gran acuerdo laboral; mejorar sustancialmente la transparencia y rendición de cuentas; incorporar tecnologías y prácticas operativas de vanguardia; precios competitivos internacionalmente; combustibles baratos y no contaminantes; respeto al medio ambiente; etc.

Lo que viene ahora son los "comos", para lo cual se requiere de una discusión honesta, incluyente, moderna y patriota, que permita arribar a acuerdos políticos transparentes, denunciando arreglos "en lo obscurito" de cierta clase política cuya confianza y credibilidad está por los suelos.
El primer gran problema de Pemex es su carencia de recursos; solucionarlo implicará forzosamente una reforma hacendaria que le libere más ingresos propios, con una carga fiscal conjunta (I.S.R y regalías) que no sobrepase el 40-45% de sus ventas; y mejorar su carátula financiera mediante la absorción por deuda soberana de Pidiregas y otros créditos que le fueron impuestos para cubrir el gasto federal. Con lo anterior, más un profundo reajuste de su propio gasto, Pemex contaría con más recursos propios y de financiamiento obtenido en mejores condiciones.

Otro aspecto es el desarrollo y absorción de tecnologías y prácticas modernas y competitivas; simultáneamente a mayores recursos para la investigación, adquisición o celebración de acuerdos para tal fin, hay que retener o rescatar capital humano que ha sido desperdiciado por Pemex y que actualmente está siendo aprovechado por empresas nacionales o extranjeras; asimismo, es necesario un gran acuerdo laboral para reforzar la capacitación y movilidad y procurar que no haya trabajadores o activos ociosos o subutilizados.

Se requiere reforzar la capacidad de regulación del Estado y sacar a Pemex del Presupuesto Federal; pero es imprescindible otorgarle autonomía de gestión, para convertirlo en una verdadera empresa pública, con órganos de gobierno capaces y responsables; con instrumentos adecuados de control, rendición de cuentas y transparencia; así como normatividad que le permita flexibilidad para la toma oportuna de decisiones operativas, la adquisición de tecnologías y la celebración de alianzas estratégicas. Las decisiones sobre Pemex ya no deben seguirse adoptando por ineptas burocracias.
Es necesaria la coordinación estrecha entre Pemex y la CFE para impulsar la cogeneración eléctrica y el uso racional del gas.

Asimismo, conviene impulsar la creación de empresas mixtas, con participación pública, privada y social, para el desarrollo de energías renovables que, además de contribuir a reducir la presión sobre el sector energético, permitan una salida productiva a amplios sectores sociales.
Ninguna de estas medidas requiere de cambios constitucionales. Habría que actualizar Leyes como la Orgánica de Pemex, la de Empresas Públicas, la de Adquisiciones y Obra Pública, la de la Auditoría Superior de la Federación, principalmente, pero nada que no pudiera manejarse mediante acuerdos políticos inteligentes, transparentes y nacionalistas.

Si a Pemex se le permite retener una proporción adecuada de los recursos que genera, se le dota de autonomía de gestión y se tiene la habilidad necesaria para celebrar acuerdos y alianzas con la mira puesta en el largo plazo y en lo que marca la Constitución, se saldrá adelante sin necesidad de venderlo en pedazos.

Hay que recordar que los hidrocarburos no pertenecen a un Gobierno, partido o grupo de interés nacional o extranjero en lo particular, sino a todos los mexicanos de esta y las próximas generaciones.

 



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