México
SA
Carlos Fernández-Vega
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■ Que reine la impunidad
■ Orden de Los Pinos al señor de los contratos
Fuente:
UNTCIP.net
(13/03/08)
•
El martes, pasado el mediodía, afirmaba
el crío Juan Camilo que “por supuesto puedo y sigo adelante en mis
funciones de secretario de Gobernación”, pero más tardó en concluir
la frase que en demostrar que obviamente ni puede ni sigue, porque
en la misma acción de entregar su expediente a la PGR quedó clara la
decisión de su protector de Los Pinos: aventar la papa caliente a
otra instancia de gobierno, la PGR, para que en ella se enfríe, se
haga puré y pueda digerirse sin mayores consecuencias para el
empresario-funcionario.
Desesperado, el inquilino de Los Pinos ordenó el blindaje de su
delfín, que sean sus propios empleados, con disfraz institucional,
quienes protejan a Juan Camilo, que lo exoneren y que sean otros
quienes enfrenten el vendaval y paguen los platos rotos, una
práctica que aquí y en Burundi simple y sencillamente se llama
impunidad.
¿Qué habría sido del cándido Iván el breve –ahora como antes– sin el
manto protector del michoacano? Lo más seguro es que se mantendría
en su bella provincia despachando litros de 800 mililitros en las
muchas gasolineras que la familia tiene en el sureste nacional, sin
haber conocido los sabor de los Congresos estatal y federal, los
altos vuelos de un secretario del Ejecutivo ni mucho menos las
mieles de Los Pinos, porque si algo queda claro es que Juan Camilo,
solo, no puede.
Dos semanas de huracán categoría 5, y el empresario-funcionario no
supo ni por dónde entraba el chiflón. Suficientes resultarían los
contratos por él firmados con Pemex-Refinación para que fuera
depuesto. Pero si para algunos lo anterior no es convincente,
bastaría analizar la forma en que dejó pasar todos los goles
(término de moda política). Si al secretario de Gobernación le
tienen que enseñar desde otras partes del gobierno cómo debe actuar
en casos de emergencia y meter descaradamente la mano para salvarle
el pellejo, entonces obvio es que a Mouriño habría que renunciarlo
de inmediato, junto con sus abanicados “operadores” políticos, por
esta causa adicional.
Por instrucciones del inquilino de Los Pinos, será Eduardo Medina
Mora, el procurador general de la República, quien maneje la papa
caliente llamada Juan Camilo (quien sólo se siente a plenitud entre
los algodones de Los Pinos y los abrazos del staff, incluido el
cuñado incómodo que ya se frota las manos por futuros negocios en
Islandia), le quite los reflectores de encima, meta el acelerador a
fondo y entierre el caso lo más rápido posible: “no hay delito que
perseguir”.
El procurador, en papel de mártir de la “continuidad”, pues de
entrada descartó “algún delito” en el caso Mouriño, mientras el
secretario de la Función Pública, Salvador Vega Casillas, resultó
más práctico pues se limitó a divulgar un boletín para “garantizar
una investigación a fondo, con imparcialidad, así como entregar los
resultados a la opinión pública de manera pronta, clara y
transparente”. Es la misma “garantía” ofrecida por esa dependencia,
en tiempos del becario Germán Martínez, en el caso Fox-Sahagún.
Medina Mora (de inmediato viene a la memoria aquella famosa frase
del cacique potosino, Gonzalo N. Santos, en el sentido de que “la
moral es un árbol que da moras, o sirve para una chingada”)
recurrirá a lo que sea para enfriar, pulverizar y enterrar la papa
caliente llamada Juan Camilo. Tal vez recurra a La Paca, a los
cráneos enterrados, o algo por el estilo, pero el crío Iván
resultará más limpio que las manos ídem de su protector en Los
Pinos.
No hay registro de que un titular de la PGR haya pasado a cuchillo a
su jefe inmediato, el secretario de Gobernación, como coordinador
del gabinete, en este caso. Tampoco la Secretaría de la Función
Pública, y menos si se trata del delfín. De hecho, cuando algún pez
grande ha caído en la cárcel, o terminado en el exilio, ha sido
producto del cobro de facturas entre sexenio y sexenio, y en estos
operativos el procurador en turno es pieza clave.
Recuérdese cómo cayó “todo el peso de la ley” sobre funcionarios del
echeverriato en tiempos de López Portillo; del equipo de éste en la
administración de Miguel de la Madrid; de protegidos del colimense
en el sexenio de Carlos Salinas, y así por el estilo, antes y
después, pero a pesar de ello ningún secretario de Gobernación
terminó en cana. Entonces, es previsible lo que dictaminará la PGR y
el árbol de Medina Mora en el caso Mouriño, porque tradición (léase
impunidad) obliga.
El propio Felipe Calderón (quien de acuerdo con lo declarado por
Iván el breve es “un poquito” culpable, pues sabía de los contratos
pero “no a detalle”), dirige la orquesta de la impunidad: uno tras
otro, los funcionarios de su gobierno repiten mecánicamente los
“argumentos” para justificar a Mouriño. El becario Germán Martínez
no para de subrayar las “virtudes” del crío. Los legisladores
blanquiazules se retuercen para no verse tan obvios, pero son más
que eso, y ayer tocó el turno a los gobernadores panistas,
congregados en Los Pinos por orden del michoacano, y a coro
advirtieron que “no vamos a permitir una acción efectista o
golpista” en contra del gasolinero, al tiempo que ofrecieron su
“completo respaldo” al señor de los contratos.
Pero lo mejor de todo es que el Mouriñogate permite constatar cómo
los panistas llegaron al poder “para cambiar las cosas, las formas
de hacer política y gobernar”.
Las rebanadas del pastel
Frases desechables del pentapichichi michoacano que despacha en Los
Pinos: “seremos un equipo ganador no sólo en el deporte, sino en la
batalla contra la impunidad”… “El objetivo del gobierno federal es
sostener una lucha frontal que permita erradicar la impunidad”…
“Este clima de impunidad puso en franca vulnerabilidad a los
ciudadanos frente a los criminales”… “Estamos trabajando para acabar
con la impunidad, la corrupción y la ilegalidad”… “No impunidad, no
abuso de los poderosos, justicia para todos”.