A hurtadillas
Fuente:
UNTCIP.net
(24/03/2008)
• Manuel Bartlett Díaz
El presidente Calderón se fue a Dos Bocas a conmemorar la
expropiación petrolera con cerco protector, gabinete y Labastida.
Hasta entrada la noche se empezaron a difundir los discursos
pronunciados ante unos cuantos petroleros, dicen, entusiastas.
Después del impulso oficial de la “reforma energética” y las
presentaciones de la señora Kessel de su diagnóstico aterrador, se
esperaba una política en forma; no lo fue. El presidente Calderón
pronunció exaltaciones patrióticas y aspectos concretos, grandes
frases que usan los privatizadores para engañar: “Pemex no se
privatizará”, “el petróleo seguirá siendo de los mexicanos”, “plena
soberanía sobre nuestros hidrocarburos”. Sabemos qué significan
estos conceptos para el Presidente, que ha declarado que necesitamos
inversión privada en Pemex, que debemos asociarnos con empresas que
tienen tecnología que no tenemos —y compartir—, y que como
secretario de Energía y luego como Presidente impulsó aceleradamente
permisos de generación de electricidad a extranjeros, que ya generan
40% de electricidad, y “contratos de servicios múltiples” que
privatizan la explotación petrolera, todo afirmando que no intentaba
privatizar.
En lo concreto Calderón reitera el desastre —la coartada— de la
empresa: importación de gasolina y petrolíferos, disminución de las
reservas, disminución de la producción, falta de recursos. Problemas
producto de su política destructiva que no requieren cambios
legales, sino responsabilidad del Presidente. Tan es así que tomó
decisiones y ofreció otras. Ordenó el “estudio” para construir una
refinería, imposible eludirlo. Afirmó haber puesto en marcha la
reactivación de la petroquímica, proyecto para intereses privados,
garantizándoles materia prima a precios competitivos, subsidiados,
exhumación del proyecto Fénix. Dotar a Pemex de recursos, sin
comprometerse a dejárselos. Darle libertad en decisiones, pero sin
ordenar a Hacienda que deje de exaccionar. Erradicar la corrupción;
ojalá, pues tiene casos cercanos pendientes. Inserta la necesidad de
ir ya a explotar en aguas profundas, aunque reconoce que hay que
aprovechar hasta la última gota de los recursos que tenemos en aguas
someras y en tierra firme.
Afirma que “es indispensable darle a Pemex un mayor margen de
maniobra para contratar, diseñar y utilizar de manera rentable y
eficiente tecnología de punta… sólo así podrá cumplir con su
misión”, propósito que precisa con su lamento por la incapacidad de
Pemex “de explotar enormes riquezas existentes, en donde hasta ahora
no le ha sido posible acceder por sí solo, como es el caso de aguas
profundas”. Puede solo, cuando convenga.
Llamó el Presidente a un diálogo abierto sobre las alternativas, y
es lo que no ha hecho en este jugueteo con una reforma que apunta
pero oculta. ¿Confianza en los coordinadores “prisitas”?
Reyes Heroles interviene con más claridad privatizadora. Después de
innumerables quejas sobre la imposibilidad de manejar la empresa
como está (su papá sí pudo), sus disminuciones, ineficiencias
producto de la deliberada destrucción, culpa de todo a los modelos
de regulación y gestión obsoletos. Quiere flexibilidad “sin afectar
la rectoría del Estado”; olvida que no es rectoría sino control
directo. Fortalecer el Consejo de Administración, ¿con consejeros
independientes como los que privatizaron Petrobras?
Pide “que se permita a Pemex hacerse acompañar de otras empresas al
desarrollar diversas actividades, sin afectar la propiedad de la
nación sobre sus recursos, la soberanía energética o la rectoría del
Estado sobre el sector”. Las petroleras no acompañan, participan en
las reservas, desnacionalizan.
No es eficiente —dice— que el marco institucional exija que Pemex
realice solo, por sí mismo, prácticamente todas sus operaciones
críticas: exploración y producción de hidrocarburos, refinación,
procesamiento de gas, transporte, almacenamiento y distribución de
petrolíferos, sin flexibilidad para apoyarse en otras empresas
nacionales o extranjeras”. Aunque así operan integradas las
principales petroleras del mundo.
Propone que el mercado de valores ejerza una mayor vigilancia sobre
el desempeño de Pemex. ¿Se referirá al mercado de valores de Nueva
York?, dado que ponen de ejemplo a Petrobras como “empresa
nacional”, siendo que 60% de su capital está en la bolsa de Nueva
York, que ejerce una severa vigilancia sobre la empresa. La
“solución mexicana” de Reyes se hace con extranjeros, brillante.
mbartlett_diaz@hotmail.com
Ex secretario de Estado