Notas periodísticas

Mayo 2005

Las razones de Romero Ramos

( Raúl Trejo Delarbre )

Ayer, mientras se extendían la estupefacción y el disgusto ante las multas que la Secretaría de la Función Pública impuso a cinco ex funcionarios, el titular de esa dependencia, Eduardo Romero Ramos, ofrecía su versión de tales sanciones.

A los cuestionamientos sobre las implicaciones de las multas, que empeoran la relación del gobierno con el PRI, Romero advierte que cualquier acción de la Secretaría que encabeza “siempre encontrará un escenario político”. Sin embargo, insiste en que no hubo intención política en la decisión para establecer sanciones que en el caso del ex director de Petróleos Mexicanos, Rogelio Montemayor, ascienden a más de mil 421 millones de pesos.

“A lo mejor es inoportuno”, reconoce el secretario. “Entiendo que estos hechos tengan una significación política”. Pero explica que la SFP estaba obligada a emitir una resolución porque, de acuerdo con un criterio de la Suprema Corte, los expedientes prescriben a los tres años de haberse iniciado. Las denuncias contra los ex funcionarios de Pemex quedaron abiertas en abril de 2002 y el plazo que tenía la Función Pública terminaba a fines del mes pasado.

Por eso la resolución fue emitida el 29 de abril. Sin embargo, sí hubo una consideración política acerca del momento en que se dio a conocer. Romero se tomó varios días porque no quería anunciar esas multas en una fecha cercana al 1 de mayo, para que no se entendiera como un ataque al sindicato de Pemex.

El secretario Eduardo Romero Ramos se comunicó ayer con el autor de esta columna para dar su versión sobre las sanciones que aquí calificamos como resultado de una venganza política o de una torpeza jurídica.

“Si hay torpeza, ella se origina en la exigencia de término legal”, considera el secretario.

Pero también en el plano jurídico, dice, los jueces penales que han conocido de ese asunto ratificaron la existencia de un delito —que habría sido cometido por Montemayor y otros ex funcionarios—. “El auto de formal prisión da por comprobado el delito de peculado. Si lo está para los jueces, ¿por qué no lo va a estar para la Secretaría de la Función Pública?”

Para Romero, las prestaciones en virtud de las cuales Pemex entregó en 2000 más de mil 400 millones de pesos al sindicato, en realidad no eran tales. Admite que esa transferencia de recursos ocurrió en cumplimiento de un convenio entre la empresa y el sindicato. Pero considera que “el hecho de que hubiera convenio no dispensaba ese ilícito”.
Allí se encuentra uno de los nudos del litigio. Montemayor ha insistido en que la entrega de ese dinero se sustentaba en acuerdos legales. La Secretaría de la Función Pública considera que allí hubo un delito. ¿Pudo haberlo si los ahora ex funcionarios de Pemex cumplieron con las normas? Ese ha sido uno de sus argumentos para defenderse.

Otro aspecto conflictivo es el monto de las sanciones. Romero dice que son muy altas porque así lo fue la cantidad que la SFP considera ilegalmente transferida al sindicato. Más aún, sostiene que la multa pudo haber sido equivalente al triple y no solamente al doble de los recursos en cuestión. Pero ahora hay quienes consideran que tales sanciones atentan contra el artículo 22 de la Constitución que prohíbe “la multa excesiva”.

Un tercer diferendo surge del acuerdo, suscrito en julio de 2004, que compromete a Pemex a entregarle 8 mil millones de pesos al sindicato. Romero dice que ese convenio aún está sujeto a revisión por parte de la SFP. Y hasta ahora, de ese monto “no se ha entregado un solo peso; los recursos de ese convenio no son para el sindicato, sino para apoyar a los trabajadores”. Más adelante aclara: “No niego que la empresa deba pagarle prestaciones al sindicato, pero tiene que haber total transparencia en la aplicación de esos recursos”.

Aquel convenio establece, además, que las transferencias que antes le entregó Pemex al sindicato —inclusive las de 2000— fueron legítimas. Al titular de la Función Pública le parece que tal declaración “simplemente no puede tener el efecto que se busca y que tontamente firmó el anterior director de Pemex”. Se refiere a Raúl Muñoz Leos, que renunció en noviembre pasado.

El secretario Romero manifiesta extrañeza ante la reacción que han suscitado las multas a ex funcionarios de Pemex. “La sociedad mexicana y los medios están siendo tan exigentes para que haya justicia y ahora que se tienen resultados hay quienes reclaman porque encuentran lecturas políticas para esa decisión. No estamos logrando construir una cultura de la legalidad”.

Pero esas reacciones no son gratuitas. Recientemente el gobierno federal ha sido el primero en mezclar las diferencias políticas con la aplicación de la ley. Con tales actitudes no puede esperarse que en la sociedad mexicana prosperen el respeto ni el reconocimiento al orden jurídico.