Notas periodísticas

Mayo 2005

Petroquímica, el gigante dormido

¿Hasta cuándo seguirá la confusión acerca del marco institucional que norma la petroquímica? Hoy, la frontera entre los básicos y secundarios es artificial y sólo existe en México.

por Jesús Reyes-Heroles G. G.

México ha desperdiciado oportunidades en la industria petroquímica por casi un cuarto de siglo. En este periodo, el país pasó de exportador a importador neto de petroquímicos, ya que las compras en el extranjero aumentaron de $708 millones de dólares en 1994 a $2,705 millones de dólares en 2003. El lamentable desenvolvimiento de esa industria responde a condiciones de mercado y, sobre todo, a factores institucionales.

Este tema ha adquirido relevancia durante los últimos meses debido a las modificaciones de los estatutos del PRI en su 19 Asamblea Nacional, y a los planteamientos de Cuauhtémoc Cárdenas en su propuesta Energía para el desarrollo. Los nuevos estatutos abrieron la puerta para un debate sin ambages sobre el sector energía en el PRI, permitiendo a sus congresistas, eventualmente, negociar reformas al marco legal vigente, por demás restrictivo para inversiones de los particulares. El documento de Cárdenas, líder moral del PRD., señala que “la producción petroquímica... debe volver a ser... uno de los ejes... de la política industrial del país... Pemex por su parte, deberá establecer acuerdos de largo plazo para el abasto de insumos y fórmulas de precios que fomenten la inversión privada...”. Este planteamiento fue erróneamente interpretado como una propuesta de abrir el sector energético a la inversión privada.

Existe confusión acerca del marco institucional que norma la petroquímica. A partir de la reforma de la ley en noviembre de 1996, quedaron definidos los petroquímicos ‘básicos’, cuya producción está reservada a Pemex, conforme lo establecido en la Constitución. La reforma dio certidumbre para que, salvo esos productos, el resto de los petroquímicos (la mayoría) sean producidos por particulares, nacionales o extranjeros, aportando hasta 100% del capital de las empresas. El asunto por resolver es cómo definir los precios de los petroquímicos reservados para Pemex, ya que la frontera entre básicos y secundarios es artificial y sólo existe en México. En otros países las empresas petroquímicas privadas no enfrentan límites a su integración vertical, pues pueden producir ambos. En la medida que Pemex es el único oferente de petroquímicos ‘básicos’ para los particulares que elaboren secundarios, debe cotizar los precios correspondientes. Para algunos de esos productos esa definición enfrenta una barrera hasta ahora infranqueable, pues el mismo hidrocarburo, digamos etano o naftas, puede utilizarse como combustible o insumo petroquímico. Sin embargo, su precio como combustible supera el que las empresas petroquímicas pueden pagar en esa etapa de la cadena industrial. Hasta ahora ni Pemex, ni la Secretaría de Energía, ni Hacienda, han encontrado la manera de suministrar ciertos petroquímicos básicos, en especial el etano, a los particulares interesados, ya que en los hechos la normatividad no permite suscribir contratos de suministro a largo plazo con precios competitivos.