Notas periodísticas

Mayo 2005

Rogelio Hernández Rodríguez

19 de mayo de 2005


El nuevo enemigo   

NO deja de sorprender la habilidad del gobierno de Fox para crear problemas políticos y, sobre todo, para crearlos con fines electorales. Durante casi un año mantuvo un conflicto con el jefe de Gobierno que, a pesar de la insistencia en la ley, no logró ocultar sus intenciones de impedirle participar en los comicios presidenciales.

No fue sino hasta que el problema rebasó su limitada capacidad de control que el Presidente decidió, con la misma soltura y falta de cuidado, terminar con el proceso sin importar cuánto daño resintiera no sólo la política sino la misma idea de legalidad.

Cualquier otro habría entendido la lección y en lugar de provocar pleitos con sus adversarios habría dedicado los últimos años de su mandato a desarrollar un gobierno mínimamente responsable pero, como es claro, no es el caso de Fox. A unos cuantos días de haber pasado por encima de la ley en el caso del desafuero y cuando todavía no pasaban las críticas por su inconsistencia, el gobierno ha encontrado un nuevo enemigo político para sustituir al PRD y a López Obrador. Con la misma facilidad que insistió en la violación a la ley en el caso del tabasqueño, ha revivido el escándalo de Pemex y el sindicato de petroleros con el PRI y la campaña del 2000, no para castigar otro delito sino para desprestigiar a un partido ante las próximas elecciones presidenciales.

De nueva cuenta el Presidente emplea la ley para tratar de deshacerse de un incómodo competidor que amenaza no sólo a su débil candidato sino que puede convertir a Fox en el único personaje en el mundo que logró sacar del poder a un partido autoritario solamente para devolverlo por su incapacidad para gobernar.

Como en el caso de López Obrador, el de Rogelio Montemayor y el PRI solamente le ha provocado a Fox descalabros legales que debilitan su posición y, lo más grave, crea enconos políticos que no puede controlar.

El enredo legal del proceso en contra del ex director de la paraestatal es de tal tamaño que ha tenido que recurrir a la contraloría de su propio gobierno, como lo es la Secretaría de la Función Pública, para decretar una violación puramente administrativa pues la PGR, al igual que con el desafuero, no ha logrado probar los delitos electorales. Fue por eso que el largo trámite ante los tribunales estadounidenses terminó con una extradición que no contempla ese cargo y que mantiene a Montemayor en libertad.

Aunque ahora ha revivido la acusación, la PGR sabe que tiene muy pocas posibilidades de conseguir que los jueces de Estados Unidos la acepten, por lo que la sanción se reducirá a una millonaria multa para resarcir una falta que, por si fuera poco, la propia paraestatal ha reconocido fue pagada por el sindicato meses atrás. Por si no fueran suficientes errores, resulta que los propios argumentos de la secretaría en contra del sindicato y de Montemayor pueden aplicarse casi por completo a las decisiones tomadas por el primer director de la paraestatal en el gobierno de Fox, Muñoz Leos, que en la práctica significaron importantes recursos para el sindicato.

Puede ser que, como ha sido una costumbre en este sexenio, el Presidente se deje llevar por falsas promesas de sus colaboradores, pero un proceso tan cargado de fallas solamente puede explicarse por razones políticas. Más allá de que las acusaciones terminen en otro fracaso legal, lo importante es que le permitirá al Presidente tener al PRI bajo la crítica de los medios y en un constante desprestigio público, bajo la idea clara de acabar con un contrincante y favorecer a su debilitado partido y su muy probable candidato, Santiago Creel.

La actuación presidencial responde a la desesperación por la sensible caída del panismo y sus cada vez más limitadas posibilidades de repetir el triunfo en los siguientes comicios. De acuerdo con las tendencias y resultados electorales, la posición del PRI era la más consistente en el país y le daba grandes posibilidades de recuperar la Presidencia, a pesar de las serias divergencias internas en torno de su candidato.

Fue la torpeza del desafuero en contra de López Obrador lo que ha cambiado esta perspectiva, pues no sólo el jefe de Gobierno del DF ha fortalecido su posición sino que el PRI ha perdido su ventaja al involucrarse en un pleito ajeno que además ni siquiera cumplió los fines de sus promotores.

A pesar de ello, el temor se ha acrecentado en Fox y el PAN porque sus candidatos no crecen y Creel, lejos de mejorar su imagen, ha descendido apresuradamente. Ante la certidumbre de perder la Presidencia, Fox ha decidido emprender una nueva aventura política, ahora en contra del PRI, aun cuando ello signifique, como lo ha declarado abiertamente el presidente del PAN, Manuel Espino, darle el triunfo al PRD.

En política, es obvio, nadie puede llamarse a engaño y menos sorprenderse porque se utilicen todos los recursos a la mano para impedir el triunfo del adversario. Sólo que en este caso Fox no actúa en contra del PRI para que gane su partido sino con el único fin de no dañar su imagen de demócrata y de eficaz político. Para él y sus asesores resulta más importante pasar a la historia como el que desplazó al PRI que como el inexperto que le permitió legítimamente regresar.

El único problema es que de nuevo parece estar dispuesto a echar mano arbitrariamente de la ley y la justicia para formalmente justificar una persecución que sabe en el fondo que no prosperará.

El costo de esta nueva aventura es posible calcularlo si, como ocurrió en el pasado reciente, estará dispuesto a involucrar a cualquier institución además de la ley con tal de destruir a su enemigo.

No se tendrá que esperar demasiado para comprobar que si Rogelio Montemayor, Pemex y el sindicato no son suficientes para atacar al PRI, el gobierno de Vicente Fox recurrirá a cualquier otro expediente (1968, por ejemplo) para lograr el propósito.

No importa si en el camino las instituciones, incluida la misma democracia, terminan lastimadas.

Investigador de El Colegio de México