A 70 años de la expropiación petrolera
Discursos, palabras y realidad
Fuente:
UNTCIP.net
(24/03/2008)
• Julio Pimentel Ramírez
"Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y
son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero
están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht
(II)
Este pensamiento es perfectamente aplicable a un periodista de la
talla de Mario Renato Menéndez Rodríguez, quien con errores y
aciertos, más estos últimos que los primeros, siempre con pasión, ha
mostrado a lo largo de su existencia congruencia entre el pensar, el
decir y el hacer. Los medios de comunicación dirigidos por Mario
Renato, incluido el POR ESTO!, Diario de la Dignidad, Identidad y
Soberanía, que cumple su 17 Aniversario este 21 de marzo, son un
referente imprescindible para comprender la historia y la realidad
de Yucatán, de México y de América Latina durante el último medio
siglo.
Después de este breve y modesto reconocimiento al Director General
de POR ESTO!, con quien hemos compartido espacios de lucha social y
compromiso durante más de treinta años, entramos al tema que hoy nos
ocupa y que es el de la discusión planteada en torno al destino de
los recursos energéticos de la nación. Este 18 de marzo, en los
actos realizados para conmemorar la Expropiación Petrolera, más allá
de palabras, discursos y la parafernalia que los rodeó, se hizo
patente que se enfrentan en esencia dos proyectos distintos de
nación o al menos de concebir el desarrollo económico de México.
En el evento oficial, realizado por el gobierno ilegítimo de México,
se conservaron las tradiciones del viejo PRI adicionadas con las
visiones panistas: se escogió un lugar apartado, reforzado por un
fuerte dispositivo de seguridad a cargo del Estado Mayor
Presidencial y la policía del gobierno priísta de Tabasco, para
evitar “empañar” el acto con incómodas protestas populares; los
corruptos dirigentes sindicales charros, representados por Carlos
Romero Deschamps, uno de los implicados en el tristemente famoso
“Pemex Gate”, arroparon al “señor presidente” y amenazaron a quienes
osen enfrentar sus designios.
Al mismo tiempo Felipe Calderón se disfrazó para la ocasión: cuando
está con el Ejército se enfunda en camuflaje de soldado, al lado de
los petroleros se mimetiza de obrero. En ambos casos el engaño es
fácilmente descubierto al escuchar su discurso que busca encubrir
sus verdaderas intenciones. Si de seguridad se trata, el objetivo de
la administración panista es el del uso de la “mano dura” en contra
no tanto del crimen organizado sino de los movimientos sociales que
exijan justicia y cumplimiento a sus demandas.
En lo que corresponde a la llamada reforma energética, Calderón echó
mano de la desgastada y falsa retórica nacionalista de otros
tiempos, elude el debate, no pone sobre la mesa de la discusión su
proyecto aunque al esbozar el diagnóstico sobre los graves problemas
de PEMEX insinúa que son necesarias las alianzas estratégicas con
grandes empresas, uno de los eufemismos utilizados para llamar a la
privatización del sector petrolero.
Al tiempo que el inquilino de Los Pinos dice que no privatizará la
paraestatal, su empleado en la dirección de PEMEX, Jesús Reyes
Heroles, expresa que para extraer el “tesoro” de las aguas profundas
del Golfo es imprescindible recurrir a las transnacionales que
cuentan con el capital, la tecnología y el conocimiento para
hacerlo. A los tecnócratas y neoliberales les urge compartir la
renta petrolera con las nada bondadosas “siete hermanas” (en
realidad el abanico se ha abierto a un mayor número de empresas)
dedicadas al lucrativo y estratégico negocio de explorar, extraer,
distribuir y transformar el llamado oro negro.
En tanto Andrés Manuel López Obrador, ante miles de personas
congregadas en el zócalo capitalino, anunció la aplicación de un
plan de resistencia civil pacífica que iniciará el próximo martes 25
si ese día se presenta una iniciativa de reforma energética. La
movilización incluye imponer “cercos ciudadanos” encabezados por
mujeres, en aeropuertos, carreteras, instalaciones estratégicas de
Petróleos Mexicanos y en las dos cámaras del Congreso de la Unión, e
incluso un paro nacional patriótico.
El Presidente Legítimo de México convocó a la ciudadanía a
participar en todas las movilizaciones que sean necesarias hasta
conjurar la amenaza de privatización de la industria petrolera e
impedir la consumación de esta desastrosa felonía.