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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Los estragos de la desigualdad
Fuente: yucatan.com.mx
(19/06/06)
Tres temas
Roger Aguilar Salazar
En el contexto de desigualdad social disolvente y desmoralizante,
ocurre el derrame de 600,000 litros de gasolina en Progreso, el
Congreso de Yucatán decide reformas electorales y tamizadas por un
grupo autonombrado Sociedad en Movimiento conocemos las palabras de
los candidatos de dos partidos respecto del financiamiento público.
¿Qué relación hay entre esos temas y los de la desigualdad
existente? De eso trataremos de inmediato: Los vecinos de la calle
por donde pasan los tubos dañados saben que sus vidas peligran, pero
se resignan a su suerte pues “están cansados de protestar y (de) que
no les hagan caso las autoridades”. Fueron ignorados cuando se
instaló la cañería, cuando el derrame de 1987 y ahora pese a ser
parte de la problemática, porque los que gobiernan están imbuidos de
la idea autoritaria de que el tema es de su exclusiva incumbencia y
de los expertos a su servicio, y creen que los afectados mejor
ayudan cuando no estorban.
La asimetría de atribuciones de expertos y funcionarios, y los
resignados vecinos, amenazados permanentes por el deterioro de las
instalaciones de Pemex, es posible a causa de que los ciudadanos
actuamos enajenados de los problemas de los otros ciudadanos, como
si fuéramos habitantes de compartimientos estancos y como si los
problemas de algunos no fueran de todos y la desigualdad política no
igualara a los sin voz ni velas en esos entierros.
La división social es causa y consecuencia de las desigualdades que
nos imponen sistema y régimen imperantes, y nos ilustra acerca de
los mecanismos de dominación que anulan cuanto intento de
democratización política y de justicia social se propongan.
Por ejemplo, a muchos de los que atestan con sus vehículos las
calles gastando gasolina en exceso y contaminando el ambiente, los
muertos y heridos por estallidos e incendios, los pescadores
arruinados por la extinción de especies y los campesinos cuyas
fértiles tierras —que hoy podrían alimentar a millones— pudrió el
petróleo, pueden no importarles esas desgracias si están más
preocupados en que en las gasolineras no falte el ansiado gas. A
sectores sociales como ese se dirigen las calumnias que atribuyen al
candidato que todos sabemos la “quema” de campos petroleros sólo
porque es “violento” y, según eso, porque ha de gozar atemorizando a
los endrogados por la mercadotecnia.
(Pemex no puede mantener en condiciones mínimas de seguridad sus
instalaciones y ductos, pese a ser una de las empresas más rentables
del mundo, porque está sometido a una explotación depredadora, a un
régimen fiscal confiscatorio, al desmantelamiento de sus cadenas
productivas y al inmenso endeudamiento durante el actual gobierno
—que paradójicamente es el que ha gozado de los mayores ingresos en
la historia del país gracias a los altos precios del petróleo— que
lo tiene técnicamente en quiebra: sus pasivos ya son mayores que sus
activos).
22 diputados locales aprobaron reformas electorales que sólo ellos y
algunos cercanos a ellos conocen. Quizás contengan avances
sustanciales, ¿cómo negar lo que ignoramos?, pero en lo que toca al
Instituto Electoral y en mover, otra vez, las fechas de las
elecciones estatales, hay una clara incongruencia: el cambio de
fechas se deja para 2012 para no darle efecto retroactivo en
perjuicio de persona alguna, lo que no se cuidó con tal de destituir
al Consejo Electoral en funciones. En fin, salvo algunos, la mayoría
de los ciudadanos, incluidos los organizados, fue ignorada en el
procesamiento de esos cambios, como los vecinos de Progreso por el
gasoducto.
Por último, dicen que los candidatos del PAN y de la Alianza por
México están a favor de la reducción del financiamiento público de
los partidos, como si sus palabras bastaran para ocultar el
desvergonzado como ostensible despilfarro de recursos que esos
aspirantes a senadores realizan para atosigarnos con sus fingidas
sonrisas y sus ambiguos lemas de campaña de doble sentido (“Para que
vivamos mejor”, “Por el Yucatán que merecemos”, ¿ellos o nosotros?).
Los encumbrados por la desigualdad no confían en nosotros. En
reciprocidad, tampoco confiamos en ellos. No creemos que estén a
favor de reducir el gasto público electoral porque no dicen nada de
recibir a trasmano y al margen de la ley. Empero, no debemos
resignarnos a ser ignorados porque eternizamos desigualdad y
división social de las que todos ellos medran.— Mérida, Yucatán.

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