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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Lo que “analistas” y
empresarios ocultan
La “crisis energética”
argentina
Ricardo Andrés De Dicco
IDICSO
No resulta difícil identificar las prácticas extorsivas del
oligopolio energético a la hora de presionar al gobierno de turno
para que nuevamente aumenten los precios de combustibles y las
tarifas de gas y electricidad (en un contexto donde los marcos
regulatorios y la Ley de Emergencia Económica prohíben tales
incrementos): interrupción de combustibles y apagones de luz;
argumentando, la nueva élite del poder a través de sus “analistas”
contratados, que el origen radica en problemas estructurales, los
cuales “serían” solucionados si se llevan a cabo tales aumentos… ¿y
los aumentos tarifarios y de combustibles de la década del ’90
(violatorios del Régimen de Convertibilidad y de los marcos
regulatorios) no generaron la renta necesaria para evitar problemas
futuros en la capacidad de transporte de energía eléctrica y de gas
natural? Sí, durante dicho período las empresas privadas del sector
internalizaron una renta extraordinaria que en ningún momento se
invirtió para ampliar las redes troncales de gasoductos y de alta
tensión de energía eléctrica que satisfacen las necesidades
energéticas del país. Tampoco realizaron inversiones de capital de
riesgo para descubrir nuevos yacimientos de petróleo y gas natural a
fin de extender el horizonte de vida de las reservas. Con las
privatizaciones se beneficiaron de la tecnología, infraestructura y
nivel de reservas hidrocarburíferas que el Estado les había
entregado, y no invirtieron un centavo para desarrollarlas. Ni
hablar de la nula planificación, control y regulación por parte del
Estado nacional desde el inicio de las reformas estructurales
signadas Menem.
Por el contrario, el oligopolio energético transfirió la mayor parte
de la fenomenal masa de ganancias -obtenida ilícitamente del
bolsillo de los trabajadores argentinos- al exterior, y el resto la
“invirtió” en la construcción de 10 gasoductos que tienen como único
destino la satisfacción de mercados extranjeros; exportación que,
vale decir, no es controlada por el Estado y menos aun por las
Provincias productoras, ya que se “acepta” la declaración jurada de
los agentes exportadores. Cabe señalar, además, que la exportación
de hidrocarburos y derivados (equivalente a U$S 5.500 millones en
2004, según Secretaría de Energía de la Nación) no aportaría un sólo
centavo al fisco si no fuera por las retenciones que fueron
aplicadas a partir del año pasado. Por otra parte, y como fuera
denunciado por el MORENO y el IDICSO innumerables veces, las
exportaciones de estos recursos naturales no renovables están
prohibidas por la Ley de Hidrocarburos y por el Marco Regulatorio
del Gas, ya que el mercado interno no se encuentra plenamente
abastecido (a modo ilustrativo, más de 13,5 millones de ciudadanos
carecen de provisión de gas por redes, según INDEC, para 2001;
estimaciones del IDICSO y del MORENO ascienden la cifra a 15
millones para principios de 2005).
Los “analistas” (ex secretarios de Energía) operan “ideológicamente”
(por una cuestión de “negocios”, por cierto), contribuyen a la
desinformación y no aportan datos empíricos en ninguno de sus
“diagnósticos” y “proyecciones”. Pues, ninguno de ellos advierte que
el gas natural y el petróleo cubren el 90% de las necesidades
energéticas del país (energía eléctrica, calefacción, combustible
para el automotor, insumos para la industria en general y
petroquímica en particular, etc.) y que las reservas comprobadas de
ambos hidrocarburos estarán agotadas al promediar el próximo
quinquenio, de continuar las ilícitas exportaciones, el consumo
propio no fiscalizado de los productores, el venteo excesivo de gas
y la nula exploración, así como también el crecimiento de la demanda
interna en un contexto de nula diversificación del riesgo de
seguridad energética.
Más allá de ello, si el gobierno es consciente de la verdadera
crisis estructural que Argentina experimentará al comienzo de la
década entrante (colapso energético e importación total de energía),
debería aplicar a raja tabla la Ley de Hidrocarburos, con lo cual
caerían casi todas las concesiones para la explotación de
hidrocarburos; de ser así, pasarían bajo la órbita de la esfera
pública, y esto significaría recuperar la renta hidrocarburífera
(equivalente a U$S 12.000 millones anuales), que, de ser gestionada
correctamente por el Estado, financiaría el desarrollo de fuentes de
energía primaria alternativas a los hidrocarburos, recursos
naturales no renovables.
Pero resulta que los tiempos de planificación no son muy bondadosos.
La puesta en marcha de una central hidroeléctrica y de una central
nuclear demora 12 y 4 años, respectivamente, y los yacimientos
hidrocarburíferos estarán agotados antes de 2015. Y para reemplazar
la mayoría de las centrales térmicas se deberían cumplimentar los
proyectos hidroeléctricos Garabí y Corpus Christi, más la
construcción de al menos 7 centrales nucleares de 1325 MW de
potencia neta cada una. También se necesitarían varias docenas de
reactores nucleares compactos para producir hidrógeno (que
reemplazarían en gran proporción a las gasolinas y gasóleos) y
desarrollar la industria carboquímica. Pero, para una implementar
este tipo de planificación energética se requiere urgentemente la
recuperación de la renta pertinente.
La ecuación es sencilla: energía abundante y barata para encaminar
al país en un acelerado proceso de reindustrialización y avance
científico-técnico autónomo en un contexto de integración
energético-industrial-tecnológica sudamericana.
Señor Presidente de la Nación, ésta es la última oportunidad que
Argentina tiene para salir del subdesarrollo insostenible. La
“renegociación de los contratos de servicios públicos” (que
únicamente pretende incrementar las tarifas), los “incentivos para
inversiones de riesgo” (para que las petroleras que saquearon
nuestro subsuelo "exploren") y la nula capacidad de planificación y
regulación de la cadena energética que tiene su gobierno, están
consolidando el modelo energético neoliberal que Usted tanto
“repudia” y “critica”. El destino de la Patria está en sus manos.
Ejerza el poder del Pueblo, con el Pueblo y para el Pueblo
Argentino.
* Investigador del Área de Recursos Energéticos y Planificación para
el Desarrollo del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO)
de la Universidad del Salvador; del Instituto de Energía e
Infraestructura de la Fundación Arturo Íllia (FAI); y; del
Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora
(MORENO). Mayo de 2005. E-mail: idicso@yahoo.com.ar. Internet: http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/energia/energia.htm

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